#5cosas por las que ha merecido la pena estar vivo esta semana (56)

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1.

El tema «Eguzkiari itxoiten», primer single del disco «Niña Coyote eta Chico Tornado Vs. Don Cóndor eta Ñora Alacrán»

 

2.

La canción «Recógeme», uno de los temas del EP, «Mira», de Jorge Prada. En versión en directo para las Barber Sessions.

 

3.

El «Astrofeminism manifesto», de Jana Astanov.

 

4.

La obra «Paravent» (2019), de Yann Sérandour.

 

5.

 

El artículo de Carlos Prieto y Diego Pascual sobre el origen de La hora chanante, «20 años del día en que cambió nuestro humorpara siempre: «Hacíamos 0% de ´share´», para El Confidencial. Aquí.

Un extracto:

«El 2 de febrero de 2002, Día de la Marmota, se estrenó el primer episodio de ‘La hora chanante’ en Paramount Comedy. La audiencia no alcanzó unos mínimos para ser medida, de modo que se le adjudicó un 0% de ‘share’, una cifra que mantendrían durante meses. El único comentario sobre el programa surgió en los foros de Paramount, y decía: «¿Pero quiénes son estos melones?». En una España donde todavía arrasaban Cruz y Raya y los doblajes de ‘El Informal’, las coñas privadas de un grupo de amigos fueron haciéndose hueco en la televisión de pago hasta convertirse en un gigantesco fenómeno social. Desde entonces, es difícil pasar mucho tiempo sin escuchar un «viejuno», «a cascoporro», «culocarpeta» o «qué marcha me llevas» en la calle.

Hoy, Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López, Pablo Chiapella, Raúl Cimas y Carlos Areces, los chanantes originales, están entre los cómicos mejor pagados del ‘show business’, pero en sus comienzos solo un puñado de ejecutivos de Paramount siguieron riéndoles las gracias hasta contagiársela a todo el país. Esta es la historia oral de un grupo de estudiantes que cambiaron para siempre el humor de España.

En el principio fue Cuenca. Casi todos los chanantes estudiaron Bellas Artes allí en los años noventa. Aunque eran de promociones diferentes y solo algunos formaron piña, los años conquenses afilaron su guasa en un entorno propicio: una nueva facultad sin miedo a las extravagancias creativas. “Pasar por Cuenca nos marcó a todos”, cuenta Joaquín Reyes. O aquellas locas juergas universitarias como capítulo cero de ‘La hora chanante’.»

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