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Mientras tantoLa crisis permanente y el desasosiego

La crisis permanente y el desasosiego

Estelas, cual cometas   el blog de Ricardo Tejada

Cuando justo después del periodo COVID escuchábamos declaraciones bienintencionadas en el sentido de que todos nos volveríamos más solidarios y tomaríamos verdadera conciencia de los problemas ecológicos de cara a una actuación colectiva diferente, nos mostrábamos escépticos, pero no dejábamos de confiar un poco en esos puntos de vista tan optimistas. El 24 de febrero de 2022 Rusia invadió Ucrania. Fue el primer mazazo. El segundo mazazo llegó con los atentados terroristas cometidos por Hamas en los territorios israelíes colindantes con Gaza y el inicio de lo que muchos sospechábamos como una guerra de aniquilación masiva de los gazatíes y que poco a poco se iría comprobando que eran crímenes de guerra, un urbicidio, una aniquilación del pasado y del patrimonio palestino y, por último, un verdadero genocidio. El tercer mazazo nos lo dio Trump y su reelección como presidente de los Estados Unidos. Su autoritarismo creciente, su iliberalismo, su destrucción sistemática de las libertades políticas y culturales, su defensa de la mentira y del poder omniabarcante del dinero, su “pragmatismo” cínico, han dejado en evidencia el tartufismo y la pusilanimidad de nuestros dirigentes europeos, dejándonos a muchos noqueados, absolutamente anonadados. Aquellos tiempos pre-covid se nos antojan, hoy en día, unos tiempos —no me atrevería a decir “felices”, de una manera provocativa— pero, desde luego, más sosegados que los tiempos actuales.

Por otro lado, aquellos que trabajamos en el campo de la educación, nos enfrentamos a una triple tenaza: la “proletarización” cultural de no pocos de nuestros estudiantes; la Inteligencia Artificial, en segundo lugar, en la que algunos pregoneros inteligentemente descerebrados confían para «dejar de aprender», “panacea” democratizadora para una futura masa de ignorantes al servicio de una minoría —de “selecta” nada— mundial, un nuevo feudalismo mundial, que no tiene ninguna vergüenza de ganar cantidades cada vez más astronómicas de dinero y, por último, unos gobiernos, europeos (no entro si es también el caso en América y en Asia), que desde hace años convergen en un ninguneo permanente de la enseñanza secundaria y sobre todo de la Universidad, ninguneo que se traduce en escasez cada vez mayor de plazas titulares, en salarios dignos, pero profundamente escasos o insuficientes, en acrecentamiento de tareas, de carga docente, de asignaturas, en una falta de reconocimiento social de nuestro oficio y en una desvirtuación de nuestras tareas más genuinas.

Para completar este panorama, en las redes sociales, uno se ve obligado a combatir permanentemente «argumentos» falaces, ideas tendenciosas o enteramente falsas. El populismo que falsifica el pasado se ha apoderado de muchos nacionalismos que en un pasado reciente o estaban domesticados o se situaban en una hibernación casi permanente desde hacía décadas. El desprecio a las minorías, menos minoritarias de lo que se pueda uno imaginar (los catalanes no nacionalistas fueron, recientemente, un buen ejemplo, pero también los indios musulmanes, los afroamericanos y los “latinos” en los Estados Unidos, o muchos otros colectivos repartidos en el mundo) es, hoy en día, moneda corriente. Los valores pacifistas y antimilitaristas son sistemáticamente denigrados como buenismo inútil e incluso perjudicial para un nuevo patriotismo de pandereta, eso sí presuntamente muy democrático y europeísta, en el que sueñan algunos. La campaña sutil, orquestada por sectores armamentistas de Europa, inducida por el tirón de orejas trumpiano, está calando. ¿Cuántas personas podríamos, hoy en día, en 2025, movilizar, por ejemplo, en Francia, en favor de una manifestación contra las armas nucleares y la escalada armamentística? Estamos muy lejos de la década de los 80…

Las declaraciones estúpidas o los tweets «mainstream», la voluntad de obviar toda matización, las polémicas estériles que nunca llegan al fondo de los problemas, el seguimiento borreguil, en dos clanes enfrentados, en torno a estas cuestiones, el populismo, en unos asumido, en otros camuflado, de no pocos dirigentes políticos, están erosionando gravemente la democracia y la creencia en sus instituciones, que no por ser claramente imperfectas tienen que ser despreciadas.

En definitiva, llevamos una buena temporada en que nos da, no diré miedo, pero sí mucha aprensión asomarnos a ese circo mediático-populista. Cunde el ruido y el desánimo. Necesitamos sosiego en nuestras vidas y el “mundo”, ese mundo o más bien costra mundanal que se nos ha ido pegando desde hace no más de dos décadas nos está pagando factura, cada vez más. ¿Qué seguidores de Twitter —perdón de X— no ha experimentado alguna vez la tentación de dejarlo?

Desprendimiento, eso es lo que necesitamos. Desprenderse de la costra mediático-política y comenzar a volver a ser nosotros mismos. No es exactamente chapuzándonos en nuestra intimidad, como pensaba Unamuno, a comienzos del siglo XX, como volveremos a nuestra verdad. Seguramente será para algunos algo muy necesario, pero es que el esfuerzo es aún mayor en nuestros días pues deberíamos primero, como fase previa, expulsar de nuestra vida todo lo que nos desasosiega, que de entrada proviene de dicha costra, aunque no sea ésta la única fuente del malestar.

Nos produce verdadero horror, hoy en día, la política, la mundial, la europea, la francesa, la española… Es, precisamente lo que afirmaba Orwell en la época de los totalitarismos y de los imperialismos, es lo que pensamos ahora en la época del extremismo populista y nacionalista, fascistoide en no pocas de sus manifestaciones, en la época de la delicuescencia de las izquierdas, magnetizadas por los nacionalismos periféricos y sus pretensiones cantonalistas, seducidas por tendencias “woke” de todo pelaje, olvidadizas de sus principios para mantenerse en el poder a toda costa, o por «nostalgias» de un pasado socio-liberal, sin fuste alguno. Eso no quita que Orwell siguiese creyendo profundamente en un socialismo democrático; eso no quita que unos pocos seres humanos de este castigado planeta Tierra sigamos creyendo en una visión ecologista, solidaria y justa de la humanidad. Que no nos abandone esta fe…

Le Mans, a 29 de diciembre de 2025

 

 

 

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