2016/28 — Don Capote

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"Cuántos disgustos habría ahorrado al mundo don Capote si antes de escribir sus novelitas non fiction, hubiera leído este párrafo. El relato de los hechos jamás tuvo que adoptar la forma de la ficción." —Arcadi Espada

 

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Los Estados nacieron para resolver problemas y, por ello, tienen que seguir respondiendo a las necesidades de sus ciudadanos. Si las democracias occidentales no lo consiguen, terminarán por desaparecer. No son imperecederas y están sufriendo una esclerotización institucional que puede ser severa, si no se encuentra un modo de reformarlas. Las elecciones no sirven por sí solas, políticos y ciudadanía deben acceder a otros mecanismos para afianzar la responsabilidad institucional.

 

Fukuyama utiliza el ejemplo del entramado institucional estadounidense, que caracteriza como una ‘vetocracia’, para mostrar cómo se erosiona una democracia hasta disminuir su funcionalidad por las constantes trabas en forma de vetos. La democracia debe, sobre todo, estar capacitada para adaptarse y recuperarse. Se deben gastar más esfuerzos en saber cómo reforzar las instituciones que en cómo controlarlas.

 

Joseba Louzao en ABC Cultural.

 

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¿Qué fue del costumbrismo? ¿Qué pasó con todas aquellas novelas que levantaban acta de la continuidad de fiestas juveniles y de los desvelos del artista sumido en la parálisis del fin de la historia? Aquel mundo encantado y estático quedó barrido por la crisis, y hoy por hoy un escritor joven (el costumbrismo prefiere manifestarse en el terreno de la incipiencia) ya no puede limitarse a describir sus vagabundeos nocturnos y su ennui sin parecer un marciano o un rentista. Pero no se deje engañar: aunque el mundo ha cambiado, el costumbrismo sigue allí. La crónica gris, la mirada chata, la planicie expresiva… se han trasladado al registro de las nuevas penurias económicas y laborales; refugiado en la literatura social, el costumbrismo sigue levantando sus pesadísimas actas. La misma tristeza artística, el conformismo vital de siempre.

 

Gonzalo Torné en Ahora.

 

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William Somerset Maugham (París, 1874 – Niza, 1965) murió como vivió: profundamente solo. Cuenta Selina Hastings, autora de la biografía The Secret Lives of Somerset Maugham (Penguin Random House, 2010), que en sus últimas horas pidió a su enfermera que le abrazara de la misma manera en que lo hacía su madre. Sus últimos recuerdos fueron para Edith Mary Snell, la madre perdida a los 8 años y a la que se sentía muy vinculado. La inocencia terminó para el escritor prematuramente; a partir de entonces, no volvió a ser plenamente feliz nunca más.

 

Joaquín Torán en Ahora.

 

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No quedan muchos viejos así en la vida real. Se los ha domesticado haciéndoles creer que aún son jóvenes, tanto que se los trata como a niños. Tiempo atrás escribí de la lástima que me daba un grupo de ellos, completando tablas de gimnasia en pantalones cortos, en una plaza. Con esos pantalones los vemos a manadas ahora, en verano. Sus hijas y nueras los han engañado: “¿Por qué no vas a ponértelos, si así vas más cómodo y fresco?” Apenas quedan viejos no ya dignos, sino que continúen siendo los hombres que fueron, sólo que con más edad. Hubo un tiempo –largo tiempo– en el que los ancianos no abdicaban de su masculinidad y jamás eran peleles infantilizados. En el que seguían siendo fuertes, incluso temibles, en el que se revestían de autoridad. Claro que era un tiempo en el que la sociedad no tenía prisa por deshacerse de ellos, por arrumbarlos, por entontecerlos, por desarmarlos y jubilarlos con gran soberbia, como si no tuvieran nada que enseñar. Si miran el retrato del primer Organista Félix Máximo López, seguro que reconocerán al instante de qué les hablo.

 

Javier Marías en El País Semanal.

 

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Una mano amiga desliza en mi papelera las novedades del próximo otoño de un poderoso grupo editorial. La envían, me cuenta, con este lema: “Youtubers, políticos, famosos, viners… ¿Quieres conocer nuestros próximos libros de No Ficción?”. Les ahorro su respuesta. Y es que hay preguntas que es mejor no hacer. Yo sólo planteo esta: ¿acaso no tienen ensayistas de fuste que llevarse al catálogo?

 

Juan Palomo en El Cultural.

 

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El otro artículo inspira el título del libro. Trata de los periodistas y el tiempo: “La verdadera actualidad no se limita a veinticuatro horas; concierne a la época, no al día. [El periodista genial] conquista el milenio porque domina su década a la perfección”. El artículo va muy cargado. Su cima está aquí: “El reportaje no necesita hoy en día ser elevado a la categoría de género artístico; posee ya forma artística, la suya propia, precisamente porque trata “solo de hechos reales”. Cuántos disgustos habría ahorrado al mundo don Capote si antes de escribir sus novelitas non fiction, hubiera leído este párrafo. El relato de los hechos jamás tuvo que adoptar la forma de la ficción. Se nota siempre que el frac es alquilado.

 

Arcadi Espada en El Cultural.

 

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—¿Le ayudó la poesía a encontrar su voz como narrador?

