All you need is love

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Un día cualquiera de la semana. La vida rutinaria y cansada en escena. Ha anochecido, la gente ya ha cenado en sus casas. La calle está prácticamente desierta. Desde la terraza se divisa el puerto de Beirut adormecido bajo unos espesos nubarrones. Hoy tengo problemas para dormir. Aprovecharé el insomnio para responder un par de correos y escribir algo si la inspiración me acompaña.

 

Se oye un ruido fuerte afuera. No le presto gran atención, mi oído aún no se ha acostumbrado del todo a los sonidos de esta ciudad. Al poco rato vuelve a oírse un sonoro estruendo. Vete a saber de qué se trata…Seguiré escribiendo, no, por si acaso, voy a la cocina a echarle un vistazo a la lavadora. La examino atentamente, igual ha empezado a hacer ruidos raros desde el último lavado. El centrifugado suena como siempre. El ruido irrumpe de nuevo, esta vez a través de la ventana de la cocina. En el colegio de enfrente están todas las luces apagadas. No hay pruebas de que las monjas estén realizando pruebas nucleares de ningún tipo.

 

Vuelvo junto al ordenador. Unas líneas más y ahí está de nuevo el ruido, ahora de forma continuada. No creo que el fantasma del anterior inquilino haya regresado para vengarse solo porque nos limpiamos el culo con el Mondanité. Miro el piso de la vecina de abajo, ¿qué tipo de música oirá la señora para irse a la cama?. Pero no es la vecina…Miro de frente, hacia la carretera principal que pasa junto al puerto. Debe de ser el tráfico nocturno…Regreso una vez más a mi silla. El estruendo no se ha ido. No va a irse. Acompaña más que un desodorante. Dirijo de nuevo mi vista hacia el congestionado tráfico que invade las calles a la 1 de la mañana: apenas circulan 5 coches. Esto empieza a ponerse chungo.

 

¿Será la tormenta que se acerca la que emite un sonido tan ensordecedor? ¿Qué será, será?

 

Creo que ha llegado el momento de enfrentarse a una misma y asumir la verdad. Levanto mi mirada al cielo. ¡Oh, castigo de Dios que quitas la paz en el mundo!.  Son ellos, los de siempre, el grano en el culo más enquistado de todo Oriente Medio…

 

Me siento totalmente superada por la situación.  Soy una pobre europea acojonada en estas lides. Entiendo incluso a Charlton Heston, yo también reclamo mi derecho a  poseer un rifle, dos fusiles de asalto y un container lleno de granadas. ¿Y si se pusieran a bombardear? Ahora que me he molestado en exterminar todas las termitas del armario para colgar la ropa…¿ Y si destrozaran mis libros, mis apuntes con insultos en varios idiomas, mi colección de sortijas…?

 

Supongo que, junto a la fotografía desde las alturas, la pretensión de estas incursiones aéreas persigue el crear nerviosismo entre la población. Conmigo lo han logrado. No solo estoy nerviosa sino que además me he puesto de una tremenda mala hostia. No quiero estirar la pata sin ofrecer resistencia. Es absolutamente injusto. No podría defenderme, ni salir a la terraza, ni agazaparme tras las macetas con un lanzamisiles de última generación. Soy un desvalido conejillo de indias en sus manos. Mañana me meto en internet a ver si venden isótopos de uranio en alguna web…

 

La violación del espacio aéreo libanés aún durará unas cuantas horas más. Yo he decidido seguir a lo mío. En el altavoz suena una canción de Los Beatles, “All you need is love”. Imposible no sonreir. Sí, pobrecito Israel, lo que necesitan, lo que tan solo necesitan es un poco de amor. Dejar de sentirse odiados. Lo único que no pueden conseguir.

1 COMENTARIO

  1. La violación del espacio

    La violación del espacio aéreo libanés durará más que un martillo entrerrao en paja… tú no te olvides de tener buena provisión de naranjas, para desayunar frente al mediterráneo, y unas cuantas granadas por si acaso.

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