A favor de la vida

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Si yo alguna vez fuera muy viejo y estuviera muy enfermo y sufriera dolores continuos, si mi vida se viera reducida a un sufrimiento sin esperanza, si mis facultades físicas hubieran entrado en una fatal decadencia y las mentales se nublaran, yo no desearía vivir así indefinidamente ni ser mantenido con vida de forma artificial. Desearía que me dejaran morir tranquilamente.

 

Llamémosle eutanasia. Digamos entonces, por lo que pudiera servir, que me declaro defensor de la eutanasia en casos extremos como los que todos conocemos y se han presentado durante los últimos años a la opinión pública.

 

Creo que es legítimo, por supuesto, estar en contra de la eutanasia, y que los que defienden la prohibición de la eutanasia tienen argumentos para hacerlo. Creo que es lógico que la posibilidad de decidir sobre el destino de una vida no sea algo que se conceda a la ligera. Ahora bien…

 

Ahora bien, lo que me fascina más allá de toda medida es que los que están en contra de la eutanasia no digan nunca que están en contra de la eutanasia, sino “a favor de la vida”. Me fascina que digan, por ejemplo, que se oponen a matar ancianos para ahorrar gastos a la seguridad social. Me escandaliza que se manifiesten en contra de una supuesta “visión posmoderna” del hombre que define al hombre por su capacidad para obtener placer, de modo que cuando el ser humano ya no puede gozar y divertirse, lo que hay que hacer es exterminarlo.

 

¿Tan poca fe tienen en sus verdaderos argumentos (ya que, sin duda, deben de tener verdaderos argumentos) como para reducir la situación a esa obscena serie de caricaturas y deformaciones malintencionadas de las ideas del otro?

 

Estos días podemos ver algunas de estas ideas expuestas, por ejemplo, en la publicidad del canal televisivo “Intereconomía”, cuyo logotipo es un toro que embiste. Hay millones de españoles, dice la publicidad, que se oponen a matar a los ancianos enfermos para ahorrarle gastos a la seguridad social. El mensaje da por sentado que hay otros españoles (millones también, supongo) que consideran que es necesario liquidar a los viejos que llenan los hospitales para ahorrarse esos penosos gastos sanitarios.

 

Creo que el aborto o la eutanasia son temas complejos que suscitan muchos interrogantes. Pero me inquieta que los argumentos en contra tengan la forma de una deformación sistemática y tremendamente maliciosa de la realidad. Sería como acusar de “hedonistas a ultranza” a los que se oponen a la tortura, o afirmar que los que protestan contra los ultrajes de Guantánamo, por ejemplo, defienden que el estado se dedique a agasajar y a premiar a los asesinos. Jugar así con las palabras y con las ideas y retorcerlas de forma tan malintencionada y tendenciosa, sobre todo en temas tan delicados, me parece algo moralmente muy bajo.

 

Una última reflexión. Hace poco veía un documental sobre el puente de San Francisco (The Bridge) donde se muestran muchos casos de personas que saltan a las aguas de la bahía para quitarse la vida. En algunos casos, una mano amiga les agarra antes de que puedan saltar. Y esto es maravilloso y emocionante. Pero lo que viene a continuación resulta muy chocante: llega la policía, ponen unas esposas al frustrado suicida y se lo llevan detenido. ¿No les parece que esto es muy extraño?

Madrid, 1961. Escritor. Estudió Filología Española en la Universidad Autónoma de Madrid y piano en el conservatorio. Fue pianista de jazz y profesor de español. Vivió en Nueva York durante unos cuantos años y en la actualidad reside en Madrid con su mujer y sus dos hijos. Es autor de las novelas La música del mundo, El mundo en la Era de Varick, La sombra del pajaro lira, El parque prohibido y Memorias de un hombre de madera y del libro de cuentos El perfume del cardamomo. Ganó el premio Bartolomé March por su labor como crítico literario. Ha sido además crítico de música clásica del diario ABC, en cuyo suplemento cultural escribe desde hace varios años su columna Comunicados de la tortuga celeste. Su ópera Dulcinea se estrenó en el Teatro Real en 2006. Acaba de terminar una novela titulada La lluvia de los inocentes.

