2016/15 — Asearse las greñas de ‘rock and roll star’

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"El escritor de odas añoso no evitará caer en la tentación de confundir el periodismo con su propia persona y la edad de oro del oficio con su juventud". Isabel Gómez Rivas.

 

 

 

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Creo que la novela está muerta y siempre lo ha estado. Paradójicamente, esta imposibilidad ha sido una condición previa de su propia posibilidad. Una vez más, creo que de esto es de lo que trata El Quijote: las novelas no funcionan, hay una serie fatal de fallos técnicos en el software que subyace tras cada una de ellas como forma de experiencia y de expresión.

 

Entrevista de Inés Martín Rodrigo a Tom McCarthy en ABC Cultural.

 

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Es algo muy incómodo para el historiador. La inmensa mayoría de la información que aparece hoy en los medios de comunicación va ser muy poco o nada interesante en los archivos de mañana.

 

Juan Pablo Fusi en El Cultural.

 

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Inicia Louise Erdrich (Little Falls, Minnesota, 1954) el breve Prólogo introductor de esta colección de relatos con la siguiente confesión: “Siempre que escribo un relato corto, tengo la certeza de que he llegado al final. Ya no hay más. Pero las historias raras veces terminan conmigo. Cobran fuerza, peso y complejidad”.

 

José Antonio Gurpegui reseña El descapotable rojo y otras historias en El Cultural.

 

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Porque el éxito de Mein Kampf, en realidad, no significa nada. La interpretación más plausible de su venta masiva es a su vez la más banal: estamos ante un fenómeno viral propio de la economía de la atención característica de la cultura de masas contemporánea. Thomas Piketti ha vendido un millón y medio de ejemplares de El capital en el siglo XXI, pero, según los cálculos realizados por el matemático Jordan Ellenberg a partir de los datos proporcionados por la edición electrónica del libro, pocos lectores fueron más allá de la página 26. Y lo mismo sucederá con Mein Kampf: los compradores se conformarán con echarle un vistazo y dejarlo en un lugar visible de la estantería. Alarmarse por su éxito, de hecho, revela un gran optimismo: supone creer que los best-sellers se compran para leerlos. Como dice el columnista del Financial Times Simon Kuper, los libros son hoy en día “una adquisición aspiracional, un regalo simbólico o un marcador de estatus antes que un bien de consumo”.

 

Manuel Arias Maldonado en Ahora.

 

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Hay libros que dejan una sensación que conjuga el desasosiego y la plenitud. Y eso es lo que ocurre con cada uno de los relatos de Mala letra, la más reciente publicación de Sara Mesa (Madrid, 1976). Desasosiego porque todas las piezas son turbadoras y hacen que la respiración de quien las lee se detenga; plenitud porque cada una de ellas roza la perfección, también por esas grietas que tienen para que el lector se asome y las rellene.

 

Zita Arenillas reseña Mala letra en Ahora

 

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Mis novelas no son muy largas, y en ellas también tienen importancia la creación de atmósferas y las elipsis, que son rasgos que suelen asociarse a los cuentos, pero que no deben ser exclusivos de ellos. Para mí es lo mismo, aunque probablemente a mí la novela me cuesta más trabajo porque hay que mantener durante más páginas la tensión narrativa.

 

Entrevista de Jesús Morillo a Sara Mesa en ABC.

 

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—¿Cuál es el límite de la ficción?

 

—Para mí personalmente no hay límites [risas], ¡todo está permitido! Lo que sí me ocurre cuando escribo es que algún personaje se parezca a alguien y no sé cómo se lo van a tomar. Creo que hay que escribir sin frenos, y luego, si no quieres hacer daño, disfrazar un poquito la realidad. No soy una persona con tan pocos escrúpulos como ésta que escribe Ajuste de cuentas [el libro de M], pero hasta el momento de la redacción final sí escribo sin escrúpulos.

 

Entrevista de Juan Cruz a Herman Koch en Babelia.

 

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El escritor de odas añoso no evitará caer en la tentación de confundir el periodismo con su propia persona y la edad de oro del oficio con su juventud, cuando podía tirarse tres días sin comer, una semana sin dormir y caminar por el desierto de sol a sol sin desmayo, cuando se pasaba seis meses en Eritrea para escribir un reportaje destinado a la portada y a la gloria. Ahora, ¡ay, ahora!, el periodismo ha dejado de ser un ejercicio profesional de tíos preparados, formados para ello o con talento, en el cual las voces eran autorizadas para una especie de competición por ver quién da más, más fuerte, más rápido. Dicho en román paladino, el periodismo se ha amariconado y la mayor proeza de las nenazas que hoy escriben periódicos es citarse en Twitter para intercambiar bombos y en una revista, cuya línea editorial es la guerra sin cuartel a las cartucheras, para hablar de política, bares, chicas y de que les hace falta ir con urgencia a la peluquería a asear las greñas de rock and roll star.

 

El minueto de Gluck (II).

 

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Creo que en España hay muchos más lectores de ensayo de lo que pensamos y hay una cosa que está clara: los libros de narrativa pueden ser un éxito total o un fracaso absoluto, pero los libros de ensayo tienen un número de lectores bastante fiable y estable que no se modifica. A mí nunca me ha pasado publicar un ensayo que sea un absoluto desastre; cuando publicas un ensayo sabes, más o menos, el número de lectores que tienes y es un número que se mantiene o incluso crece a lo largo de los años.

 

Entrevista de Anna María Iglesia a Raquel Vicedo, editora de Sexto Piso en España.

 

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Tú no eres como otras madres me parece un magnífico ejemplo de non fiction novel, el término con que Truman Capote designó A sangre fría. Pero le guste o no a uno, el dilema es insoslayable: partiendo de la base que los protagonistas aparecen con sus nombres y apellidos civiles, qué hay de verdad en la historia que leemos y qué porcentaje de ficción legitima nuestra sensación de estar ante una soberbia novela expresionista que parece clásica pero no lo es.

 

Robert Saladrigas reseña Tú no eres como otras madres en Cultura/s.

 

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Me pregunto si en estos momentos los cuentos no son el material ideal para un filme; los libros, para una miniserie; y las sagas novelescas o de cómic para una serie.

 

Jorge Carrión en Cultura/s.

 

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Al piso de Philip Roth se puede llegar a pie. Es un luminoso apartamento cercano a Central Park, con unas vistas espectaculares de los rascacielos. En la pared, hay un gran plano de la cercana Newark –su ciudad– del año 1933, el de su nacimiento. Sus días en Manhattan son monótonos: “Desayuno y me voy a la piscina, a un gimnasio que hay aquí en la calle 59. Nado por la mañana, al menos cinco días a la semana. Salgo de la piscina, me seco, me visto, y a las diez y media ya estoy de vuelta en casa”. Ahora la salud le ha obligado a dejar la escritura, pero, hasta hace poco, “escribía un par de horas, hasta la hora de comer, y luego un par de horas más tras el café”. Lo que más le gusta es pasear, “y luego miro las noticias en la televisión durante una hora. Y por las noches salgo con amigos, me voy al cine, a cenar o a un concierto, pero siempre paso al menos tres noches a la semana en casa, sin salir. ¿Qué más? Duermo muy bien y veo béisbol, me encanta ver los partidos de béisbol por la tele. Todo esto cambia radicalmente cuando estoy viviendo en mi casa de campo, a la que me traslado cada mes de mayo, con la llegada del calor, y que abandono en octubre para volver aquí a Nueva York”.

 

Nueva York, capital de los escritores.

 

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Creo que Carver es a día de hoy la peor opción para un cuentista. En un taller de cuentos que daba, les encargué escribir un cuento a la manera de Carver, después de trazar cuatro líneas básicas del “realismo sucio” (gasolineras, final abierto o epifánico, personajes anodinos) y -lo juro- todos trajeron a la semana siguiente cuentos que funcionaban, mucho mejores que los que hacían libremente. Es decir: a Carver lo imita bien cualquiera.

 

Entrevista de Rafael Reig a Alberto Olmos.

 

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¿Qué tenemos hoy, sin embargo? Una literatura vieja, aburrida; un premio Nadal echado a perder y cuyos ganadores no importan a nadie. Decenas de escritores jóvenes (pueden conocer a veinte de ellos en la antología que preparé para Lengua de Trapo: Última temporada) cuyos libros son prácticamente inencontrables, pues las grandes editoriales ya no están interesadas en publicar a menores de treinta años. Y, finalmente, miles de lectores potenciales -los más jóvenes- para los cuales la literatura es ese lugar donde no se habla de ellos. Es decir: un futuro muy negro para los libros.

