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Vista aérea (continuación)

Por Ernesto Pérez Zúñiga

Es tan fácil para el diablo bajar del cielo, posarse en el alféizar de cada ventana y mirar la acción de permanecer sentados:

ante la televisión, una hora tras otra de prédica,

diversión, consumo,

información, obediencia,

exclamaciones de pavor, preocupación, entusiasmo,

en íntimo diálogo con las imágenes que viajan por las neuronas a todo trapo, obedientes a su creador;

 

así noche tras noche, desde el alféizar de la ventana; 

 

es tan fácil que, después, cuando remonta el vuelo y contempla la plaza de Cibeles y otras explanadas repletas de acólitos, de súbditos, de fieles manifestados,

piensa el diablo:

vienen del espectáculo íntimo, por fin, a claudicar, a servir en un espectáculo compartido. 

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