Alguien gime en el patio de luces

0
91

Alguien gime en el patio de luces y a mí me parece bien. Nos iguala el sexo. Quiero decir que esa animalidad tierna es tanto consuelo como frenesí o dolor y súplica, padecimiento o goce.

Sin distinciones de género, origen, clase social o raza.

No sé por qué pienso en esto ahora.

Quizá por la soledad de la noche o la tranquilidad de ese cansancio postrero de las altas horas que un rayo de lucidez nos deja como último regalo del día.

Creía antes que las imágenes de los otros practicando sexo nos influían negativamente. Y así era; esa somatización lúgubre que sufría el cuerpo al imaginar a  la persona amada compartiendo la intimidad con los otros.

Ahora sé que son solo imaginaciones.

Y que la mirada ilusoria puede modificarse. De igual forma que la mente brinca en una dirección puede hacerlo en la otra. Y servir(nos) a nuestros afanes  -y a nuestro deleite.

No sé por qué pienso ahora, pero mis dedos escriben ágiles lo que pienso.

Quizá porque me he acordado de este verso de Martin Parra: “Sudar es perverso sin palabras esdrújulas”.

Lo que es seguro es que imagino, que ahora estoy imaginando no ya imágenes dolorosas, sino placenteros momentos cumbre. Esos que quedan para uno mismo, pues por definición las fantasías son esas representaciones mentales de sucesos que jamás existieron (más que para nosotros mismos).

Y está bien que así sea, ya que si no perderían todo su encanto.

Pienso, me digo, mientras alguien gime -sigue gimiendo- ahora tímidamente en el patio de luces. Y podría ser cualquiera, incluso tú (o yo). O los dos a la vez. Juntos. En una fantasía cómplice.

Print Friendly, PDF & Email

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí