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Mientras tantoCuestiones de palabras

Cuestiones de palabras

La soledad del creyente   el blog de Stuart Park

«La fe viene por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios» —escribió Pablo (Romanos 10:17)—, y de este modo establece la estrecha relación entre la palabra hablada o escrita y la fe del oyente o lector. El asunto podría parecer muy simplista, pero Pablo insiste: «Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Ro. 10:8-9).

La fe cristiana surge a partir de las palabras, por lo que conviene preguntar en qué consisten estas, qué entidad intrínseca poseen, lo que hay en ellas, según la expresión de George Steiner en su libro Presencias reales (1989), al que puso este revelador subtítulo: ¿Hay algo en lo que decimos? Steiner se refiere a la entidad inherente en las palabras para comunicar significado estable frente a quienes proponen la inestabilidad del lenguaje humano para transmitir verdades objetivas.

La pregunta tiene especial relevancia para el lenguaje religioso, como constató el procónsul romano Galión al conocer las discusiones de Pablo con sus compatriotas judíos en Corinto. Concluyó que eran solo «cuestiones de palabras», sin relevancia para él:

«Y al comenzar Pablo a hablar, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh judíos, conforme a derecho yo os toleraría. Pero si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas. Y los echó del tribunal» (Hechos 18:14-16)

Cuestiones de palabras: la frase fue pronunciada por el procónsul cuando el apóstol fue acusado por los judíos de propagar una religión ilegal. En julio del año 51 DC., Lucio Junio Galión llegó a Corinto para tomar posesión de su cargo como procónsul de Acaya. Galión cuyo nombre original era Marco Anneo Novato pertenecía a una ilustre familia romana de origen español: era hijo de Marco Anneo Séneca, un distinguido profesor de retórica y hermano menor de Lucio Anneo Séneca, filósofo estoico y preceptor por aquel tiempo del futuro emperador Nerón.

Columnas Griegas

Al poco de la llegada de Galión a Corinto, algunos miembros de la comunidad judía local denunciaron a Pablo, pero sin éxito ya que para el procónsul las discusiones religiosas no le concernían en absoluto. Podemos simpatizar con la postura del bueno de Galión: pocas cosas hay más tediosas —aunque a veces de un acaloramiento extremo— que arcanas discusiones teológicas, pero el procónsul no pudo anticipar el alcance de aquellas discusiones en el seno del judaísmo ya que la predicación de Pablo iba a cambiar la faz del mundo antiguo, tanto romano como griego, con consecuencias imprevisibles para la Historia.

No nos extraña que Galión haya echado a los contrincantes teológicos de su corte, pero el asunto de las palabras le costaría la vida a Pablo en una cárcel romana, aunque no sin antes haber puesto la base de una nueva concepción del mundo. En un poema jocoso titulado ‘Viaje frustrado’ Jiménez Lozano trasladó las ideas de Pablo en el contexto actual:

Pablo escribió a los romanos
que pensaba ir a España,
y no consta que luego hiciera el viaje,
pero es cierto que ahora no sería aconsejable.
No era ciertamente muy moderno, e incluso
creía en la resurrección de los muertos.
Los españoles se sorprenderían bastante
de alguien tan antiguo
que sabía latín y griego.

En efecto, el momento cultural contemporáneo compartiría, sin duda, la reacción desdeñosa del procónsul Galión hace dos milenios, por lo que conviene reconsiderar en qué consiste la palabra de fe que anunciaba Pablo, y el estatus del logos que ancla el discurso humano, profundamente desestabilizado por la estrategia de la Deconstrucción.

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