Agencias de descalificación

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Tal vez paso por repetitiva, pero es que creo que el papel de las agencias de calificación de riesgo -y, ante todo, de la tríada que controla el 90% del mercado, léase Moody’s, Standard & Poor’ s y Ficht- es sintomático no sólo de esta crisis financiera y europea, sino de todo el sistema capitalista actual, donde las finanzas mandan sobre la producción y los especuladores son los reyes del mambo; donde se exacerba aquello de que el que tiene dinero hace dinero, que siempre fue así, pero nunca antes haciendo tanto dinero sin producir absolutamente nada…

 

El caso es que, como sabéis, las agencias de calificación de riesgos se encargan de ponerle nota a los títulos financieros privados y públicos, para orientar a los inversiones respecto al riesgo de cualquier tipo de inversión en «los mercados» (ese ente). Si vieron venir la crisis, se cuidaron muy mucho de decirlo, pues apenas días antes de caer entidades como Lehman Brother’s le estaban dando una de las calificaciones máximas. ¿Pura ignorancia o es que estaban presas de los más obvios conflictos de interés, pues debían calificar a las mismas entidades que les pagaban? Sea como fuere, nadie las penalizó ni su credibilidad parece haberse puesto en entredicho más allá de los discursos; desde luego, «los mercados» siguen obedeciendo a pies juntillas su oráculo de profecías que se autocumplen: la Moody’s decide rebajar la calificación de la deuda portuguesa en nada menos que cuatro escalones, hasta Ba2, el nivel de de los ‘bonos basura’, y su prima de riesgo (el diferencial con la deuda alemana) se dispara hasta los 1.000 puntos básicos. Por el camino, desde la última vez que La Tríade decidió bajarle la nota, Portugal ha puesto en marcha durísimos programas de ajuste y austeridad -esto es: el pueblo apretándose el cinturón hasta asfixiarse- pactados y supervisados por Bruselas; el Gobierno portugués lo ha puesto todo a disposición de Los Mercados para ganarse su confianza. Pero es difícil ganárselas. Los Mercados son caprichosos. A mí no me gusta ser malpensada, pero, ¿no pareciera que hay alguien en esa élite financiera que se está forrando a base de vender y comprar títulos de deuda?

 

El caso es que, ahora que, con el asunto en Grecia hecho unos zorros y Los Mercados revoloteando sobre Portugal cual buitres al acecho, la Unión Europea se presenta indignada con las malévolas agencias que parecen empeñadas en descalificar a los vecinos pobres del sur hasta provocar su debacle. Y hablan de tomar medidas contra la dictadura de La Tríada, que ya manda más que los gobiernos. Hablan de restringir el poder de las agencias, de elaborar un marco normativo que regule su funcionamiento, de crear una agencia de evaluación propia o incluso de prohibir por ley que esas empresas emitan análisis sobre las deudas soberanas de los miembros de la Zona Euro. Sonaría bien, si no fuese porque ya hace tres años que los europeos lanzaron críticas similares, y no hicieron nada; si no fuese porque -y aquí vuelvo a parecer malpensada- quienes mandan en la Unión Europea forman parte de la misma élite que Los Mercados. Somos los ciudadanos de a pie los que nos quedamos fuera del cálculo en algún momento, cuando nuestra fuerza de trabajo se desvalorizó al tiempo que ascendía el capital financiero. Ni nos dimos cuenta de la jugada del capital, pero más vale tarde que nunca…

 

En fin. Dice Isaías Lafuente en este interesante artículo que, tal vez, Europa debería «hacer algo más e investigar si algunas de las prácticas de estas agencias que parecen un delito, efectivamente lo son. Y actuar en consecuencia». Sus palabras son tan lúcidas, su diagnóstico tan simple, que otro tipo de comportamiento por parte de la UE sólo confirmaría mis malpensadas y malpensantes teorías conspirativas.

 

* Aquí os cuelgo el artículo «Las agencias de calificación de riesgo, ante los tribunales», publicado en Sin Permiso, que ofrece un panorama del funcionamiento de estas agencias.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.