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Cosas de niños el blog de Linda Ontiveros


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20 de abril, 2010

Se busca niñera

L y D van a salir para desconectar de la rutina. S no ha nacido y M tiene un año. Se queda al cuidado de V y J, una pareja de amigos con los que la familia tiene mucha confianza. A la vuelta de la escapada, el matrimonio encuentra a V con cara de alarma: cuando los padres salieron, M estaba en su cuna, lista para dormir. Pero al escuchar la puerta cerrarse, comenzó a llorar sin lágrimas y a hacer gestos con sus manitos para que V la sacara de la cuna. J le dijo que no cediera porque ya la niña tenía una rutina y que intentaba manipularles. Pero V sucumbió y la cargó en brazos. M pasó de la tristeza a la felicidad en un segundo. Pero en cada intento de volver a ponerla en su cama, el llanto se hacía más fuerte. Y así hasta que llegan los padres. 

 

A pesar de la experiencia J y V volvieron a ofrecerse para cuidar a M. Y lo han hecho varias veces. Pero no se debe abusar de la confianza de los amigos. La familia necesitaba contar con una canguro, una babysitter, una niñera o como quiera llamarse a esa persona imprescindible en la vida de una pareja.  

 

Así que comenzaron con la búsqueda. L, como buena madre primeriza, optó por buscar en Internet y encontró una página en la que cientos de personas se ofrecían como canguros. Mientras navegaba por el site se iba estresando más y más. Miles de dudas rondaban en su mente. D descartó por completo la idea y le dijo que para él lo mejor era hablar con los amigos que tuvieran niños y pedirles que les recomendaran a alguien. L estuvo de acuerdo y en cada conversación que tenía con sus allegados sacaba el tema. Hubo un par de chicas que cuidaron a M. Pero L no quiso que repitieran. Afortunadamente por razones mínimas, pequeños detalles que no gustaron del todo a L y que no afectaron a la niña.

 

Sin embargo, D tuvo más suerte y consiguió que una pareja de amigos le dieran los datos de su niñera. Pactaron que, cuando los amigos la necesitaran, D la cedería aunque la hubiera contactado antes. Nunca se debe quitar la niñera a quien te la ha recomendado. L contactó con I, 22 años y estudiante de filología inglesa de la Universidad Complutense. Con ella quedaron un día para que cuidara a M un par de horas. Cuando I llegó al piso de la familia L y D quedaron un poco sorprendidos. Lucía unas mallas negras rotas en lugares estratégicos, parte de su cabeza estaba rapada y tenía mechones del cabello de color violeta, para completar su look trasgresor, al hablar se divisaba un piercing en la lengua. D ya le había comentado a L de cómo era la niñera porque sus amigos se lo habían advertido: tocaba en una banda de punk.

 

Tras dejar a la niña preparada para dormir en la cama, L y D dieron las instrucciones necesarias durante su ausencia y se marcharon. L llamaba a I cada media hora para cerciorarse de que todo estuviera bien. 

 

A la vuelta, M dormía. La niñera, instalada frente al disco multimedia y la televisión, les hizo un reporte de cómo había estado la noche y se marchó en cuanto recibió su paga.  Al día siguiente, M fue interrogada por sus padres y la niña les contó la dinámica: juegos, libros y a dormir. I sigue como niñera de la familia. Ahora también cuida de S. 

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