#5cosas por las que ha merecido la pena estar vivo esta semana (78)

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1.

El artículo de Vicente Luis Mora «La erosión digital como problema para la lectura crítica de literatura contemporánea», publicado en la revista álabe y que continúa su reflexión iniciada en el libro La escritura a la intemperie (2021), del que ya hablamos aquí.

Un extracto:

«Aunque suele decirse que vivimos en una era de visibilización total y de archi-vo continuo, donde nada puede esconderse, lo cierto es que algunas evidencias parecen atender a una realidad no coincidente con tal aseveración, pues de continuo asistimos a la pérdida de datos, el escamoteo de las verdades y los hechos —aunque no siempre sea a través de su desaparición, sino al terminar éstos sumergidos por un mar de datos mani-pulados y mentiras virales— y a la existencia de numerosos poderes borrosos, invisibles o difícilmente detectables, de lo cual es muestra la conocida como Deep Web o red oscura. Estas ausencias y pérdidas de datos y referencias afectan también, como es lógico, a las arquitecturas digitales, pues éstas no son eternas, ni inatacables, y se ven sometidas a procelosos procesos de financiación, sostenimiento informático, continuidad de licen-cias, permisos y renovación de dominios y/o URL que pueden interferir en su duración. A esa pérdida de datos relevantes para la lectura —y, en su caso, para el acceso a formas digitales de literatura—, es a la que aquí nos referimos con el término de erosión digital»

 

2.

El tema veraniego de Nu Genea (feat. Célia Kameni) «Marechià»,

 

3.

 

© El Correo

El artículo de Felipe Cabrerizo en Rockdelux sobre la obra y milagros del cantante Malcolm Scarpa, recientemente fallecido a los 62 años de edad. Aquí.

Un extracto:

«En una entrevista concedida a Rockdelux –número 338, abril de 2015– con motivo de la publicación del que terminaría siendo su último disco, “Something Like That!” (Sunthunder, 2015), Malcolm Scarpa (de nombre: Juan Manuel Morillo Scarpa; Madrid, 1959-2022) se confesaba harto del estatus de músico maldito al que parecía condenado: “Estoy cansadísimo de las buenas críticas. Si se pudiera pagar con ellas, viviría como Dios”. Tener que remitirnos a unas declaraciones de hace siete añazos para arrancar este texto no hace sino confirmar que ese, el del malditismo, fue el hábitat natural de un intérprete cuyas apariciones en prensa eran gemas tan extrañas como sus propios discos, expresiones de un músico libérrimo que nunca se vio sujeto a géneros, códigos, ni mucho menos variables de la moda.

Los álbumes de Scarpa eran como aquellos sobres-sorpresa de Montaplex que se vendían en los quioscos de los 80, en los que nunca sabías qué chuchería encontrarías al abrirlos. Pocas discografías más abiertas y heterogéneas que la suya, pero que nadie apele a la sorpresa: qué otra cosa podía ofrecer un músico que había elegido para bautizarse artísticamente un apelativo en recuerdo de ese otro Malcolm, Le Maistre, que tras militar en el grupo de folk psicodélico The Incredible String Band se lanzaría a los procelosos piélagos del teatro experimental.»

4.

La obra de Anna Orbaczewska «Jump».

 

5.

El artículo de Josh Dzieza para The Verge «The great fiction of AI / The strange world of high-speed semi-automated genre fiction». Aquí.

Un extracto:

«The tool was called Sudowrite. Designed by developers turned sci-fi authors Amit Gupta and James Yu, it’s one of many AI writing programs built on OpenAI’s language model GPT-3 that have launched since it was opened to developers last year. But where most of these tools are meant to write company emails and marketing copy, Sudowrite is designed for fiction writers. Authors paste what they’ve written into a soothing sunset-colored interface, select some words, and have the AI rewrite them in an ominous tone, or with more inner conflict, or propose a plot twist, or generate descriptions in every sense plus metaphor.

Eager to see what it could do, [Jennifer] Lepp selected a 500-word chunk of her novel, a climactic confrontation in a swamp between the detective witch and a band of pixies, and pasted it into the program. Highlighting one of the pixies, named Nutmeg, she clicked “describe.”

“Nutmeg’s hair is red, but her bright green eyes show that she has more in common with creatures of the night than with day,” the program returned.

Lepp was impressed. “Holy crap,” she tweeted. Not only had Sudowrite picked up that the scene Lepp had pasted took place at night but it had also gleaned that Nutmeg was a pixie and that Lepp’s pixies have brightly colored hair.

She wasn’t sure how she felt about using AI, but like many independent authors, she was always quick to adopt technologies that could help streamline her operation. She had already compiled a database of novels to search when she felt she was overusing a phrase and wanted to see how other authors finished the sentence. She told herself she would use Sudowrite the same way — just inspiration, no cutting and pasting its prose. As an independent author, a small increase in production can yield big returns.»

 

 

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Bola extra: El tema de Charlie Rich «Midnite Blues».

 

 

 

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