 

Alberto Olmos en El Confidencial.

 

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—Usted recibió el Premio de periodismo cultural y político Manuel Vázquez Montalbán en 2010. ¿Qué es ser un periodista cultural independiente?

 

—(Se ríe abiertamente) ¿Qué es eso, no? Es una excelente pregunta. ¿En qué consistiría…? Igual que en el caso político, yo creo.Consistiría en estar al corriente de las corrientes dominantes pero no dejarse controlar por ellas. Es decir, consistiría en tener una sensibilidad especial para lo pequeño, para lo fantasmal, para lo que casi no existe, ¿no? Y a partir de esa percepción de la realidad cultural, construir un lenguaje que fuera propio; un lenguaje que no fuera sacado de una tienda de todo a cien.

 

—Primero, la mirada. Tener una mirada diferente a aquella a la que te obliga la realidad; y después de construir esa mirada, construir un lenguaje capaz de dar cuenta de esa mirada. En definitiva, estamos hablando de lo que en el mundo del cine se llama «el emplazamiento de cámara». Ser capaz de mirar la realidad desde un lugar diferente al que lo miran todos.

 

Entrevista de Lorena G. Maldonado a Juan José Millás en El Español.

 

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Back in 1998, magazine writer Mike Sager was best known for his fearless profiles of drug dealers, crackheads, porn stars, and neo-Nazis. […]

 

MS: In a broad sense, that’s the key to everything: Less is more. The opposite of hyperbole. You want to find the riveting thing. You’re doing something very purposefully. It comes down to finding the right word instead of so many. […] I like to be understated. It’s the Gay Talese in me. He believed in this understated elegance. At the same time I also want to have a sense of movement, the way Tom Wolfe moved a story. As they say on Broadway: “Louder, faster, funnier.”

 

Entrevista a Mike Sager.

 

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No creo mucho en lo de discernir, en una novela, entre la parte real y la inventada. No entiendo por qué el lector quiere saberlo. Lo que vale es si tiene sentido, si se sostiene por sus propios valores literarios. Cuando voy al cine y veo que pone “basado en hechos reales” me levanto y me largo. Ya veré si me gusta o no la peli, y no será porque esté basada en un hecho real.

 

Entrevista de Xavi Ayén a Juan Marsé en La Vanguardia.

 

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—La seva formació és periodística i va treballar molts anys en un diari. Ara que l’èxit de sèries com ‘Making a murderer’ o ‘The Jinx’ ha obert la porta a aquests formats a la televisió, li interessaria fer un documental?

 

—No. Si tornés a fer periodisme probablement seria periodisme escrit. He treballat amb material real en minisèries com ‘The corner’, ‘Show me a hero’ i ‘Generation kill’, fent servir fins i tot els noms reals, però no les etiquetaria com a documentals. Quan veig aquests documentals, no sé si és perquè sé massa sobre periodisme i sobre ficció dramàtica, però puc veure les costures i no crec que s’hagin cosit de forma honesta. Així que si torno a fer periodisme, el que faré serà escriure. És el que m’agrada, el que m’ha portat on sóc.

 

Entrevista a David Simon en ARA.

 

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El jefe movió la cabeza en señal de aprobación. Sin embargo, Edison vio claridad que no existían motivos para tranquilizarse. A partir de ese momento –se dijo– sus días en el monte se volverían tortuosos. Ser objeto de desconfianza en la guerrilla le crispa los nervios al más templado. Genera zozobra, desestabiliza. Y hay algo peor: en la práctica, esa suspicacia de los superiores es una guillotina que pende constantemente sobre la cabeza de la persona vigilada. Cualquier actitud dudosa puede precipitar la caída letal de la cuchilla contra el cuello. Estar en entredicho es como estar muriéndose: sometido al escrutinio hostil de su comandante, el sospechoso tiene ya aspecto de culpable. A menudo es sentenciado a fusilamiento sin derecho a apelación.

 

Alberto Salcedo Ramos en el libro Viaje al Macondo real y otras crónicas.

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