Ahora, grifos

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El grifo que mejor conocemos es el de la ducha. En otro lugar es difícil hacerse con el manejo para lograr la temperatura adecuada. En casa somos muy precisos, obtenemos lo deseado.

Sin embargo, el grifo de la cocina es otro mundo…

Lograr el chorro perfecto para el lavado de vajilla requiere: experiencia, conocimiento y tiempo.

*

Recuerdo una conversación con Celsa, dueña de la frutería.

–¿Y tú te encargas de comprar, cocinar y limpiar?

–Sí, soy el amo de casa.

–¿Y ella?

–Ella trae el dinero.

–Como antes, pero al revés.

–Mientras preparo la oposición 9317. Cuando haga la prueba final volveremos al equilibrio en el hogar.

–¡Suerte!

–Gracias.

*

–Habrás descubierto ya el chorro justo para cada fregado, ¿no? Cada grifo es un mundo…

–Sí, justo ayer alcancé la maestría.

–No es fácil.

–No.

–A mí me enseñó mi madre. Luego tuve que adaptarme al mío. Otro mundo…

–¿Y quién enseñó a tu madre?

–La suya, mi abuela Escasa.

–¿Y a Escasa?

–Supongo que la inventora del grifo para fregar. Fue vecina.

*

–Hilo de agua, fuente.

–Que chorrea.

–Cabeza inclinada.

–Grifo que limpia y escupe.

–Platos, tenedores de cuatro puntas, tazas de Pontesa, vasos, mokas, sartén.

–Vuelven a servir.

–Listos de nuevo.

–Reseteados.

*

–Te confesaré algo antes de que te vayas con la compra de fruta y verdura.

–Claro.

–El grifo, sobre todo los domingos y sábados por la tarde, de noche, mientras friego, me habla, me mira.

–¿Qué dice?

–Es un río, me cuenta de dónde viene el agua, y escucho, resbalo.

–¿Lo cierras?

–No puedo.

–Yo tampoco.

–No podemos.


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