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Mientras tanto5 preguntas a David Refoyo sobre Los restos

5 preguntas a David Refoyo sobre Los restos

Sestear absorto y pálido   el blog de Jose de Montfort

 

David Refoyo (Zamora, 1983) es narrador y poeta, además de publicista. Ha publicado los poemarios Odio (La Bella Varsovia, 2011), amor.txt (La Bella Varsovia, 2014), Donde la ebriedad (La Bella Varsovia, 2017) y El fondo del cubo (Visor, 2020) con el que obtuvo un accésit en el XXX Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma y resultó finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2021; y Redención (La Bella Varsovia, 2021) también finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2022. Asimismo, ha publicado las novelas 25 centímetros (DVD Ediciones, 2010), El día después (Ediciones Lupercalia, 2014) y, más recientemente, Los restos (Editorial Dieciséis, 2025).

Los restos es una novela íntima, una vuelta a las raíces de un personaje que se ha perdido en la vida. El detonante de la muerte de su abuelo le lleva la narrador de Los restos a confrontar la soledad del mundo rural, a volver a tomar conciencia de la naturaleza, la calma y de sí mismo. Una novela que nos invita a huir del ruido contemporáneo y nos habla de las verdades más íntimas de cada quien.

Para saber más sobre la novela, conversamos con su autor.

 

1. A pesar de su apariencia de narrativa neorural, en realidad podríamos decir que Los restos tiene más que ver con el mandato y la aceptación del origen que del entorno. ¿qué opinas sobre esto?

Hay bastantes ingredientes de esa neorruralidad en Los restos, como la despoblación, la naturaleza, la búsqueda de la identidad, la soledad o el conflicto entre lo rural y lo urbano. Es una novela de conflictos que se traducen en esa aceptación que señalas. El protagonista decide dejar de correr y regresar al pueblo hasta mimetizarse con lo que recuerda de su abuelo que es casi una figura de ficción fruto de la memoria. Acepta una suerte de destino y busca una verdad que explique lo que siente, aunque no tengo claro que lo que busca y lo que termina encontrando sean lo mismo.

2. Se podría decir también que Los restos es una especie de intento de recuperación del tiempo perdido. En este caso el disparador es la muerte del abuelo, pero podría haber sucedido que no se produjese nunca esa especie de click y el narrador se perdiera para siempre. ¿Crees que ese es el gran peligro de nuestro mundo contemporáneo, el de perdernos de nosotros mismos, ese no saber quiénes somos?

Totalmente. Vivimos sumergidos en el ruido, en la velocidad, en el estímulo permanente y eso hace que evitemos hacernos preguntas. Que no hablemos con nosotros mismos. Desaparecido Dios como interlocutor, que era el vehículo que utilizábamos para generar esa comunicación interior y buscar nuestro sitio en el mundo, en el valle de lágrimas que decía la Biblia y que superábamos al llegar al cielo. Sin Dios, sin cielo, sin nada a lo que agarrarnos estamos desprotegidos. Puede que el pueblo, o más bien el silencio, sean la única resistencia.

3. Sin desvelar una de las subtramas del libro, podemos decir que el abuelo del narrador y un amigo suyo de la infancia se cartean durante décadas y mantienen el vínculo en la distancia (uno en Zamora y el otro en Buenos Aires). Hoy día, y es una de las paradojas que se exploran en la novela, aunque parezca que estamos hiperconectados, los vínculos son cada vez más frágiles, ¿verdad?

En amor.txt, un poemario que publiqué en 2014, decía: La era de la comunicación no garantiza el contacto. Con el paso de los años esta paradoja se ha exagerado, pero no solo en las relaciones personales, también en la búsqueda de información y en comprensión del otro. Disponemos de todas las herramientas y, sin embargo, desertamos de nuestra labor humana.

4. Uno de los temas importantes del libro es el lenguaje, la comunicación, pero me atrevería que decir que es el poder de la escucha, la capacidad de captar lo que no se escucha, del silencio. Y eso es tremendamente poético. 

Escuchar es algo de otro tiempo, ahora generamos contenido todo el tiempo, ya sabes, y lo que los demás digan nos da un poco igual. El narrador de Los restos vuelve al pueblo de sus abuelos a no hacer nada, salvo escuchar. Escucha a Carmen, la vecina. Escucha a los vendedores ambulantes, al repartidor de Amazon, a la chica de la ferretería. Escucha a su abuelo muerto y a Marcelino desde Buenos Aires. Escucha a las plantas, a los árboles, y es en esa energía contenida en la savia, en las raíces, donde encuentra la única verdad posible, la que explica el contexto y sustenta la decisión del regreso.

5. Y hablando de poesía, has publicado cinco poemarios y tres novelas, ¿de qué manera dirías que uno y otro género se retroalimentan, intoxican, complementan y/o repelen en tu obra?

Quiero creer que no hay unos límites demasiado marcados en lo que hago, aunque es inevitable etiquetarlos. Esta novela es, en el fondo, un libro de poesía, de prosa poética, quizá. Mis poemarios, por otra parte, son bastante narrativos. Me gusta pensar que lo que leo es lo que contamina lo que escribo y que el futuro es de quienes aman las etiquetas (y los hashtags), que esta defensa de la superación de los géneros literarios es algo muy noventero. Ya que volvemos hacia lo conservador, volvamos con todo.

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