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El mundo no se acaba el blog de Lino González Veiguela


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23 de septiembre, 2012

De gusanos y gallinas

 

─¿Recuerdas cuándo fue la última vez que pagaste el IVA por una reparación del coche o por una obra en casa?

─Si me lo permites, te diré que esa pregunta me parece un tanto demagógica…

─¿Y por los servicios de un abogado?

─Por mucho que insistas… Vamos a ver: si los ciudadanos –y me incluyo- sintiesen que el dinero que pagan mediante impuestos está bien utilizado, no habría tanto fraude. Además, vuelvo a repetir, no puedes comparar el fraude de un ciudadano que no paga el IVA por el trabajo de un fontanero con el fraude sistemático y masivo llevado a cabo por las empresas y los bancos sirviéndose, pro ejemplo, de la triangulación fiscal.

─Nadie está comparando. Sólo digo que cada céntimo cuenta. ¿No es relevante, acaso, que la cultura fiscal del ciudadano medio consista en tratar de ahorrarse el IVA en todas las transacciones posibles?

─Y los autónomos, ¿qué me dices de los autónomos?

─Lo mismo. Toda transacción es un acuerdo entre cliente y proveedor de productos o servicios: dos no evaden si uno quiere.

─¿Y no crees que los ciudadanos cumplirían mucho más con sus obligaciones fiscales si estuviesen seguros de que el dinero público se va a gestionar bien?

─Sí, indudablemente. Ambas cosas están relacionadas.

─¿Entonces?

─¿Entonces?

─…

─…

 

Recapitulando:

 

1) Tertulia matutina: Etc.

2)  Hora de la siesta post-infomativos (antigua hora post-parte franquista): ¿Qué fue antes América o Colón? ¿El salmón o los noruegos?

3) Tertulia vespertina: Etc.

 

Las conversaciones terminan desembocando en callejones sin salida argumental. El bla, bla, bla constante y tertuliano, que trata de hilar discursos consistentes, apenas logra elevarse por encima de las impresiones vulgares y masificadas de un turista dialéctico. Opiniones espesas y ampliamente extendidas, como un vertido de petróleo, representando una y otra vez su tozudo fracaso a la hora de avanzar: lo que se extiende, mayoritario, no siempre avanza; lo que avanza, minoritario, no siempre se extiende.

 

¿Y el futuro? ¿Un coche de choque sin piloto que todos temen y al que nadie puede dejar de mirar?

 

Los responsables están claros: los ciudadanos –poco dispuestos al compromiso: por ejemplo, al magnicidio… electoral- y los políticos que gestionan sus intereses en su nombre. Pero la atribución de culpas es una labor complicada. La delimitación, el establecimiento de fronteras entre el nosotros y el ellos.

 

¿Las sensaciones que nos invaden desde el Caballo de Troya de nuestra conciencia fatigada? Algo parecido a la condena de Sísifo (versión de la Academia). Algo parecido a la persecución de un cochinillo embadurnado en grasa llevada a cabo por economistas y sociólogos colocados con una combinación de ácido lisérgico y anfetaminas (versión de la romería popular).

 

La escisión psicótica entre quiénes creemos ser –y quiénes creen ser los otros- como sujetos sociales y quiénes somos –y quiénes son ellos- en realidad. Nada nuevo, pero algo nunca resuelto. La escritora Dubravka Ugrešić nos recuerda en uno de sus artículos que gracias al folclore croata tal vez podamos comprender. O al menos vernos reflejados.

 

Va una gallina y se encuentra con un gusano.


─Hola, gran águila la saluda el gusano

─Hola, rey de las serpientes le devuelve el saludo la gallina.

 

¡Peste y carestía!, gritaba un personaje de Italo Calvino. Sea.

 

 

 

 

 

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