11 COMENTARIOS

  1. No, no me parece extraño. En
    No, no me parece extraño. En la dictadura, en España, se juzgaba y condenaba (penas de cárcel) a los suicidas frustrados. Tuve una amiga que se salvó y se salvó de la cárcel porque el proceso judicial le pilló en pleno cambio político y se sobreseyó la causa. No todos los países tienen una Constitución como la nuestra

  2. ¡EXIGIMOS LA APLICACION

    ¡EXIGIMOS LA APLICACION INMEDIATA DE LA EUTANASIA A D. IBAÑEZ!

    Claramente sus escritos de las últimas semanas revelan ¿rebelan? que no puede llevar una vida digna. Como diría I.J. Reilly «carece de Teología y de Geometría»

    Considero de mal gusto que cuando se cobra de un grupo como VOCENTO se dedique a criticar a otro como Intereconomía ¿tal vez dolido porque no le llaman a sus Tertulias como a JM de Prada? Si no le gusta ignórelo, es un grupo privado que gasta su dinero como quiere. Gracias

    • Siempre es interesante

      Siempre es interesante descubrir cómo cuando se habla de un tema X, si uno está en contra se supone que está enfadado con alguien, y si uno está a favor se supone que alguien es amigo de alguien o debe un favor. En España siempre que alguien dice algo se supone que tiene uno de los siguientes motivos: (a) es enemigo personal de alguien, le han hecho una putada, quiere quedar bien con una tercera parte, o (b) es amigo personal de alguien, busca alianzas o debe favores o quiere quedar bien con una tercera parte. Lo que nunca se piensa en España es la posibilidad (c), que es que el que escribe, escribe lo que piensa. Curioso país este.

  3. Efectivamente tanto el aborto

    Efectivamente tanto el aborto como la eutanasia son asuntos complejos, pero mi solución es sencilla. Estoy en contra de ambos. Ya sé que hay casos en los que es imposible no conmoverse ante lo que se le viene encima a una persona, pero las cosas funcionan como funcionan, y el caso del doctor Montes es ilustrativo: Llega uno con la tensión descompensada y lo sedan para que no sufra. Es cierto que la vejez es un naufragio, pero tiendo a pensar que no es bueno asesinar a los viejos. Lo que ha que hacer es cuidarlos y quererlos, que no es cosa ni grata ni fácil en muchos casos.

    Y lo del aborto es increíble. Por la razón que sea, hemos llegado a la conclusión de que hay que admitir accidentes mortales en una carretera en razón de su inseguridad para que una colonia de mariposas no se vea agredida por una ampliación. Sin embargo admitimos que se trocee a un ser vivo en el seno de una mujer. Protegemos el lince, el águila imperial o el chotacabras, pero agredimos al ser humano.

    Ya la disquisición en torno a si el bebé no nacido aún es humano o no resulta estupefaciente. Propongo un experimento mental, como los que hacen los físicos cuánticos: Imaginemos que unos astronautas llegan a un planeta y en él encuentran unas bacterias. Se trata de un acontecimiento histórico: Por primera vez se encuentra vida fuera de la tierra. Uno de los astronautas va y pisa las bacterias y las destruye con el argumento de que en realidad las bacterias se encuentran en un estado de desarrollo embrionario y que aún no pueden considerarse verdaderas bacterias.

    Kyrie eleison.

    • La verdad es que aun

      La verdad es que aun pareciéndome a mí también asuntos muy complejos, no creo que los ejemplos que pones sean muy al caso de ambas prácticas. No creo que por Eutanasia se entienda «matar a viejos» sino aliviar a personas que llevan más de 10 y 20 años pidiendo por favor acabar con algo que para ellos es un sufrimiento y un martirio.

