A ese lado del paraíso

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El ministro Ábalos es uno de mis ministros favoritos de siempre. Aunque yo creo que le superaría Lastra de haber sido elegida por Sánchez (todavía podría serlo) como gobernanta. Gobernanta le hace más justicia que ministra. Hoy la he escuchado en un mitin decir con el gesto desencajado, a propósito de Vox: “¡Es que son fascistas! ¡Son fascistas!”, que es como pondría firmes a los inquilinos de su hotel. La imagino así, presentándose de pronto en el recibidor, empuñando un rodillo o un atizador de chimenea, tras lo que veo un revuelo de pensionistas apareciendo y desapareciendo por las puertas, poniéndose los sombreros en apurado ademán cortés, justo antes de que Adriana se dé la vuelta y vuelva a sus quehaceres, despotricando para sí: “¡Es que son fascistas! ¡Son fascistas!”. Ahora tengo mis dudas. Me refiero a quién de los dos, si Ábalos o Lastra, colmaría mis preferencias. Yo creo que Ábalos es de mis favoritos porque tiene menos pinta de ministro que los que apenas tienen pinta de ministros. Y además es un ministro en funciones. Un ministro en funciones es un ministro que goza de todos los privilegios del cargo, pero se libra de la mayoría de sus responsabilidades. Ábalos dijo el otro día, después de asumir la noticia de la subida del paro, que una de las explicaciones de ese aumento es que los españoles tienen más confianza en encontrar un trabajo. Yo lo oí en la televisión sin verle, y al instante me volví para mirarlo. Vi su cara y pensé que iba a sonreírse y decir, antes de marcharse levantando su copa de vino: “Ahí lo lleváis”. No lo dijo, pero la realidad es que ahí lo llevamos. Yo creo que Lastra alcanzaría cotas aún más elevadas como gobernanta. Todo es posible con la actual y futurible caterva ministerial, autora de éxitos imperecederos como el clásico “Pixie y Dixie” o el recientísimo “¿Quién controla la Fiscalía?”. A Lastra la veo últimamente tomando posiciones y no quepo en mí de la emoción. Ella quiere, yo lo siento así (el desaforado “¡Es que son fascistas!, ¡son fascistas!” en un “¡quiero ser ministra!, ¡ministra!” en clave electoral), del mismo modo que veo a Ábalos, entre verso y verso, cómo apura con deleite, entre la niebla del paraíso, su impresionante ministerio.

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