A propósito de Rita

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Una cosa es un corrupto, y otra un presunto corrupto, y otra más un sospechoso de ser corrupto. Y también otra cosa es Rita Maestre. ¿Es acaso Rita Maestre una corrupta? ...

 

Una cosa es un corrupto, y otra un presunto corrupto, y otra más un sospechoso de ser corrupto. Y también otra cosa es Rita Maestre. ¿Es acaso Rita Maestre una corrupta? No viene al caso la cuestión porque sería como sugerir de pronto que lo es Tamara Falcó, a quien su timbre y dicción tanto recuerda. El culo y las témporas. Pero para Pablo Iglesias un corrupto es equiparable a Rita, la Rita del banquillo, y ahí está el tropiezo. Hasta el momento habíamos visto y oído a Pablo como a un mitinero incontestable, un castigador de las audiencias, debates y comparecencias. Pero ayer falló. O casi porque fue algo imperceptible. En realidad falla mucho pero no se nota.

 

Maestre deviene en corrupta, no en una presunta corrupta ni en una sospechosa de ser corrupta, en el momento en que su líder y mentor la sitúa en el mismo peso de la balanza donde sitúa a Barberá; y además esa balanza no cae del lado que por el peso fisico evidente de la exalcaldesa debería caer, sino que se equilibra a pesar de la liviandad de la portavoz municipal.

 

La balanza pública (de la privada ni se habla) de Pablo está defectuosa y su tino inmaculado da muestras de alguna duda cuando ayer en esa rueda de prensa para la historia reciente del hombre que nunca se equivocaba, que ni siquiera dejaba el más mínimo resquicio para la chanza (la chanza es suya, sólo la puede ejercer él, como los escraches, como todo), se vio sorprendido por una frase que brotó de sus labios, superando al fin (después del Orinoco de Monedero) el umbral de lo cursi, como un manantial romántico: “lo normal es que nos vieran (a Pdr y a él) paseando juntos”. Y le faltó decir “de la mano”, que es lo que se imaginó todo el periodismo allí reunido irrumpiendo en carcajadas que obraron el milagro de interrumpir muy brevemente, incluso de turbar, al líder supremo.

 

Yo vi allí, durante sólo décimas de segundo, la mirada del marginado, del hombre desnudo frente a la opinión pública que descubre sus vergüenzas, el hombre que no soporta el humor a su costa y que dio paso en otras tantas décimas de segundo al hombre verdadero y ceñudo, al vicepresidente omnipresente y plenipotenciario que odia a la democracia que se ríe de él, el secretario general del partido, el Strelnikov implacable.

 

Si ayer Pablo hubiera sido el vicepresidente total que pide ser, si en vez de un poder limitado (con el que humilla a los socialistas hasta el alipori) hubiera dispuesto del absoluto que reclama, quizá esa sala de prensa hubiera ardido con las llamas metafóricas que hubiesen salido de su boca, ¡ay, kaleso!, padre de dragones, y así tampoco hubiera tenido que empezar a descubrirse, dichosa democracia, en su ineludible humanidad a propósito de Rita.

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