2016/19 — Escribir es como jugar al ajedrez

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"Escribir es como jugar al ajedrez: saber cómo se mueven las piezas y poder entender el desarrollo de una partida es una cosa. Jugar bien, otra muy distinta." —Cristian Vázquez

 

 

 

 

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La multitud de personas, de parejas de jóvenes y de ancianos, familias completas, madres con sus bebés y gente muy variada y de todas las edades interesadas en libros, en conversar con sus autores favoritos —o con nuevos autores de los que nunca antes habían oído hablar— o en simplemente pasear por calles llenas de rosas y libros creó un ambiente maravilloso. En otras partes del mundo, los eventos al aire libre que atraen a millones de personas suelen ir acompañados tanto de un alto consumo de alcohol como de una cierta inseguridad. No en Sant Jordi. No vi a nadie pasado de tragos ni en actitudes amenazantes o agresivas.

 

Moisés Naím en El País.

 

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Al menos prestémosle oídos al ingenioso hidalgo cuando propone: «el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». He ahí sustanciada en pocas palabras la esencia del periodismo, que es también la de la vida. Según el cronista Juan Villoro, como cuenta Paloma Torres en estas páginas, «la realidad mejora a través de las palabras». ¿Seguimos siendo los periódicos el sismógrafo de la riquísima variedad del mundo?

 

Alfonso Armada en ABC Cultural.

 

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Hannah Arendt vio todo eso. En sus cartas y en sus ensayos las reflexiones políticas sobre la condición del refugiado tienen una urgencia de relatos autobiográficos. En un documental que acaba de estrenarse en un pequeño cine de Nueva York, Vita Activa. The Spirit of Hannah Arendt, su directora, Ada Ushpiz, logra unir el rigor histórico y biográfico con la plena expresividad del lenguaje del cine. Pocas cosas me parecen hoy en día tan atractivas estética e intelectualmente como un documental muy bien hecho.

 

Antonio Muñoz Molina en Babelia.

 

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Su pasatiempo favorito, cuarta novela de William Gaddis (1922-1998) –editada en Estados Unidos en 1994, traducida en 1995 por Debate y ahora rescatada por Sexto Piso–, tiene el que probablemente sea el comienzo más citado en toda la obra del autor: «¿Justicia? La justicia se encuentra en el otro mundo. En este lo que hay son leyes».

 

Rodrigo Fresán en ABC Cultural.

 

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Las ventas tienen más que ver con la industria que con la cultura. La cultura sigue un camino lento que tiene que ver más con la conversación, que todavía existe, con los gustos compartidos, con las cosas que pasan de mano en mano, y así es como se va fraguando de forma lenta pero resistente el tejido de una época. Y curiosamente lo que mejor define una época no es lo que tuvo mucho éxito en esa época, sino por el contrario lo que se le resistió de alguna manera y encontró una manera rebelde de perdurar.

 

Entrevista de Paloma Torres a Juan Villoro en ABC Cultural.

 

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—Hace poco falleció Umberto Eco. ¿Le han impactado su desaparición y su legado?

 

—Por así decirlo, nos conocemos todos. También fallecieron hace poco el sueco Lars Gustafson, gran amigo mío, y el húngaro Imre Kertész; también nos conocíamos bien. A mi edad, cuando alguien muere, es siempre desagradable. Es como cuando estás refugiado en un sótano porque hay un bombardeo, y las detonaciones llegan cada vez más cerca. Así es la vida.

 

Entrevista de María-Paz López a Hans Magnus Enzensberger en Cultura/s.

 

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[Ibáñez] Aún se levanta a las seis de la mañana y dibuja hasta las dos de la tarde, cuando hace un pausa de 20 minutos para comer y prosigue la actividad hasta las diez de la noche. A veces, se levanta en mitad del sueño, asaltado por alguna idea que le deja insomne. Estos hábitos son casi rituales desde hace años. En los últimos tiempos ha incorporado a su rutina un paseo de tres cuartos de hora por prescripción médica. Su espalda está afectada de tanto reclinarse ante el tablero de dibujo, en el que ha concebido más de 55.000 páginas sobre Mortadelo y Filemón.

 

Joaquín Torán en Ahora.

 

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Marsé, en definitiva, se equivoca. El cine no le debe nada a un escritor si no le debe dinero y ninguna película mala sobre un gran libro ha empequeñecido ni un milímetro la grandeza de ese libro ni de su autor. Hay que seguir rezando por que el cine haga películas con las novelas, malas, muy malas películas. Será señal de que la literatura sigue siendo el centro del relato. 

 

Alberto Olmos en El Confidencial.

 

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En mi idea de libro perfecto, este te produce cada poco un extrañamiento que te obliga a levantar la cabeza y echar la espalda hacia atrás, como si estuvieses mareado, y para seguir leyendo necesitases unas asas a las que agarrarte. Un libro perfecto provoca un tránsito del pensamiento. Ante él, hay que variar la posición, detenerse en mitad de una frase, levantar la cabeza con admiración, y decir en voz baja «pero qué cabrón», en referencia al autor.

 

Juan Tallón en El Progreso.

 

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Con los talleres de escritura, en cambio, la valoración es diferente. ¿Será porque escribir parece más fácil? Escribir de una forma mínimamente correcta es algo que (casi) todo el mundo sabe (o cree saber). Quizá por eso la exigencia alcanza unas cotas tan elevadas: pareciera que, para que los talleres literarios se consideraran eficaces, deberían ser máquinas de producir escritores de calidad. Pero escribir es como jugar al ajedrez: saber cómo se mueven las piezas y poder entender el desarrollo de una partida es una cosa. Jugar bien, otra muy distinta.

