2016/25 — El adverbio

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"Los adverbios tienen una pésima prensa en la literatura. Un mal escritor podría decir que se comportan pésimamente." — Begoña Gómez Urzaiz.

 

 

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En la ficción encuentro un vínculo con lo que no he vivido, descubro aquello que siento próximo aunque no haya podido experimentarlo en carne propia. Esa es la razón por la que no existen lecturas contemporáneas. Todo libro puede ser contemporáneo porque, paradójicamente, todo lector puede ser anacrónico. Una gran ficción es aquella capaz de abolir la distancia entre el momento en que fue escrita y el momento en que es leída. Los libros que llamamos clásicos lo son porque han conseguido superar la prueba del tiempo, porque, en cierta medida, han conseguido sustraerse a la categoría del tiempo.

 

[…]

 

Sin el Holocausto, algunos de los más bellos y profundos textos del siglo pasado no habrían existido. Por ello es paradójico que Adorno hablara de la imposibilidad de la poesía después de Auschwitz; precisamente porque existió Auschwitz tiene aún sentido la poesía, cierta poesía.

 

Ricardo Menéndez Salmón en ABC Cultural.

 

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Camba está en la galería de retratos junto al patio andaluz de ABC, también en su hemeroteca inagotable, como un yacimiento expuesto y a la espera, como un Atapuerca del articulismo; está en algún veterano, último de Filipinas del articulismo; y en el lector, en las sagas de lectores que seguro se han ido transmitiendo por herencia algún ingenioso punto de vista del cronista.

 

Hughes en ABC Cultural.

 

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Los adverbios tienen una pésima prensa en la literatura. Un mal escritor podría decir que se comportan pésimamente. Gabriel García Márquez presumía de haber eliminado todos los acabados en -mente de su obra a partir de El amor en los tiempos del cólera. Stephen King suele decir que el camino al infierno está plagado de adverbios y V.S. Naipaul recomienda a los jóvenes escritores utilizar tan pocos como les sea posible. Pero también tienen sus bravíos defensores. Melville colocó cuatro, nada menos, y acabados en -ly (la versión inglesa del -mente) en el primer párrafo de Moby Dick y Edgar Allan Poe los usó en su relato El corazón delator… liberalmente.

 

Begoña Gómez Urzaiz en Cultura/s.

 

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—En su caso, ¿escribe para ser recordado?

 

—No me importa. Si mis libros pasan a ser invisibles cuando muera… realmente es lo que espero que suceda, porque es algo que le ha pasado a todo tipo de escritores todo el tiempo.

 

Entrevista de Inés Martín Rodrigo a Don DeLillo en ABC.

 

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Es imposible tener una buena revista a la mano y no abrirla, y no hojearla. Las revistas siguen siendo magnéticas.

 

Irreverencia periodística, jaque al poder político.

 

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Revestido de aparente sencillez, Léxico familiar nace de la nostalgia por recomponer los añicos de ese espejo que es el pasado. Reúne las características habituales que identifican al género novela excepto una: no es ficción. En una nota preliminar, la autora nos revela que cuanto leeremos es la historia de una familia, la suya; que nada ha sido inventado, pero no está entre sus objetivos hacer un relato exhaustivo: «La memoria es débil y los libros que se basan en la realidad con frecuencia son solo pequeños abismos y fragmentos de cuanto vivimos y oímos».

 

Laura Ferrero sobre Natalia Ginzburg en ABC Cultural.

 

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Hay tres tipos de inteligencia: la humana, la animal y la militar. Norman Mailer recordaba este chiste para añadir que hay también tres tipos de escritores: los poetas, los novelistas y los periodistas. Si los primeros parecen aristócratas “consentidos”, los segundos, por su monotonía diaria, serían más bien clase trabajadora. Los terceros, por fin, clase media, es decir, seres “pragmáticos y poco imaginativos”.

 

Javier Rodríguez Marcos en El País.

 

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Decía un artículo de 1926 que existen “escritores probos y escritores vanales y cleptómanos”. De la segunda calaña ofrecía un par de ejemplos:

 

«Ha habido quien intentó cobrar dos veces un artículo publicado. ¿Y qué no decir en cuanto a los llamados refritos? Dos poetas hay actualmente en Madrid, que son los maestros en esto. El uno sorprendió la buena fe de dos importantes publicaciones de la corte, y con ello consiguió que apareciese el mismo verso en ambas, con sólo una semana de intervalo. Y el otro, tras haber publicado una poesía en una de esas importantes revistas gráficas, se presentó un día, a los pocos meses, y la entregó, como si fuera nueva, al Director. Este le dijo: “Pero, hombre, C., si esto lo publicamos ya”. Y el vate le contestó: “Sí, es verdad; pero sabe usted que, por lo general, en España hace falta insertar tres veces la misma composición, porque la primera, el lector no la mira siquiera; la segunda, suele leer el título, y la tercera, es cuando se decide llegar desde éste a la firma”».

 

En el blog de Isabel Gómez Rivas.