      En cuanto a los ejemplos de animales que citas no creo que tampoco tengan demasiado que ver con el aborto. Lo que puedo decir como profesor es que hay niños que mejor que no hubieran venido al mundo, es muy  duro decirlo, pero es lo que hay, no me vale la beatífica visión de oh la vida qué bonita es, o todos podemos salir adelante. Esto no es bambi.

      O es que nos parece una animalada matar un embrion pero no que en planeta nazcan niños y niños a cada instante que se van a morir de hambre.

      • Lo que hacía el doctor Montes

        Lo que hacía el doctor Montes era precisamente lo que usted describe: matar viejos. ¿Sabe cómo se descubrió? Porque el número de muertes en las Urgencias del hospital donde trabajaba eran más o menos el triple de las normales.

        Morir de hambre: ¿quién nacido en España corre ese riesgo? Lo que mata de hambre a las personas son los demenciales jerarcas políticos de ciertos países.

        Al hablar del aborto se silencian dos asuntos: El derecho a la vida del que va a nacer, y el trauma que indefectiblemente queda en la mujer que aborta. ¿Ha hablado usted con alguna?

        Lo que dice usted «como profesor» es como para no estudiar nunca. Espero que también diga otras cosas.

        Un último comentario: ¿Qué le impide a usted promover el infanticidio o el asesinato de los deficientes mentales? También así se consigue aliviar a las personas sobre las que recae la carga de sacarlos adelante.

        • Si lo que yo digo es como

          Si lo que yo digo es como para no estudiar nunca, me pregunto dónde estudió usted para hacer comparaciones tan poco ajustadas a los temas que aquí se trataban. Como dudo que nos vayamos a poner mínimamente de acuerdo, y lo que es peor, a aportarnos algo, creo que mejor es dejarlo.

           

        • Querido Álvaro: me sorprende

          Querido Álvaro: me sorprende que no sepas que la Audiencia Nacional ha sobreseído el caso del Doctor Montes y ha ordenado que se suprima toda referencia a una posible mala práctica de los médicos denunciados. Me sorprende mucho. El caso de las «sedaciones irregulares» de Leganés comezó con una denuncia anónima (es decir, por definición, no una denuncia, ya que las verdaderas denuncias no pueden ser anónimas) y es uno de tantos escándalos en los que está implicado el PP, la COPE y mucha gente sucia y rastrera. Como siempre sucede con los escándalos de ese partido político, nadie paga, nadie es responsable, nadie dimite.

          • El que algo no se pueda

            El que algo no se pueda probar en un juicio no significa que no sea verdadero. Busco en Internet y me encuentro que la presidenta de la Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias señala que, desde que el doctor Montes no dirige el servicio de Urgencias, las muertes han bajado un 55%. Seguro que esto es otro complot contra el doctor Montes, pero yo intentaría siempre llevar a un ser querido a un hospital en el que este hombre no estuviera.

            Denuncia anónima: Es que todas las cosas se descubren así. Alguien tendría miedo de las represalias y dio a conocer el hecho como buenamente pudo. Eso no resta un ápice de fuerza al argumento de que las muertes eran anormalmente elevadas y, cuando se fue, bajaron drásticamente.

            Soy incapaz de entender cómo este argumento no os mueve a desconfiar del sujeto en cuestión.

            Item más: tampoco entiendo por qué aparentemente comenzó a haber algo parecido a un movimiento a favor de este tipo, como si fuera, yo qué sé, Gandhi.

             

    • Hay que matar a todos los

      Hay que matar a todos los viejos posibles, en efecto, así como a los deficientes mentales, a los gitanos y los judíos. Es exactamente lo que yo quería decir. Ah, se me olvidaba, a los negros también. Eso es exactamente lo que yo quería decir. Que hay que acabar con todos los que no son jóvenes, blancos y guapos.

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