2016/02 — El artista monstruoso y la artista sorprendida

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"Hay de todo en la vertiente documental de la no-ficción, y por supuesto muchas obras, que de hecho tienen un corte más periodístico que literario, son de gran calado (Alexiévich, sin ir más lejos). Pero algunos pensamos que “la realidad”, que tendría que ir siempre entrecomillada, se descifra mejor a través de la ficción. Recuérdese que Montaigne, Cervantes, Kafka, lucharon contra cualquier forma de impostura en un épico combate de evidente acento paradójico, pues vivieron anegados hasta el cuello en el mundo de la ficción. Ese recuerdo convierte en aún más cargante el artificial descrédito actual de las tramas y vidas imaginarias". Enrique Vila-Matas, Dominio de la parte inventada

 

Lunes, 4 de enero

 

 

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La Cuesta Moyano está en peligro. Si los libreros piden auxilio mejor que les hagamos caso antes de que el mundo sepa que la cuesta de enero empieza en Atocha y acaba en la glorieta de la ignorancia. La Cuesta Moyano es el reducto de lo que debiera ser la calle de la Sabiduría. En la Cuesta Moyano, de espaldas al Ministerio de Agricultura, hay un surco fecundo donde crecen los libros y donde vamos los curiosos y hambrientos de letras a recoger los frutos de sementera que Madrid conserva como un granero al aire libre. El propio nombre de la senda de los libros, Claudio Moyano, promotor de la enseñanza pública gratuita, hace que sea más triste el declive de esta acera gloriosa. Esta cuesta soleada no debemos dejarla marchitar. San Isidro no nos lo perdonaría y don Claudio tampoco.— Ángel Alonso Prieto.

 

Carta al director en El País.

 

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Martes, 5 de enero

 

Hay de todo en la vertiente documental de la no-ficción, y por supuesto muchas obras, que de hecho tienen un corte más periodístico que literario, son de gran calado (Alexiévich, sin ir más lejos). Pero algunos pensamos que “la realidad”, que tendría que ir siempre entrecomillada, se descifra mejor a través de la ficción. Recuérdese que Montaigne, Cervantes, Kafka, lucharon contra cualquier forma de impostura en un épico combate de evidente acento paradójico, pues vivieron anegados hasta el cuello en el mundo de la ficción. Ese recuerdo convierte en aún más cargante el artificial descrédito actual de las tramas y vidas imaginarias.


Enrique Vila-Matas. Dominio de la parte inventada.  

 

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El artista es despiadado, éste y todos los artistas, son caníbales. Una vez, hace muchos años, estábamos mi mujer y yo en el coche y tuvimos una de estas discusiones, me dijo algo que sonaba bien y le dije: ¿puedo usar eso? Eres un monstruo, dijo. Lo sé, pero ¿puedo usarlo? Pero ella es la mujer de un artista y sabe el coste.

 

Entrevista a John Banville en Babelia.

 

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Miércoles, 6 de enero

 

¿Las máquinas de escribir, en las que corregir lo ya escrito era bastante más incómodo, propiciaban dejar “así nomás”, por pura pereza, una frase que estaba bien pero podía estar mejor? Parece difícil, pero quién sabe. Quién sabe cuántas veces afeamos un texto cuando creemos embellecerlo, sin saber que para los demás, y para uno mismo en otro momento, sería mejor esa frase que escribimos y borramos porque no nos gustó y ya que con el teclado es tan sencillo…

 

Cristian Vázquez en ‘Máquinas de escribir’.

 

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Al viejo cómico australiano Barry Humphries le han preguntado por qué cree que Downton Abbey gusta tanto en los Estados Unidos. “Porque no hay negros”, ha contestado. […] Humphries siempre ha dicho lo que le ha dado la gana. En su caracterización de Dame Edna, una mezcla entre doña Croqueta y Javier Gurruchaga vestido de señorona, ya se pasaba la corrección por la peluca lila. Por eso lo echaron de Vanity Fair, donde tenía un divertido y ficticio consultorio. Una vez escribió, y se montó una buena, que para qué aprender español (“¿Para hablar con la asistenta?”). Pero remataba con un “Si es usted americano, pruebe con el inglés”. Humphries siempre ha encarnado la tradición cómica que hace comentarios de mal gusto o imprudentes para poner de manifiesto la hipocresía y los prejuicios. El australiano, que ya tiene 81 años, ha comprobado que cada vez se puede decir menos porque cada vez la gente se ofende más.

 

‘Trotamundos’. Columna de Rosa Belmonte.

 

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Jueves, 7 de enero

 

A handsome book just arrived on my desk. War Is Beautiful the title declares. Surely not! Then I see the subtitle: “The New York Times Pictorial Guide to the Glamour of Armed Conflict.” Ah, irony. An asterisk takes me to some tiny print at the bottom left of the cover: “(in which the author explains why he no longer reads The New York Times).” And who is the author? David Shields […] Basically, as Shields had promised, the book offers sixty-four very glossy war photos taken from the front page of The New York Times and arranged thematically: Nature, Playground, Father, God, Pietà, Painting, Movie, Beauty, Love, Death. The earliest picture is dated January 2002, from Afghanistan, the latest October 2013, from Pakistan. The accusation is that the newspaper does everything to make war glamorous and even, in some way, reassuring: “a chaotic world is ultimately under control,” Shields observes. In an afterword, art critic David Hickey shows how consciously the photos reproduce well-known pictorial and painterly trope.

 

Pretty Violence. Tim Parks 

 

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Viernes, 8 de enero

 

Hace muchos muchos años, en Panamá, me pasó algo que yo creo que es y será insuperable. Iba caminando por la calle con la persona que me había invitado, Dilmar Rosas, y de pronto escuchamos “Tú eres Leila Guerriero”. Una voz de mujer, una voz muy educada. Me di vuelta y vi a una señora entrecana, elegante, sentada en el piso frente a una de esas mantas que tienden los artesanos, llena de artesanías. Le dije: “Sí, señora, y ¿usted cómo sabe?”. Y me dijo: “Es que yo te leo en ‘Gatopardo’ y te reconocí por la foto de la página de los colaboradores”. Yo era una persona que había publicado un libro que se conseguía solo en la Argentina, que trabajaba en mi país desde hacía años, pero que había empezado a escribir hacía muy poco en medios de afuera. Creo que, de hecho, estaba en Panamá dando uno de mis primeros talleres de periodismo. La mujer me mencionó varias notas, me dijo las cosas que le gustaban de esos textos. Yo creo que en ese momento supe que no me iba a pasar, nunca más, nada más impresionante que eso.

 

Entrevista a Leila Guerriero en buensalvaje Costa Rica #3

 

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Sábado, 9 de enero  

 

En La ciudad, escrita a los 26 años al ritmo de los Beatles, Levrero tradujo a Kafka al uruguayo del mismo modo que Juan Carlos Onetti había hecho tiempo atrás con Faulkner. “Cuando la admiración de un autor por otro es muy grande —y Onetti nunca ocultó su admiración por Faulkner—, al que admira de tal modo le resulta inconcebible que se pueda escribir de otro modo”, escribió Levrero en su relación con Kafka y también, dicho sea de paso, a Kafka en su relación con Goethe. “Hasta leer a Kafka no sabía que se podía escribir la verdad”, dijo Levrero, y desde que América y el castillo cayeron en sus manos le resultó inconcebible que se pudiera escribir de otra manera.

 

Mario Levrero. La búsqueda interior. En Ahora.