2012

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Leo en la Folha de São Paulo
una entrevista con la astróloga Susan Miller. Le preguntan por las
previsiones de fin del mundo en 2012 basadas en el calendario maya…

«En
el comienzo del año, el miedo de lo que puede suceder el día 21 de
diciembre de 2012, la fecha que marca el fin del calendario maya, puede
causar una innecesaria ansiedad. Científicos, filósofos, historiadores y
astrólogos sienten que 2012 será el fin de una vieja forma de pensar y
la entrada de una nueva y excitante era de iluminación.

El
solticio de invierno (en el hemisferio Norte) es importante porque está
localizado a 26 grados de Sagitario, que durante siglos fue considerado
el centro de nuestro universo en la Vía Láctea. En realidad, debido a
los equinocios, la Tierra entró por primera vez en esta zona crítica,
descrita por los mayas, en 1998, y la Tierra continuará por ese camino
hasta 2016. Algunos llaman a ese período «era 2012». Y muchos
‘expertos’ creen que veremos el comienzo de un inolvidable tiempo de entendimiento, muy especial para quien lo viva».

 

Hace tiempo que tengo la ‘era
2012’ en la cabeza. La sensación de que se viene un cambio de era. La
percepción de que los tiempos se han acelerado. Como si la locura de
este mundo al revés no diera más de sí. Como si la cuerda, de tanto
estirarse, estuviera por romperse y sólo cupiese pensar que es para ir
hacia mejor.

El capitalismo salvaje se
envuelve en contradicciones cada vez más irresolubles. La locura del
sistema lo precipita a su fin. El insoportable abismo entre la opulencia
y el hambre. La rebeldía frente a las guerras sin más motivo que la
necesidad de mantener en pie el lucrativo negocio de la muerte. El
planeta a punto de explotar que no nos permite ya más excesos. La
conciencia de la necesidad de un cambio radical como alternativa a la
autodestrucción.

La conciencia de las
mujeres a punto de despertar. La conciencia de los hombres que saben,
también, que ese adormecimiento de la feminidad no les beneficia en
absoluto. La conciencia de las guerreras y de los hombres que no temen a
las mujeres valientes.

Hemos pasado
tantos siglos absurdamente desconectados de la Naturaleza que le hicimos
ya un daño irreversible. Presiento un futuro no tan lejano en el que la
tierra, el aire y el agua serán menos generosos, pero el ser humano
habrá despertado su conciencia, habrá recuperado su sabiduría ancestral,
su intuición, y sabrá recobrar la armonía hace tanto tiempo perdida. El
fin del mundo tal y como lo conocemos; el comienzo de una nueva era.

El cambio está en marcha.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.