Adiós, Mr. Chips

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Resultó aquella Pilar, tímida, apenas probándose para relevarle, una contrincante fuera de báscula aplastada por el heroico púgil de Parla, el niño prodigio reconvertido a la fuerza en encajador...

 

Hace unos años uno estuvo tentado de hacerle llegar a Tim Burton una fotografía de Pilar Sánchez Acera, la alternativa a Tomás Gómez que pasó por los medios y por el PSM, haciéndose honores, como un fantasma.

 

A Tomás nunca le acompañó en la Comunidad la estrella de su pueblo, al contrario que en el partido, donde sin embargo el tranvía acabó siendo su abrigo de chinchilla. Siempre resistió enrocado, aunque sin apenas rivales de peso mientras, medio grogui como Patterson, que siempre se levantaba, lanzaba golpes al aire en el cuadrilátero de Madrid con más moral que efecto, por si sonaba la flauta o para decir, si alguien se lo hubiese preguntado, que él daba la vez.

 

Oírle siempre fue como ver torear a Dámaso González, quien medía las faenas por el número de pases sin importarle los avisos. Demasiado tiempo dándose de bruces con la misma pared que creía poder derribar y que, a pesar de su estatura, tampoco fue capaz de saltar como si cada año la fueran elevando con una fila más de ladrillos para terminar instalado en un lugar donde ya no sale el sol.

 

Resultó aquella Pilar, tímida, apenas probándose para relevarle, una contrincante fuera de báscula aplastada por el heroico púgil de Parla, el niño prodigio reconvertido a la fuerza en encajador, puede que incluso temeroso de los poderes ocultos de la breve criatura de Burton, Frankenweenie, a la que igual no le hacía falta saltar ni derribar paredes porque podía simplemente atravesarlas.

 

Sánchez, aquel otro boxeador de Princeton, hoy le ha lanzado un directo sin previo aviso (aprovechando su inestabilidad orgánica) con un guante que llevaba impresa la cara de César Luena (como para no caerse de culo), el demócrata impenitente que sin embargo ha comparecido con los ojos culpables de haberse comido unos estatutos.

 

Sintiéndose todavía el invictus como Johnny Weissmuller se creía Tarzán, ha salido el noqueado teniendo muy presente su última y sonada victoria local ante Trini, la protegida de Zapatero, entonces el Don King de Ferraz, saludando al público tras el golpe igual que Floyd aquella vez en el ring tras ser tumbado por Liston, contaba Gay Talese, acompañado de los suyos con la escenografía atropellada de los stop desahucios.

 

Carmona, que parece un hombre bueno, lloraba entre el barullo y Maru, con el bastoncillo en la oreja, hacía ademán de encadenarse mientras el protagonista adoptaba ante los micrófonos, sin quitarse las gafas de lectura, la adorable figura de Mr. Chips, quien murió en la escuela Brookfield después de cincuenta años enseñando griego y latín.