Ahorita va de mejicanadas

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En las últimas páginas de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, tres hombres y una mujer recorren en coche durante un mes las tierras semidesérticas de Sonora (México), en una búsqueda alucinada y con pocas esperanzas de una poeta «real visceralista» que por allí se perdió más de treinta años atrás. No sólo buscan a la poeta, sino que a la vez huyen del padrote –es decir el chulo- de Lupe, la mujer, dispuesto a recuperarla sí o sí. Para entretener el tiempo juegan a adivinar el significado de palabras extrañas, la mayoría sacadas de la poesía y la métrica clásicas, pero también de jergas del mundo de la delincuencia y el mundo macho. Para mí, la inmensa mayoría ininteligibles, pero con algunos hallazgos curiosos. Por ejemplo, carcamán, que mi amigo Aldo, argentino, me definía como «viejo que va al retiro con pretensiones», aquí es un carro, es decir, un coche (o un auto si estamos en Chile); jincho es indio; un guacho de orégano un reló de oro; un manicure un manicomio; un ictus es (para los poetas expertos en clásicos) «la pulsación, el compás temporal del verso». Menos mal que la síncopa y el verso libre son lo que parecen. Seguro que Valle-Inclán utilizó muchas de esas palabras en Tirano Banderas o en las Sonatas. Es un libro importante, distinto, desesperanzado también, y paradójico… muchas cosas, y curiosamente cuando lo estaba leyendo me decía: «no me gusta, no me importa lo que les pasa», pero no pude dejarlo.

 

En El País del sábado informan de la celebración de la cuarta feria Papel Vintage en Arganzuela. Para ilustrarlo ponen una foto con tebeos de nuestra infancia (los TBO). Estoy verdaderamente harta del uso del vintage ése, habiendo tantísimos términos posibles, pero además, al ver la portada entrañable del TBO con las Hermanas Gilda o algo parecido, y al lado el pie de foto Papel Vintage en la Arganzuela, siento que me dan un golpe bajo, y más hoy, pues han de saber ustedes que estoy bastante enferma de la garganta, así que seguro que esto saldrá más aburrido que de costumbre. Hay que reconocer que hoy no tiene la culpa El País, sino los organizadores del evento.

 

Pero de esto sí tiene la culpa TVE. Un locutor muy apuesto que tienen contó en un informativo la indemnización impuesta a un colegio por no castigar o evitar el acoso a un niño; pero lo del bullying es como una atracción fatal, así que para no repetir –y por no conocer, digo yo, términos como abusos, hostigamiento, etcétera- inmediatamente habló de bullin (sic). Palabra desconocida e inexistente a la par que indescifrable para buena parte de la ciudadanía, pero, eso sí, ¿a que suena moderno? Pues ea. No sabremos inglés, tú, pero estas cositas molan.

 

También había en el libro de Bolaño otra expresión que no he puesto: «echar pira», que quiere decir violación múltiple. ¿No tiene un regusto aún más siniestro?

 

Muy buenas.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.