Accidentes del bordado

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Un accidente es un “suceso casual que altera el orden normal de las cosas”, según el Diccionario de Espasa Calpe. El bordado no está exento de estos eventos inesperados que, algunas veces, conllevan daños involuntarios, como dice el mismo diccionario. Hoy les comentaré sobre algunos accidentes que me han ocurrido mientras estoy bordando.

Accidente 1: coser una tela por debajo del bordado

Estoy feliz dando unas puntadas cuando, de repente, me doy cuenta de que he cosido en un doblez de la tela (ver foto) o he cosido mi ropa junto al bordado. A todas nos ha ocurrido más de alguna vez. Y la solución es descoser: nada serio si se trata de un par de puntadas, pero si son varias más, hay que respirar, mantener la calma y empuñar el descosedor hasta reparar el desaguisado.

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Accidente 2: quedarse sin hilo a media labor

Me ocurrió un domingo a media tarde con un diseño monocromático. No olvido este evento porque tenía toda la intención de seguir bordando.

Al decidirse por un color para la labor, lo ideal es comprar hilo de más. ¿Por qué? Porque puede variar ligeramente la tonalidad del hilo, aunque sea de la misma marca y del mismo código, de un embarque a otro. O puede suceder algo peor: que el hilo de esa precisa tonalidad esté agotado en el mercado local. Más vale prevenir que lamentar.

Accidente 3: quedarse sin suficiente hilo para rematar

Este me ocurre con demasiada frecuencia, tanto que mi tía abuela, con quien bordo martes y domingos, se ríe de mí porque uso el hilo hasta dejar cabos muy pequeños. Rematar se vuelve una tarea complicada con el poquito de hilo que me queda. Las agujas largas se vuelven mis peores enemigas. Pero mi necedad es mucha y me resisto a descoser para ganar hilo… aunque más de una vez me ha tocado hacerlo.

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Accidente 4: anudarse el hilo en el momento menos pensado

El efecto relajante del bordado se pierde cuando se hace un nudo no deseado… surge de la nada, a veces por el frente de la labor, a veces por el revés. Otra vez, es aconsejable respirar antes de dejarse llevar por el deseo de halar el hilo desenfrenadamente.

La mayoría de las veces, estos nudos inoportunos se deshacen por sí solos (son seudonudos) halando despacio el bucle formado con el hilo. Ahora bien, en otras ocasiones, hay que cortar el hilo, rematar (si se puede) y enhebrar de nuevo para seguir.

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