Al calor del paisaje

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Ermita de San Juan de Gaztelugatxe.

Gabriel Faba. 2006.

Acuarela sobre hoja doble, color naranja,

de papel Fabriano.

 

En cuanto se avista el verano, comienzan los viajes. Los pintores no son muy amigos de los traslados forzosos por vacaciones. Donde mejor respiran ellos, es entre los vapores de la esencia de trementina de sus estudios. Cuando no les queda más remedio que desplazarse -familia obliga- los pintores llevan consigo sus cuadernos y sus cajas de acuarelas.

 

Para pintar del natural sólo se necesitan unos pinceles, unos pigmentos, una botellita de agua para disolverlos, y papel donde plasmarlos. El pintor excursionista tiene además una excusa perfecta para evadirse de todos sus familiares, y su frenético calendario de diversiones estivales. El pintor entabla como celestino, un romance entre el paisaje local y sus cuadernos. Él simplemente asiste como partero de tan feliz idilio veraniego.