Al rebufo del pez gato

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Las noches son así: de sus sombras puede aparecer cualquier buena conversa, unos ojos desconocidos o un atracador de pensamientos. Uno nunca sabe, por eso siempre hay que estar desprevenido, para que todo suceda, para que nada se quede sin acontecer. Un pez gato se retuerce en la brasa mientras uno de mis hermanos de alma cumple años en un silencio que presume amotinamientos. Algún vino de cartón dejándose engullir por Grillo y sus cuentos, alguna cerveza liviana refrescando el gaznate y las palabras.

 

«Las reformas son para más socialismo compeñero, eso ni lo dudes». El diplomático cubano da su cátedra particular de la realidad en la isla y se queja de que fuera un sitio donde se podía vivir sin trabajar (y yo que presumía de esto ante cualquier capitalista puritano en defensa del régimen y sus cosillas). La cartilla de racionamiento (esa renta básica encubierta que yo también defendía), al carajo. Papá Estado cuidando de los mismos ciudadanos a los que vigila, al carajo. «Es que nos tragamos lo peor de los soviéticos y es hora de demostrar que el socialismo cubano no copia fórmulas europeas». Pues el pez gato ya está churruscadito, esperando que le hinquemos el diente mientras el diplomático no deja de dar cifras y poner ejemplos para mostrar lo adecuado de las reformas economico-laborales de Cuba. Y suena razonable. Pero es que hace un par de años el «otro» discurso también sonaba razonable.

 

No hay realidad bien contada y no hay historia que se libre de la contaminación. Por ejemplo, los argentinos bendicen en los altares de la educación pública a Domingo Faustino Sarmiento, el mismo que aseguró hace siglo y medio: »

Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen». Los medios de comunicación progresistas europeos y no europeos han hecho un sospechoso silencio sobre las confesiones de François Houtart respecto a sus prácticas abusivas con menores hace 40 años. Los españoles obvian a los miles de manifestantes que salieron en Bilbao a solidarizarse con los presos de ETA. Así que… por qué no puede ser que lo que nos cuentan de Cuba es mentira y que lo que dice mi diplomático entre bocado y bocado al «pescao» sea más cercano a la verdad.

 

El mundo occidental capitalista espera con los colmillos afilados la caída de Cuba en el reino del mercado. Todos caen, piensan aquellos que vieron desplomarse el telón de acero y todo su entramado de frágiles vigas ideológicas. Parece que no es tan importante la crisis mundial, o develar las vergüenzas bancarias o hacer sonrojarse a los presidentes europeos o a San Obama por no tener la valentía para enfrentar al sistema que los ha llevado al desastre. Suena más divertido esperar a que Fidel muera o a que el capitalismo lo mate de un infarto. 

 

Mientras, sigo con la cervecita suave y el discurso duro de mi amigo. No me lo creo (del todo), pero me gusta pensar que lo que suena irreal correponde más con la verdad que las sandeces que leo todos los días.         

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.