2016/16 — Litros de té

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"Suelo destinar las mañanas a la ficción y las tardes a la no ficción con litros de té." —Patricio Pron

 

 

 

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Censurar libros implicaba, obviamente, prohibirlos, pero además suponía creer en el potencial subversivo de la palabra escrita, influir en los hábitos de lectura, condicionar incluso la tarea de los autores (desde perfeccionar el estilo para eludir la vigilancia hasta la autocensura), todo con la intención de uniformizar los modos de pensar, reprimir la disidencia de conciencia y combatir ideas políticas y religiosas consideradas peligrosas.

 

Adolfo Carrasco reseña Escribir y prohibir en El Cultural.

 

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—¿Por qué elige para sus dibujos la relativa oscuridad que aporta el blanco y negro?

 

—He hecho un libro en color, tinta y acuarela. El impresor y el editor lo masacraron. Volví al blanco y negro porque es también el lenguaje del pobre, el lenguaje elemental. Y, además, en el blanco y negro están el gris y todos sus matices.

 

Manuel Muñiz entrevista a Frédérick Pajak en ABC Cultural.

 

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La publicación de escritos póstumos o inconclusos o novatos suele producir la felicidad económica de descendientes, acelerar la carrera de algún académico, estimular el comprensible morbo de fans completistas y, acaso, perturbar o complacer al fantasma del autor esté donde esté.

 

Pero a veces la maniobra está justificada. De haber respetado manifiestas (o por omisión) últimas voluntades y sólo concentrándonos en la literatura norteamericana, nos hubiésemos quedado sin piezas fundamentales como, la más cercana, El rey pálido de David Foster Wallace.

 

Rodrigo Fresán en ABC Cultural.

 

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—[…] La mayoría de las veces, cuando un escritor se basa en la realidad para construir una narración, los lectores se acaban creyendo la versión del escritor. Si se presentan unos personajes como asesinos y luego no lo son, la memoria popular los sigue codificando como asesinos.

 

—Utilizando el vino dicho periodístico, “que la realidad no te estropee un buen titular…”

 

—¡Claro! Cuando contamos algo lo hacemos según nuestro criterio y utilizamos todos los recursos de la imaginación para hacerlo más atractivo. Nos importa más la literatura, que la veracidad de los hechos. Truman Capote fingió que ayudaba a los convictos de A sangre fría, pero necesitaba que la pena de muerte se cumpliera para no fastidiar su historia.

 

Entrevista de Sergi Doria a Herman Koch en ABC Cultural.

 

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Fijémonos en un periodista como dios manda, aquel que observaba con celo el décimo mandamiento y del que hablaba en 1950 el diario compostelano La Noche:

 

«El jefe de redacción de un diario parisino advirtió a sus redactores que no publicaría sino las noticias avaladas por una prueba formal y, si tuvieran dudas acerca de cualquier suceso, que lo escribieran siempre sin afirmarlo rotundamente, a base de frases como parece que…, se dice…, según rumores, etc. Al día siguiente, un redactor, magnífico intérprete de tales indicaciones, entregó a su jefe la siguiente información: “Se murmura que ayer fue ofrecida una cena a ciertas personalidades que dicen ser de buena sociedad. Se cree que una cierta señora Bidault fue la organizadora del ágape. Pretende ser esposa del señor Georges Bidault, quien se cree que es jefe del Gobierno de Francia”».

 

En el blog de Isabel Gómez Rivas.

 

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—¿Cuál es su rutina diaria para escribir?

 

—Suelo destinar las mañanas a la ficción y las tardes a la no ficción con litros de té. Es producto de que a primera estoy un poco más fresco y la ficción me exige más esfuerzo.

 

Entrevista a Patricio Pron en El País.

 

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A escribir se aprende. Prueba de ello es que hoy hay cantidad de gente que escribe bien, correctamente. Otra cosa es la personalidad, la huella personal en lo que uno escribe; ahí, creo, entran otros factores. Es algo que se tiene o no se tiene.

 

Entrevista de Inés Martín Rodrigo a Karmelo Iribarren en ABC.

 

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Cuanto más escribo más me cuesta hacerlo y más el comprender por qué hago novelas. Incluso por qué se hacen novelas. Una cosa es cómo empecé a hacerlas y otra es cómo sigo haciéndolas después de 45 años… Quizá porque ya no sirvo para nada más… Me siento generalmente algo más inseguro a cada libro… […] Todos corremos el peligro de pensar que por el hecho de que sea yo quien escriba una novela eso la hace buena. Hay escritores que tienen un alto sentido de marca. En mi caso es lo contrario, cada vez que escribo una novela todo lo que he hecho antes no me sirve de nada. Eso me obliga a aplicarme.

