5 cosas por las que ha valido la pena seguir vivo esta semana (48)

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1.

 

El artículo de Álvaro Colomer para Cultura/s de La Vanguardia, «Los escritores jóvenes y la llamada de Dios». Aquí.

Un extracto:

«Núria Bendicho tiene una deuda con Dios: le prometió que, si se curaba de una enfermedad que padeció el año pasado, iría a Jerusalén para besar la tumba de su Hijo. En la actualidad, está ahorrando dinero para realizar ese viaje. La autora de Terres Mortes (Anagrama en catalán y, próximamente, Sajalín en castellano) hizo ese voto porque no entendía “por qué Dios me castigaba. La mayoría de gente, como es atea, me decía que mi enfermedad había llegado por azar y que no debía darle tantas vueltas. Pero entonces entendí que es en el sufrimiento donde se demuestra la fe, puesto que, aunque erradicáramos toda maldad del mundo, el sufrimiento seguiría existiendo”.»

 

2.

El artículo de Miguel Ors Villarejo para The Objective «El ‘management’ de los Beatles: míralos y haz todo lo contrario». Aquí.

Un extracto:

«En 1973, siendo yo un preadolescente, fui con mi padre al circo. A mí nunca me ha gustado. Me angustia pensar que el funambulista va a patinar en el alambre, el acróbata no llegará al columpio y el elefante le aplastará la cabeza del domador. Los payasos no me hacen ninguna gracia y huele todo a boñiga, pero a mi padre aquel espectáculo le fascinaba y decidió que era hora de que lo conociera mi hermano pequeño, que no tenía a la sazón ni cinco años.

Aquella tarde la pasé, como siempre, regular, pero la función avanzaba sin mayor contratiempo cuando, durante una pausa, el jefe de pista aulló por megafonía: «¡Damas y caballeros, noticia de última hora! ¡Los Beatles han vuelto a reunirse!».»

 

3.

El tema «Rock Boppin´Baby», interpretado por Devil´s Daughters junto a Danny B. Harvey.

 

4.

La performance caminada de Irena Haiduk, Spinal Discipline (2017), para la Documenta 14.

© Anna Shteynshleyger

 

5.

Lo último de Nacho Vegas: «Big Crunch», o de cómo una guitarra cortante y filosa, capitaneando el barco, puede cambiar -para mucho mejor- la fisionomía de una canción.

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