A la pizarra, guineanos, y por nuestro país

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¿Algún guineano, de los que estudiaron las primeras, o las únicas letras, se acuerda de aquello de ser sacado a la pizarra? Es eso de que el maestro, con cara de muy malas pulgas, se fije en ti y te elija para ir a la pizarra, a demostrar si con el látigo has aprendido algo de la suma, la resta o la raíz cuadrada. El que escribe esto reconoce que ser sacado a la pizarra fueron los momentos más duros de su vida escolar. Y es que eso de hacer según qué en público no fue nuestro fuerte hasta sobrepasada la treintena.

 

Pero no rememoramos las urgencias urinarias de “salir al estrado” por cuestión personal, sino porque cuando se habla de África y del número de personas que no se han formado es porque se intenta relacionar este hecho con su atraso socio político, económico y científico con respecto a las naciones del norte de Europa. Estamos hablando directamente del hecho de que los guineanos que se han beneficiado del esfuerzo económico del país y se han formado están obligados a conducir nuestros asuntos por cauces mejores. Y se dice bien, el dinero del país, y no importa que hubiera sido una beca del Gobierno de España, cuando se daban. Tampoco cambia nada si el dinero salió de la mano de Obiang, el dictador, porque, en definitiva, es dinero de Guinea.

 

De lo que se dice acá es que se hace este esfuerzo y uno tiene que servir al país, no a la mano que soltó el dinero, que no es suyo. Y es que muchos guineanos que estudiaron donde sea, y con la idea de que a mayor gente formada, país mejor, o se quedan donde se formaron, van a otro menos al suyo, o cuando ponen su pie en Guinea es para alabar desde el primer día todas las tonterías que hace la familia Obiang en todos los rincones de la misma. “Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un impulso vertical y hacia arriba igual al peso del fluido que desaloja”. La demostración de este principio ocupa media pizarra y es verdad universal hasta que todos los aduladores del PDGE digan lo contrario. Es así en su parte final:   Lo que queremos decir es que haberse sido formado, y todavía llamarse guineano y llorar cocodrilianamente por su desgracia y hacer exactamente lo contrario de lo que dice la Ciencia es una traición. Y ya sea por haberse callado por un Nissan Patrol, un piso en Vallecas y otro en Malabo II, o por un puesto en el Ministerio de Información, Turismo et Cultura. Guineanos, se os formó para que un día pudierais salir, aunque medrosos como nosotros, a la pizarra, y aunque el maestro te cociera a coscorrones porque no has dado la talla.

 

Es una obligación de todo africano, y también de todo guineano, dar la cara por lo mal que nos va en el país, y en todas las ciencias, y porque Teodoro Obiang cree que ser mandatario incluye la capacidad de opinar o decidir sobre cuestiones, como el Principio de Arquímedes, en las que no tienes la más remota idea. Son los guineanos, y más los que han estudiado, los que tenemos que decir que no vamos bien. Y es que vamos fatal. De hecho, en Guinea todo cuerpo sumergido en un líquido se hundiría inexorablemente.

 

A los guineanos que han estudiado y siguen a los del régimen del caos a hacer sus tonterías, y también a los que se quedan desde la distancia del extranjero a mirar cómo se glorifican los dislates en Guinea Ecuatorial les diremos que esto de eppur si muove no se cita por capricho, sino pare resaltar cómo ni en el trance más peligroso se debe renunciar a una verdad que se puede demostrar.

 

Es hora de que entendáis que lo de Guinea tiene que ver algo con vosotros y que es una situación que espera de vuestra acción. Acción. ACCIÓN. Y como ya lo dijimos, no hacer nada es una traición que se comete contra los principios que creyeron que los guineanos merecían tener estudios. No hay justificación posible para el que no hace lo que está obligado a hacer.

 

Barcelona, 19 de abril de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.