101 cuentos. 018 Sergei y el sufrimiento

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Esa misma mañana, el Maestro aprovechó unas palabras del sutra del Diamante, para hacerles a los monjes esta reflexión sobre el sufrimiento:

– “El sufrimiento es el problema más importante de la humanidad. En todas sus formas: hambre, enfermedad, explotación y angustia. Se nos ha hecho creer que es consustancial al ser humano. De ahí han brotado todas las filosofías, las tradiciones religiosas y hasta la política, que nos promete seguridad a cambio de sumisión.
Y no es verdad. El dolor es algo positivo que nos anuncia un desequilibrio. Una vez descodificado, se elimina o se alivia por los medios adecuados. El dolor por el dolor no tiene mérito. Puede llegar a ser perverso.
El sufrimiento procede de la mente, y a ésta no podemos darle cuartel. Los maestros, sabios, sanadores, santos, o como quiera llamárseles, han abordado este tema para reconducirnos hacia nuestras auténticas raíces en busca de la identidad perdida.
No somos para el sufrimiento sino para la felicidad de sabernos nosotros mismos, y actuar con esa nueva inocencia. No podemos recuperar la inocencia perdida, pero siempre podemos crear una nueva inocencia”.
Sergei le había escuchado desde la puerta  a su regreso de los mandados en el pueblo y le pidió al anciano que se lo explicase mejor por medio de algún cuento.
– Son muchos los cuentos que abordan ese tema por el lado del humor, que es uno de los más eficaces – le respondió sin prestarle mucha atención porque percibía que el rapaz se iba a preocupar demasiado.
– ¡Maestro, tranquiliza mi mente! – pidió el discípulo Sergei que, a veces, no controlaba su pensamiento, y sufría.
– Coge tu mente y extiéndela ante mí, – le respondió con una amplia sonrisa.
– Ya lo he intentado, ¡Alma noble!, pero es que, cuando busco mi mente, no la encuentro.
– ¿Te has dado cuenta, Sergei? – le dijo alzándolo de su postración por los hombros y apretándoselos con fuerza -. ¡Ya la hemos tranquilizado!
– ¿Durará? – preguntó con sus ojos azules bañados por el viento de su estepa siberiana.
– Lo que tú quieras que dure porque es como luchar en un sueño – prosiguió el anciano mientras le indicaba los alcorques del jardín -. Estos no son un sueño, sino una de tus tareas. Mira – añadió mientras se alejaba de Sergei que ya tenía el azadón en la mano -, si un león te ataca durante un sueño, tú coges una lanza y acabas con él. La lanza del sueño es tan irreal como el león, pero es el instrumento adecuado. Cada crisis que se presente, tómala como una oportunidad espléndida de crecimiento.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M.

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