Alessia Rollo, la fotógrafa que congeló el tiempo y los alimentos

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En un entorno tan aséptico y protegido como el  promedio de sus blancos, las imágenes de Alessia Rollo (MadPhto Gallery, desde el 25 de febrero hasta el 25 de abril) no pueden desprenderse de unos inconvenientes que a fuerza de costumbre hemos preferido ignorar. No todo está en nuestra mano, pero si al mirar estas imágenes somos capaces de identificar alguno de los momentos de nuestras vidas, el paso por esta galería de arte habrá merecido la pena, porque la artista ha dado completamente la vuelta al tradicional y manido "somos lo que comemos" para sentenciar "comemos lo que somos". 

 

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Alessia Rollo, fotógrafa, entre una de sus obras. Imágenes: Nuria Blanco

 

Imagino que a Alessia Rollo, tras aterrizar en España desde el sur de Italia, le asaltarían dudas y algunos miedos. Pero cuesta creerlo porque es extraordinariamente alegre y positiva. Imagino que el primer desconcierto que le  provocó un país cercano o familiar, pero nuevo, dio paso a su acomodo. Y de la comodidad, sin duda, pasó a la costumbre, lugar común del cual no es fácil escapar.

 

En ese territorio fue sin duda donde nuestro pequeño mundo le reveló un factor universal y compartido: la importancia del tiempo, su incidencia más allá de lo convencional. Ese tiempo es el aspecto principal que destaca en su última colección de fotografías que puede visitarse desde hoy y hasta el 25 de abril en la galería de arte MadPhoto Gallery. Un tiempo, como digo, que condiciona o influye en nuestras vidas.  

 

El silencio ronda cada una de estas imágenes, las cuales toman la comida y el conjunto de factores que orbitan a su alrededor como punto de partida para reflexionar sobre una materia harto estudiada: el hombre en relación con su alimentación. En el caso de Alessia Rollo se trata de una conversación silenciosa, perceptible sólo a través de unas imágenes en las que no falta la tristeza o la soledad pero por las que también transitan el humor y la siempre bien recibida alegría de las flores.

 

Esta fotógrafa ha conseguido agrupar lugar, tipología y caducidad junto a una crítica manifiesta del consumo irracional e insatisfactorio de la comida vulgar, con frecuencia la más consumida. Puede que sea su mayor logro dado que consigue congelar, literalmente, todos estos aspectos y encerrarlos en una cápsula. Las consecuencias de la cadena alimentaria (de la que formamos un eslabón más), pero sobre todo su propuesta y escasa satisfacción final subyacen en prácticamente todas sus imágenes. Y no hacen sino acentuar esa sensación de temporalidad y fragilidad en la que se ha convertido el ser humano.

 

Bien por comodidad, falta de interés o condicionantes económicos la manera de alimentarnos -desde el qué comemos hasta dónde y cómo lo hacemos- ha cambiado sustancialmente en los últimos años.


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Algunas de las imágenes de la exposición de Alessia Rollo en MadPhoto Gallery.

 

En un entorno tan aséptico y protegido como el  promedio de sus blancos, las imágenes de Alessia Rollo no pueden desprenderse de unos inconvenientes que a fuerza de costumbre hemos preferido ignorar. No todo está en nuestra mano, pero si al mirar somos capaces de identificar algún momento de nuestras vidas, el paso por MadPhoto, galería que expone su obra hasta el próximo 25 de abril, habrá merecido la pena acercarse hasta allí, porque la artista ha dado completamente la vuelta al tradicional y manido «somos lo que comemos».

 

No es fácil escapar al individualismo de hoy que tan patente queda en carros y cestas de la compra. Cocina procesada, congelados, raciones o packs individuales, envoltorios de plástico, ese habitual «usar y tirar», y la más que adivinada falta de autenticidad de los alimentos, aguardan en locales y superficies comerciales, origen del más del 90% de las compras. Éstas, urgentes y apresuradas, acechan (incluso invaden) en la nevera o el congelador. Reflexionar sobre la incidencia de estos alimentos en la sociedad es claramente uno de sus objetivos. Y así consigue visibilizar algunos de los problemas (ecológicos, alimenticios, relacionales) de nuestra era.

 

Para bien o para mal Alessia Rollo aisla productos e instrumentos relacionados con la comida. Los descontextualiza en origen para introducirlos en un escenario familiar e  intermedio donde permanecen o evolucionan de tal modo que no cabe sino reflexionar, al contemplarlos, cuánto hay de verdad en ellos.

 

Tras la visita, surge en conversación imaginaria con el mismísimo Brillat-Savarin, un interrogante: ¿será que hoy sólo comemos lo que somos? No tengo la respuesta, pero tengo claro que  la mezcla de lo que creemos ser y lo que somos no está esperando la respuesta evidente, sino que ansía que alguien nos explique de una vez por todas por qué.  

 

La obra de la artista Alessia Rollo permanecerá expuesta en la galería MadPhoto hasta el día 25 de abril.

Mi vida transcurre entre libros, aulas y platos. Siempre que puedo aprovecho para perderme durante horas y reflexionar sobre aquellas cosas a las que (no) damos importancia. Me apasionan el vino, la comida y la literatura a partes iguales, que centran mi vida profesional aunque no siempre acontecen en el mismo orden. Para captar mi atención basta con que me ofrezcan una copa de vino y un buen plato delante de una conversación. Soy licenciada en periodismo, Máster en Investigación en Periodismo: Discurso y Comunicación, y experta en periodismo gastronómico y nutricional por la Universidad Complutense de Madrid, y Coordinadora Académica del curso Periodismo Gastronómico de la Facultad de Ciencias de la Información en la UCM, @UCMgastro. He trabajado en radio, prensa y gabinetes de comunicación. En la actualidad ando peleándome con mi tesis doctoral mientras escribo y alterno la docencia y el periodismo con el trabajo de community manager. Siempre he llevado la merienda en el cabás, al lado, lápices de colores, cromos, sueños y libretas. De tanto viajar juntos nos hemos fusionado. www.foodiesound.com | @nuriblan Podemos imaginar una economía sin dinero. Un mundo libre de envidas o maldad. Podemos crear vida y vivir una vida sin amor. Pero jamás ha habido ni habrá vida sin alimento.