 

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Cuando este domingo mi hijo y yo nos topamos de bruces con dos de los cachorros en el Retiro, dos muñecos gigantes, casi me da a mí el infarto antes que a él.

 

—Manu, ¡pero si es la auténtica Patrulla Canina! Están en Madrid en medio de una aventura. Vamos a saludarlos.

 

Pero él se quedó clavado en el parque, callado como una estatua, con el gesto volado. “¿Quiénes son?”, le pregunté. Me pidió que me agachase y dijo al oído: “Marshall y Chase”. Chase ya había dado dos pasos hacia él. El niño, serio, estiró la mano y la chocó con la del cachorro. Caí entonces en la cuenta del milagro que se estaba produciendo: después de tantos años, de tanta teoría, de tanta charla sobre ficción y no ficción, y tantos escrúpulos sobre nuestro oficio, que es el oficio de contar únicamente lo que pasa, todas las fronteras cayeron en ese momento. Todos los diques fueron desbordados.

 

Manuel Jabois en El País.

 

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Queremos más gente joven haciendo crítica en los suplementos y en las revistas. Es importante que se produzca un relevo y que gente con ideas frescas entre a ocupar lugares en los que sus ideas puedan llegar a muchas personas.

 

Entrevista a Ana S. Pareja, editora de Alpha Decay, en El Asombrario.

 

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—Escribe esencialmente ficción. ¿No le interesa el camino de la no ficción que probó en Los siete años de abundancia?

 

— Tuve esa necesidad tras ser padre porque sentí que era una especie de adaptador entre mi hijo y la vida y debía tener respuestas que darle. Pero mi pasión por la ficción es mayor que por la no ficción porque una pieza de ficción no sé lo que es, la de no ficción ya ha ocurrido. Lo mío son la ficción y los cuentos cortos. Lo que escribo me viene de las tripas. Siempre digo que la diferencia entre la novela y los cuentos se puede equiparar a conducir y surfear. Para escribir novelas tienes que saber adónde vas; cuando surfeas, solo tratas de no caer.

 

Entrevista de Maribel Marín a Etgar Keret en Babelia.

 

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—¿Está la joven literatura española tan condicionada por el mercado y por la precariedad como dicen?

 

—Supongo que sí. Publicar es cuestión de casualidad; y luego, mi vivencia particular es que con dos sueldos de traductor en casa y dos hijos no se puede hacer otra cosa que trabajar de sol a sol. Debe de condicionar la forma narrativa, por fuerza. Y lo que no se publica y se celebra, muere; lo que no se pliega a las convenciones, por muy obra maestra que sea, tiene todos los números para no publicarse jamás. Jamás. Estoy contra la idea absurda de que «el tiempo lo pone todo en su sitio».

 

Entrevista a Rubén Martín Giráldez en El Cultural.

 

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Para Umberto Eco, la regla fundamental de un texto de ficción es el pacto ficcional entre el lector y el autor según el cual el público acepta la verdad de las mentiras, como diría Vargas Llosa. En el texto de Angelika Schrobsdorff se da el proceso contrario. Estamos tan enganchados en el devenir de la trama, en la estructura sostenida sobre saltos temporales, en los desarrollos psicológicos de la contradictoria heroína y sus no menos contradictorios amantes, que aceptamos que los procedimientos de observación son los propios de una novela fuera de lo común, absolutamente absorbente y densa.

 

Lourdes Ventura reseña Tú no eres como otras madres en El Cultural.

 

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Y el mismo Naipaul añade en otro lugar: “Quería ser muy famoso. También quería ser escritor; quería ser famoso por escribir. La absurdidad de la ambición era que en aquella época no tenía ni idea sobre qué iba a escribir. La ambición llegó mucho antes que el material”.

 

Insisto en pensar que las cosas siguen siendo así para tantos jóvenes que también hoy acarician ese deseo de ser escritor de un modo igualmente vacío de objeto.

 

Ignacio Echevarría en El Cultural.

 

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Precisamente porque la capacidad de absorción de las redes es tan evidente me ha servido para reservarme horas diarias de lectura en un entorno protegido del crepitar digital, que muy probablemente en la era analógica se me iban en cualquier otra distracción. Al fin y al cabo, aunque les pueda sonar raro a los nativos del digital nunca hemos ido escasos de oportunidades para aplazar el momento de concentrarnos.

 

Gonzalo Torné en El Cultural.

 

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—Al final del libro dice usted que hay un reportaje que nunca ha escrito. ¿Cuál?

 

—Cuando mueren los padres te das cuenta de que no has aprovechado una fuente de información. En 1936, mi padre vivía en Morella, tenía una fábrica y era militante de Izquierda Republicana de Azaña. Agnóstico. Le incautaron la fábrica y lo condenaron a muerte. Después nunca quiso volver a Morella. Siempre me ha quedado el gusanillo: volver a Morella, un par de meses, y reconstruir esa historia. La de mi padre, la de mi familia.

 

Entrevista de Francesc Arroyo a José Martí Gómez en Ahora.