viernes, julio 19, 2019

Vida y muerte de Rafael Sánchez Ferlosio

En encogido silencio despedimos en el cementerio de La Almudena a este divino náufrago, divino sobre todo por el impresionante empeño. A ratos hasta parecía que estuviésemos en el legendario entierro de Larra, algo así como un hermano lejano. Faltaban las masas, los penachos y carrozas, los disparos, los próceres y el ambiente nacional. Ningún Zorrilla recitó versos famosos. Aquí sólo hablaba el silencio sepulcral y únicamente se sentía el dolor familiar de Deme y Lucía que brotaba mansamente del abismo de los sentimientos, mientras los demás, estupefactos, creíamos percibir el eco de su voz crítica que nunca aceptó el “vuelva Ud. mañana”, ni contemporizó con lo hueco, lo falso o las miserias habituales de la patria que arrastramos por la historia como el condenado arrastra sus pesadas cadenas

Acerca de los apuntes biográficos de Rafael Sánchez Ferlosio

¿Quién fue Rafael Sánchez Ferlosio? Además de hijo de ministro falangista Rafael Sánchez Mazas y escritor de prosa sublime con vocación y entrega, de saberes babilónicos, tenía una humildad por encima de toda sospecha. Probablemente estemos ante el último hombre moral.

Rafael Sánchez Ferlosio era Alfanhuí

En el zurrón de Alfanhuí viajan revueltos como su pelo Kafka y Leopardi, la paradoja, el resuello y el campo, los animales, la palabra, la gramática, los niños, la ternura, la humildad rabiosa, la oscuridad, la bondad y el desaliño. La amistad. La máquina de escribir, y el tren
Blaise Cendrars retratado por Amedeo Modigliani, 1917 (detalle)

Una mirada literaria al ‘milieu’ de entreguerras. En torno a Blaise Cendrars

Blaise Cendrars siempre escribió lo que le apetecía en cada momento, atendiendo a sus intereses literarios y al deseo nunca satisfecho de hacerse rico, algo común a muchos escritores desde Horacio. Libros de la trapisonda edita su hampa

Un marino en la isla del laberinto. Creta

Gkagkales es apenas una esquirla sobre el mapa. De aspecto alargado y fino. Blanco sobre marrón. Está muy cerca de Phaistos, ya cruzada la imponente muralla del Psiloritis. Huele a mar, a salitre, pero aún no se ve la enorme mancha azul que rodea la vida en Creta

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