 

—Más que a encontrar mi voz, me ayudó, por ejemplo, a ejercitar algo tan importante como la capacidad de síntesis. Esto es muy útil para la prosa. Pero lo que noto sobre todo es que la narración me ayuda a despoetizar mi memoria.Yo hablo en mis relatos de un mundo, el mundo de mi infancia, que transcurre en una isla; esto no podría hacerlo en poesía, porque casi inevitablemente acabaría haciendo una elegía; sin embargo, en mis narraciones no hay nostalgia, no hay melancolía, casi no hay sentimentalismo.

 

Entrevista de Alberto Gordo a Vicente Valero en El Cultural.

 

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Dorothy Parker once wrote: “If you have any young friends who aspire to become writers, the second greatest favour you can do them is to present them with copies of The Elements of Style. The first greatest, of course, is to shoot them now, while they’re happy.”

 

Robert McCrum en The Guardian.

 

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No es de extrañar -porque no es un orgullo menor- que María Sonia Cristoff (Trelew, Argentina, 1965) reclame para sí misma el prurito de haber cultivado en los noventa casi en solitario cierta narrativa de no ficción que tan de moda había estado en la Argentina de los setenta con nombres como María Moreno, Raúl Rosetti, Matilde Sánchez u Osvaldo Baigorria, autores todos bien conocidos al otro lado del océano pero completamente ignotos en nuestro país. Por encima de todos reclama como padre tutelar al también casi desconocido en España pero autor de culto en Argentina Rodolfo Walsh, quien tuvo el honor y la audacia de inventar la novela de no ficción dos años antes que Truman Capote con un texto de referencia que, si hubiese estado escrito inglés, hoy sería un clásico de la letras universales: Operación masacre. Pero las referencias de Cristoff son también clásicas, vienen de más atrás, de la crónica periodística que cultivó otro importante autor argentinísimo, Roberto Arlt. El espíritu de sus estampas urbanas también se respira aquí, en esta “falsa calma” con la que la autora se sumerge en los pueblos más perdidos de la Patagonia argentina.

 

Andrés Barba en El Cultural.

 

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En lugar de apelar a roles y posiciones sociales o culturales, que definen la pertenencia de un sujeto a la escena pública, observamos mensajes diseñados para individuos singulares definidos únicamente por sus propios valores y pasiones privadas, incluso íntimas. Solo así se puede entender que una institución como el Estado español, en sus anuncios para la lotería Primitiva, induzca del modo más directo y rotundo valores que solo afectan al dominio personal. “No tenemos sueños baratos” es el lema que reúne la actitud de los distintos personajes que aparecen en su último spot, de Publicis Comunicación, manifestando el imbatible deseo de conseguir peculio y su naturaleza estrictamente individual. El “pfff” con el que vemos completar la cuestión “como me toque la primitiva” es una onomatopeya solipsista que abre un universo infinito de posibilidades, fantasías y ensoñaciones. El énfasis está en el gasto, en una hipotética felicidad basada en el consumo y el derroche.

 

Obscenidades: la imagen de los clientes en la publicidad.

 

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Todos los latinoamericanos —como ahora los españoles: ¡bienvenidos!— vamos por el mundo cargando a cuestas el fardo de pertenecer a países increíblemente jodidos que, de modo igualmente increíble, no han desaparecido, aún. Así que es normal que los demás se pregunten cómo es que en nuestros países convive la pequeña “alta” cultura con el enorme desastre político y social. Es natural, pues, que, si eres un escritor noruego, la gente quiera saber qué cereal desayunas y si te cepillas los dientes con la mano derecha o con la izquierda; y que, si eres latinoamericano, quiera saber cómo es que tu país, además de producir cocaína, favelas, El Chapo, corrupción, zika, telenovelas y Rajoy, logra producir literatura.

 

Valeria Luiselli en El País.

 

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In his attention to detail and his urge to clarity, Shawn resembled Ross. Yagoda relates how Shawn sent a memo to Matthew Josephson telling him that his profile of William Knudsen, a leader of the automobile industry, was “a stunning piece of historical reporting.” Then he wrote that he was appending “a few questions.” There were 178.


David Remnick sobre William Shawn.

 

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There’s an old saying in journalism, drummed into every cub reporter’s head: If your mother says she loves you, check it out.

 

Gay Talese and Sabrina Rubin Erdely seem to have overlooked this basic rule.

 

Gay Talese and Rolling Stone trusted their sources. Then we lost trust in them.

 

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In early August 2012, a book I wrote called Imagine was taken out of print and pulled from stores. This happened because I made several serious mistakes in the text. The worst of these mistakes involved fabricated quotes from Bob Dylan. In addition, there were passages where I relied on secondary sources that were not cited.

 

In the months that followed, other mistakes and failures came to light. In one instance, I plagiarized from another writer on my blog. My second book, How We Decide, was later taken out of print due to factual errors and improper citation.

 

I broke the most basic rules of my profession. I am ashamed of what I’ve done. I will regret it for the rest of my life.

 

To prevent these mistakes from happening again, I have followed a simple procedure in this book. All quotes and relevant text have been sent to subjects for their approval. This also applies to the research I describe: whenever possible, my writing has been sent to the scientists to ensure accuracy. In addition, the book has been independently fact-checked.

 

In his new book, Jonah Lehrer expresses shame and regret about his old books.

 

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“Te digo con desvergüenza que el escritor de no ficción es camaleónico. Si me acerco a un bandeonista, mi alma se vuelve bandeonista. Si me acerco a un boxedor, tiro puñitos. Cuando te acercas a alguien que te va a contar una historia hay que seducirla”, desvela. Como hoy se le acercó un andaluz, dice que le gusta el gazpacho.

 

Entrevista a Alberto Salcedo Ramos en El País.