 

Conversación entre Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte y Antonio Lucas en Zenda.

 

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Recuerda que fue entonces cuando su padre le dio un consejo: “‘Has entrado en un terreno, has elegido una carrera muy difícil, estamos con un gobierno que no entiende que las mujeres pueden evolucionar, lo vas a pasar muy mal. Solamente lo podrás soportar o vencer a base de hacer un trabajo muy bien hecho, a base de imponerte, de demostrar que puedes. Así tal vez los obstáculos sean más llevaderos, porque aunque digan que eres mujer, verán que trabajas muy bien y que eres una persona seria’. Siempre me inculcó los valores del respeto y de las cosas bien hechas. Tanto es así que cuando hacía una foto de la que me sentía orgullosa y se la enseñaba, le decía: ‘Esta foto es muy buena, ¿verdad?’; y él: ‘Es que es lo que tienes que hacer’”.

 

Entrevista de Aloma Rodríguez a Juana Biarnés en Ahora.

 

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Cuando estalló la revuelta que conduciría a la guerra civil de Siria, hace cinco años estos días, todo el armazón del análisis estaba ya listo en las redacciones de los periódicos, las televisiones y las radios. Aquello iba a ser, nadie lo dudaba, otra Primavera Árabe como la de Túnez y Egipto: una protesta callejera pacífica impulsada desde las redes sociales, protagonizada por una nueva generación de activistas jóvenes y cosmopolitas. En el caso de Siria incluso surgió rápidamente una figura para encarnarla: Amina Arraf, la autora de un blog titulado Una chica gay en Damasco, una joven lesbiana que conquistó a la prensa escribiendo sobre manifestaciones, sexualidad y sueños adolescentes. ¿Qué podía ser más moderno, más opuesto a la anquilosada dictadura hereditaria de la familia Al Asad?

 

Miguel-Anxo Murado en Ahora.

 

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Casares escribía sin exceso ni pompa. Existía una identificación casi total entre su personalidad y su estilo como escritor. Su columna representaba la búsqueda de un estilo sencillo, limpio, uno de esos estilo que quien lo leía pensaba: coño, esto no es nada, esto lo hago yo, de tan fácil que es. Pero cuando se ponía, descubría que el estilo fácil es el más difícil de escribir.

 

Juan Tallón.

 

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Vladimir Nabokov solía presentar a sus alumnos el siguiente test. ¿Cuáles de estas cuatro cualidades hacen a un buen lector? […]

 

7. El lector debe tener imaginación.

 

8. El lector debe tener memoria.

 

9. El lector debe tener un diccionario.

 

10. El lector debe tener algún sentido artístico.

 

Begoña Gómez Urzaiz en Cultura/s.

 

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Lo de la paciencia es clave: “Mis primeros borradores –admite Marsé- son impresentables, si salvo un par de líneas me doy por satisfecho: necesito encontrar la voz que me haga creíble lo que estoy contando”. Sigue escribiendo primero a mano y en una libreta, como cuando empezó a los 15 años garabateando los recuerdos de unos gitanos que vio un verano. “La primera versión me gusta contarla artesanalmente, no tengo prisa alguna, la escritura manual me ayuda a ese ritmo”. “Hasta que no tengo a veces esa pequeña cosa que rompa un capítulo o hallo el nombre de un personaje, pueden pasar meses”, reconoce.

 

Las palabras se le siguen mostrando, a los 56 años de su debut, “marrulleras”, “afásicas”, y siempre encuentra “una frase que chirría, que se puede desmontar para que funcione mejor… Creí que con el tiempo, el aprendizaje y el dominio del instrumental que te has ido creando me ayudaría, pero no, descubrí hace ya mucho que cada vez que acabo un libro, el instrumental no me sirve para el próximo”. Sus folios, impresos tras una primera versión por ordenador, están masacrados con anotaciones a mano. Cuando hay “un texto cuya redacción no me va a avergonzar”, empieza con el editor el trasiego de papeles, en los últimos años en carpetas sólo amarillas o verdes, colores de la esperanza. “Con Carlos Barral no fue una relación tan intensa de editor y escritor, era más de amistad; con Gabriel Ferrater, imposible, porque era imposible pasar con él más de dos horas sin alcohol y entonces acababas charlando del Tour de Francia: era un forofo del ciclismo. Sí hablábamos más de los libros con Jaime Gil de Biedma…No sé si fue mi mejor lector”.

 

Entrevista a Juan Marsé en Babelia.

