#5cosas por las que ha merecido la pena estar vivo esta semana (40)

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1.

Esa suerte de diario de a bordo que es «2020», de Mafalda, incluido en su último disco, Les infelices.

 

2.

El tema «Poeta con autotune», de Yago KP.

 

 

3.

 

La canción «Por favor, no difundas las fotos íntimas que te mando solo a ti», de Marta Movidas.

 

4.

La entrevista de Pau Turina a Eduardo Halfon para el segundo número de la revista argentina de literatura, Desmadres. Aquí.

Un extracto:

«¿Creés que hay algún rasgo que englobe la literatura latinoamericana contemporánea? 

Creo que es imposible englobarla porque somos países muy distintos, pero, al mismo tiempo, muy similares. Cuando escribo un libro sobre la guerra o sobre la dictadura, o sobre la represión o las desapariciones en Guatemala, un argentino, un chileno, un mexicano lo entienden perfectamente. Tal vez no seamos tan distintos como creemos en términos de generación literaria. Eso es lo que muchos quisieran saber: ¿qué nos une como escritores latinoamericanos? No se sabe aún. Un rasgo que veo es que muchos de mis amigos y colegas latinoamericanos ya ni siquiera están en Latinoamérica, algunos escriben desde España, Estados Unidos, Francia, Berlín. Ya no es una generación geográfica de escritores y tampoco lo es necesariamente el lenguaje, porque hay escritores latinoamericanos que escriben en inglés, por ejemplo. Si hay algo que quizá nos hermana es ser una especie de escritores cosmopolitas, de llevar a Latinoamérica por todo el mundo.»

 

5.

 

 

El artículo de Matías Escalera,»Sobre arte y poesía», publicado en Culturamas y que reflexiona sobre si es posible y deseable un ¿exceso? de autocrítica en la izquierda.

Un extracto:

«Esa inclinación a la autocrítica, a hacer preguntas sobre nosotros mismos y nuestras prácticas, a considerar que el objeto más interesante de la reflexión ideológica y política, hoy –en esta coyuntura concreta–, desde la izquierda, es la izquierda misma: cómo nos pesan, por ejemplo, nuestros hábitos más conservadores, o cómo nos lastran las inercias adquiridas y nuestros protocolos calcados, al milímetro, del enemigo de clase, al que pretendemos combatir, se considera, a menudo, incómoda o excesiva. Y, tal vez, lo sea para algunos –o muchos– de mis compañeros y compañeras; pero estoy convencido de que, en la izquierda, no hay nunca –no debería haber, al menos– exceso de autorreflexión y que su falta es, precisamente, una de las causas de nuestra división; pensar en común, debatir con franqueza, disentir nos une; no hacerlo –por contra– nos separa».

Pueden leer el texto completo aquí.

 

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