 

Cristian Vázquez en Letras Libres.

 

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Y sin embargo estaba escrito que ese libro tendría que extraviarse. Es lo que en ocasiones llamo “la auténtica mano invisible”, las fuerzas oscuras que uno pone en acción cada vez que piensa que puede compartir una lectura. Le pasa a todo el mundo: página a página, mientras avanzan de una fascinación a la siguiente, los lectores elaboran la Lista de Personas que Quizá Deberían Leer esta Novela. No es cuestión de generosidad: simplemente sucede, nadie sabe a ciencia cierta por qué. Los lectores inteligentes a menudo esconden ese pensamiento como lo harían con cualquier otra idea vergonzosa. Otros parecemos no haber aprendido de experiencias pasadas… y damos prestado ese libro.

 

Eduardo Huchín Sosa en Letras Libres.

 

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Music is very important in my writing. I have a playlist for each character and usually end up with a mixtape for every novel. Sometimes I get carried away and forget to write, but it’s never wasted, as something always resurfaces from my binges.

 

Irvine Welsh en The New York Times.

 

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—¿No hay cabida ahora mismo en los periódicos para que este tipo de relato se pueda publicar por entregas?

 

—Se podría intentar, y así funcionaban las cosas. Lo hacían Chaves, Capote, Mailer, Hemingway o García Márquez. Lo que pasa es que no sé hasta qué punto es alta la fidelidad del lector para que cada día vaya atrapándole una historia. Estamos en un momento periodístico de mucha fracción, de muchos estímulos externos, de mucha información. La fidelidad del lector ahora mismo está bajo mínimos, en el sentido de asentamiento de una rutina. Ahora se picotea mucho más, hay acceso a más versiones. No sé si es posible, ni siquiera si yo mismo me podría enganchar a una historia por entregas. Entre otras cosas, porque cuando te pones a leer te gusta hacerlo de tirón. Es lo que pasa con las series.

 

Entrevista de Antonio Ruiz Valdivia a Manuel Jabois.

 

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Perentoriamente la ciudad de Nueva York, al menos, no me parece un lugar para personas lánguidas, exangües y tristes. Es una ciudad que da mucho apetito y muchas ganas de beber.

 

Fin de semana en Nueva York (Destino Clásicos, 2016) —Josep Pla.

 

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[Renata] Adler nunca se ha mordido la lengua y se ha quedado sin trabajo varias veces –ríanse ustedes de los cuchillos en las redacciones de Manhattan–. De sus famosos colegas del nuevo periodismo –Tom Wolfe, Gay Talese…– piensa, directamente, que “no son periodismo, cruzaron una frontera que no deberían haber traspasado jamás: introdujeron ficción en sus reportajes. Me peleé con ellos desde el principio. De repente, los periodistas se convirtieron en gente famosa. Antes, en el New York Times no había firmas, y esa fue su época de mayor credibilidad. El único de todos ellos que sí es un gran reportero es el gonzo Hunter S. Thompson, que alcanza una verdad de otro tipo. Pero no veo periodismo en Tom Wolfe, sino literatura que contiene algunos hechos en su interior, pero de forma secundaria”.

 

Xavi Ayén en La Vanguardia.

 

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Para Xavier Pericay, traductor, compilador, lector de Josep Pla, Josep Pla es un clásico, uno de esos autores que te acompañan toda la vida con su densidad poderosa. «No es una lectura, es una compañía», una presencia que «siempre está ahí». Pla es «gente de la que siempre estás aprendiendo, y eso vale un mundo, una vida».

 

Mario Noya en Libertad Digital.

 

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Hoy, está claro, que el buen periodista no es aquel que corre más para ser el primero sino el que mantiene la calma ante anuncios como este o similares. Saber el manejo de los nuevos tiempos periodísticos debería ser un valor en alza. Pero ¿cuán difícil es mantener ahora la calma? El periodismo ya no se mide por la sensatez sino por el descerebramiento generalizado. Mantener la cabeza fría y el corazón caliente no es lo mismo que tener la cabeza caliente y el corazón frío. Ser los primeros en “colgar” una mentira (o una broma macabra) tiene el mérito del ridículo. Una carcajada más estruendosa si cabe.

 

Laura Revuelta en su blog.

 

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El editor gestiona miedos: los de las fuentes y los de los lectores, los de los periodistas y los de los anunciantes y los suyos propios. Son miedos de difícil equilibrio. Pero un editor de verdad lo busca para hacer país y no para chantajear, como otros. La diferencia radica ahí: en estar donde caen las bombas y silban las balas, en vez de retreparse en el despacho de una ciudad lejana contemplando una cuenta de resultados sin personas ni noticias.

 

Paco Sánchez en La Voz de Galicia.

 

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El pe­rio­dis­mo pue­de y de­be te­ner una al­ta do­sis de in­sen­sa­tez, pe­ro no pue­de arries­gar­se a acu­dir a un con­flic­to en el que hay un cien por ciento de po­si­bi­li­da­des de ser ca­za­do. Es la úl­ti­ma ma­la no­ti­cia pa­ra es­te ofi­cio en tiem­pos de pe­nu­ria. El pe­rio­dis­mo de gue­rra pron­to pue­de ser un ofi­cio del pa­sa­do. No es una cues­tión de ro­man­ti­cis­mo, ni de co­ra­je ni ver­güen­za to­re­ra. Sí es una trá­gi­ca no­ti­cia pa­ra quie­nes su­fren el día a día de la bar­ba­rie.

 

Alberto Sotillo en ABC.