 

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Cuando parece que Talese empieza a entrar en la superficie plana de una entrevista, la repliega otra vez a su gusto. -Muy bien. Pero volvamos a ti. ¿Tienes una chaqueta en tu apartamento? No tienes chaqueta. ¿Y una corbata? Tampoco tienes corbata. ¿Y una camisa? Mira al periodista. Achica los ojos, frunce los labios como una abuela severa. -Chico, tienes 29 años y quieres hacer carrera. Espero que no te cabrees conmigo si te digo mi impresión. ¿Te enfadarás? -No, dispare.

 

-Te voy a disparar. Deberías haber venido con chaqueta y corbata. Y no lo has hecho. Es un error. ¿Por qué? Porque con la apariencia no solo se da buena impresión, también se muestra el orgullo propio, de quién eres, de lo que eres. Y tú eres periodista, chico, debes mostrar el orgullo de ser periodista.

 

-Yo pensé que con esta ropa… El periodista lleva sus mejores botas de piel, unos pantalones ordinarios planchados como buenamente pudo y un polo blanco recién comprado.

 

-¡No! -le corta Talese-. ¡Estás loco! Si pareces un niño que vende fruta en la calle. Si fueses Sean Penn o Robert De Niro, me daría igual lo que hicieses, porque ya lo habrías conseguido todo. Pero tú no eres Sean Penn ni De Niro.

 

Entrevista de Pablo de Llano a Gay Talese.

 

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Gracias a los papeles de Panamá hemos sabido que Boris Johnson cobra 330.000 euros al año por un artículo semanal. El alcalde de Londres no tiene fondos o empresas en paraísos fiscales, que se sepa, pero el strip-tease fiscal promovido por el primer ministro, que sí las tuvo, ha expuesto sus números. Johnson publica 52 veces al año en el Daily Telegraph. Eso significa que cada columna sale por unos 6.000 euros. Y como sus columnas tienen mil palabras, cada sustantivo, cada genial adjetivo, le valen 6 euros. Tres palabras de Johnson, un “I love you”, casi triplican el salario mínimo por hora de nueve millones de británicos, gente que no escribe. El dinero es cosa de chicos listos.

 

Víctor G. Guerrero. Notas de extramuros.

 

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El novelista realista o al que así se llama, aquel que al escribir sigue instalado y viviendo en el territorio de lo que es y sucede, ha confundido su actividad con la del cronista o el reportero o el documentalista. El novelista verdadero no refleja la realidad, sino más bien la irrealidad, entendiendo por esto último no lo inverosímil ni lo fantástico, sino simplemente lo que pudo darse y no se dio, lo contrario de los hechos, los acontecimientos, los datos y los sucesos, lo contrario de “lo que ocurre”. Lo que sólo es posible sigue siendo posible, eternamente posible en cualquier época y en cualquier lugar, y por eso se puede leer aún hoy el Quijote o Madame Bovary, se puede uno quedar a vivir una temporada con ellos dándoles crédito, esto es, no dándolos por imposibles ni por ya acaecidos, o lo que es lo mismo, por consabidos.

 

Siete razones para no escribir novelas y una sola para escribirlas. Javier Marías.

 

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En ‘Abrazando recuerdos’, uno de los últimos relatos que escribiste, el narrador de la historia, que había asesinado a su antigua novia, escribía:

 

“Tengo veinticuatro años y soy un anciano que agoniza, que se atraganta con su propia saliva, que se caga en los calzoncillos, que se tropieza con sus pies, que busca la salida última, que le tiene pánico a su mismo nombre”.

 

Amarillo, de Félix Romeo.

 

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She was too sensible to live in regret, but she certainly understood how much of her life she had spent carousing and just fooling around. The tragedy of Dorothy Parker, it seems to me, isn’t that she succumbed to alcoholism or died essentially alone. It was that she was too intelligent to believe that she had made the most of herself.

 

Robert Gottlieb en The New York Review of Books.

 

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El libro en cuestión, Niño 44, se convirtió en un éxito global antes siquiera de ser colocado en las estanterías. «Compraron los derechos para hacer una película antes de que se publicara y se vendió a 12 países casi inmediatamente», cuenta el escritor, que se ríe cuando se le inquiere sobre la presión que supone convertirse en un autor de éxito antes de ser un autor de éxito: «Créeme, presión es no tener ni una libra y pensar cómo vas a pagar el alquiler, de dónde vas a sacar dinero para la luz, el agua o la comida. Esto de ahora es un regalo… porque le dedicas muchas, muchísimas horas a escribir y llega un punto en que se convierte en una obsesión, en la que no hay vacaciones, ni días de fiesta, ni domingos. Si no sale bien, como cualquier otro trabajo, puede ser todo un infierno».

 

Entrevista a Tom Rob Smith en El Mundo.