Acorralados

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En Andalucía lo de “la derecha” no era un búnker como uno pensaba para el PSOE y sus amigos, sino una fortaleza inexpugnable.

 

En Andalucía lo de “la derecha” no era un búnker como uno pensaba para el PSOE y sus socios, sino una fortaleza inexpugnable. Mentar a la bicha sigue siendo la baza infalible. Antaño era la Iglesia (hoy Rouco a algunos continúa produciéndoles un miedo antiguo) la que asustaba al personal aprovechándose de su ignorancia con un Dios severo modelado a sus intereses, y ahora es la Izquierda la que se agarra a una técnica que funciona a la perfección en pleno siglo veintiuno, como si por Andalucía no pasasen los años. Esta historia es de partidos, esas congregaciones siempre guarecidas en sus monasterios, que allí abajo (también en otras latitudes) entregan las corralas (verdaderamente no pasa el tiempo) a la gente por imposición de manos, como casi todo. Una mayoría del pueblo, temeroso, permanece en el feudo de Chaves devoto de la única fe salvadora, aunque también sea la de su condena, y ni siente ni padece, debe de ser, mientras los monjes, un suponer, se parten de risa por las noches en sus celdas. Quizá sea también por lo de la felicidad porque entre pactos (como entre pillos), y desde Sevilla hasta Oviedo, anda el juego que Susana Díaz hace hoy intención de interrumpir por una tontería; la felicidad por la que temía Valenciano de haberse cometido la herejía del PP en la Santa Junta (¡Ave María Purísima!), que ya no corre peligro porque es como el paraíso que anunciaban aquellos benedictinos de ‘El nombre de la rosa’. Al final el episodio va a acabar como acostumbra (y que haga penitencia el que piense lo contrario): una producción propia de, por ejemplo, Canal Sur, con Juan y Medio contándole a una señora que se desternilla porque no entiende nada, cómo Guillermo de Baskerville, a lomos de su montura, se aleja de la superstición seguido de Adso, quien, aunque al principio duda, enamoriscado, si quedarse o no con la chica, termina por hincar los talones rumbo a Despeñaperros al lado de su maestro, y de allí hacia el norte camino de los Pirineos, para ya volver, en todo caso, con la próxima Feria.

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