#5cosas por las que ha merecido la pena estar vivo esta semana (85)

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1.

El tema «Wet dream» de Wet Leg.

 

2.

El poema de Oliver de la Paz «Aubade with Bread for the Sparrows»

Dice así:

«The snow voids the distance of the road
and the first breath comes from the early morning
ghosts. The sparrows with their hard eyes
glisten in the difficult light. They preen
their feathers and chirp. It’s as though they were one
voice talking to God.
                                    Mornings are a sustained hymn
without the precision of faith. You’ve turned the bag
filled with molding bread inside out and watch
the old crusts fall to the ice. What’s left
but to watch the daylight halved by the glistening ground?
What’s left but an empty bag and the dust of bread
ravaged by songsters?
                                       There are ruins we witness
within the moment of the world’s first awakening
and the birds love you within that moment. They want
to eat the air and the stars they’ve hungered for, little razors.
Little urgent bells, the birds steal from each other’s mouths
which makes you hurt. Don’t ask for more bread.
The world is in haste to waken. Don’t ask for a name
you can surrender, for there are more ghosts to placate.
Don’t hurt for the sparrows, for they love you like a road.»
3.
Rhizomatika Lab
El artículo de Galo Abrain para Retina «De Elvis a C. Tangana: futurofobia y nostalgia del mundo de ayer«.
Un extracto:

«Vuelve la música del pasado como demuestra el furor que Stranger Things, de ambientación nostálgica ochentera, ha desatado por Kate Bush y Metallica; y la supuesta nueva música recupera viejos ritmos: C. Tangana, Fuel Fandango, Califato 3/4 y un largo etcétera. Y, por supuesto, las obras que traen a la cotidianidad urbana la parsimonia suave del campo y la esencialidad desvestida de lo rural. Estos guiños a la tierra y la piedra están encarnados en España, entre otros, por Feria, de Ana Iris Simón, y la más reciente Alcarrás, de Carla, ¡mira tú!, también Simón, que volveré a mencionar más adelante. Todos estos ejemplos dan buena fe de esta ‘modernidad nostálgica’ y se alzan como provocaciones a la manifiesta autoridad del progreso como único sinónimo de lo correcto.

Una de las razones que se barajan es la decepción de los logros en un momento en que, según las ficticias predicciones del pasado, ya deberíamos tener colonias en la Luna, coches voladores, esperanto callejero o sociedades de una indiscreta distopía. Nada de eso. Somos la decepción de la mirada emocional que se vertía sobre este futuro décadas atrás. En el pasado, la inteligencia artificial (IA) nos traería robots conscientes con los que establecer peligrosos debates ontológicos sobre el alma de los seres, o un leitmotiv para que la raza humana, en su conjunto, se uniera al encontrar un enemigo común. Pero, en vez de eso, nos encontramos con una IA que nos permite conocer cómo serían los personajes de El Señor de los Anillos, decepcionando así al personal con que Orlando Bloom es demasiado guapo para ser Legolas, sistemas de predicción de gustos o coches autónomos que, no sólo de volar poco, sino que hasta se dan piñazos mortales en carretera. Una desilusión que cautiva e invoca algo poco común en los modelos de globalización capitalista, una mirada cariñosa al pasado, la desaceleración y las viejas estructuras sociales.»

 

4.

El lienzo de Ewa Rzeznik »La Cote D’Emeraude»(2020).

 

5.

El tema de Laura Sam & Juan Escribano «Algoritmo» (2021).

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