Al descubierto

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Cuando mandaba Mobutu Sese Seko, creíamos, de verdad, que el mundo entero aborrecía a los dictadores. Pero lo que ocurrió fue  que su dictadura era tan irracional, de unas magnitudes tan “imperiales”, que nos olvidamos de sus ilustres predecesores. Y fue que estos accedieron al poder justo cuando lo dejaban los “padres de la independencia”. Estamos hablando de Amín, de Bokasa,  y de Masié Nguema Biyogo. Y como ya quedó escrito, en Occidente se frotaron las manos, porque los asuntos intelectuales transcurrieron de manera que se pudiera justificar la ida de mano que sufrieron, y que fueron protagonistas, aquellos “salvajes”. Y si son negros, pues quedaba perfecta la relación que había entre los que ejecutaban y sufrían aquellas desgracias colectivas.

 

Lo de Macías fue una cosa inesperada, y también inexplicable, porque cualquiera no puede esperar que un auxiliar administrativo acabe de presidente de un país, Macías, ni que tenga la misma suerte un sargento el ejército colonial, Mobutu. Bueno, no hace falta hablar de los orígenes anodinos de Amín ni de Bokasa para realzar sus escasas cualidades. Macías gobernó como un salvaje hasta el día en que se vio con el brazo vendado y respondiendo a las acusaciones de lo que había dejado hacer. Fue fusilado y subió Teodoro Obiang. Pero Guinea Ecuatorial es un país del que hay que acudir a las estadísticas del Banco Mundial, o el PNUD, para conocer, síntoma inequívoco de que es un país que todavía debería estar recibiendo ayuda humanitaria. Como Haití. Pero lo que desconcierta es que los hechos reales de Guinea no se ajustan a ningún dato preconcebido. Y por eso fue el tema guineano declarado materia reservada, para que nadie asociara sus conocimientos a su realidad tangible. Y ahora se justifica todavía que haya materia reservada sobre el día a día de Guinea Ecuatorial. Y es que nadie que viviera en ella diría que el país tiene una renta per cápita superior a España. Porque claro, si todo el mundo pudiera saber que esta es la realidad, pero que Guinea recibe ayuda económica de terceros países, tendría que explicar lo que pasa para que la renta no se convierta en una realidad socioeconómica más satisfactoria.

 

Pero que las potencias que ahora mismo están intentando que la opacidad informativa sea la norma en Guinea sepan que, aparte de que están cometiendo un delito que sus mismas leyes penalizan, de la misma manera que no se entendería que un ministerio de España o de Francia haga negocios con los traficantes de drogas de otros países, cuya mercancía decomisan por su ilegalidad, es una práctica que se volverá contra ellos. (Prometo que sobre este aspecto reincidiré en futuras reflexiones).

 

Ah, que Guinea Ecuatorial sufre una dictadura demencial ya no se puede ocultar, digan lo que quieran las potencias a través de cables ocultos o secretos, o se empeñen los diplomáticos en edulcorar una realidad que no es la suya a cambio de mantener intactos los supuestos que la justificaban. Ya dijimos que esta actitud colonial y neocolonial no era
achacable a la posibilidad del disfrute de las ventajas económicas, pues en las sociedades del mundo occidental son aborrecibles las ventajas y ganancias económicas procedentes de actividades delictivas. Es decir, ¿por qué no se alaba en el mundo rico que un traficante de drogas haya amasado una fortuna con sus negocios delictivos y se alaba cuando este mismo hecho supone la marginación, la pobreza y la muerte de personas en el mundo pobre?

 

Acabamos estas reflexiones, que no han dado para un artículo decente, con un llamamiento: El carácter público, casi internacional, de la dictadura de Obiang, permitirá, en un futuro no lejano, la asunción de culpas por quienes abiertamente han apostado por él, con la idea de aprovecharse otra vez del velo informativo impuesto a la realidad guineana para convertir a las víctimas en cómplices. Ya sabemos a quiénes reclamaremos la reparación de los agravios cuando nos lo permita la Historia.

 

Es decir:

 

-Hay partida presupuestaría para mandar leche en polvo y cuadernos a los negritos del cola cao?

 

-¿Negritos de cola cao?, ¿partida presupuestaría? –frunce el ceño el camarada.

 

-Los guineanitos, que la cosa está mal allá abajo.

 

-¡No me digas que necesitan nuestro dinero! ¿No tenían hace poco una renta per cápita superior a nosotros?

 

-Ya, ya sabes cómo son los negros, se lo fumó todo el que… el, el. Ya sabes.

 

-¿Se lo fumó sólo o sus paisanos le dejaron barra libre? Ya sabes cómo son estos negros, se lo consienten todo a sus jefes y luego vienen pacá, en fin. Tendremos que ampliar el presupuesto anual, qué remedio queda, no podemos dejar de morir a los negritos.

 

-Ya.

 

 

                                                                                                                         Barcelona,19 de julio de 2011.


Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.