Hannah Arendt: ¿Qué queda? Queda la Lengua Materna

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La voz de Hannah Arendt (1906, Hannover (Alemania); 1975, Nueva York) es una de las más potentes del siglo XX. Su persecución como judia, en la Alemania nazi, y su posterior emigración a Estados Unidos la marcaron no solo por la crueldad y el sufrimiento de su experiencia con el totalitarismo, sino por la sensación de apátrida durante muchos años, hasta que finalmente (o incluso aún) fue nacionalizada como estadounidense. Estas circunstancias personales hacen que en su obra muestre a un ser humano sin tierra.

Esta entrevista fue realizada por Günter Gauss para la televisión de Alemania Occidental el 28 de Octubre de 1964. En ella, Arendt reflexiona sobre qué queda en ella de la lengua materna y de cómo la lengua es un elemento cultural. Integrador. “No creo haberme considerado nunca a mí misma como alemana, en el sentido de pertenencia al pueblo alemán”, explica en un momento de la entrevista, a lo que añade: “Me preguntaban: ‘Está claro que eres alemana’, y yo decía: ‘A la vista está que no lo soy’. Pero eso no me importaba, no me hacía sentirme inferior”. Interesante reflexión, muy adecuada a estos tiempos en conflicto sobre las lenguas vehículares, puesto que además de ofrecer respuestas y proponer críticas, no ha perdido su vigencia temporal.

Siempre, desde que recuerdo, quise ser periodista, así que estudié la licenciatura, másters, y durante varios años ejercí un periodismo “tradicional”. Mucha calle y redacciones que me enseñaron a desenvolverme. Pero la crisis y la necesidad de conciliación, la maternidad, la vida, me llevaron a convertirme en autónoma. Siempre fui una superviviente. Trabajadora, proactiva, curiosa, resolutiva… Y en constante aprendizaje. Sigo siendo periodista, pero casi como forma de vida: una apasionada periodista “buscavidas”.

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