Amazon ataca de nuevo

0
262

Amazon insiste en replantear la cadena productiva en las industrias culturales para adecuarlas al hiper-espacio comunicativa o trans-mediático, a partir de desplazar el foco del valor creativo a la ciber-audiencia.

 

Así como Amazon quiso adelantarse al acuerdo de las corporaciones editoriales ante el desafío del libro electrónico, y buscó establecerse como punto monopólico de contacto directo entre el autor y el público por encima de editores y libreros, ahora emprende un nuevo desarrollo: producir películas con Warner Brothers en las que, desde lo más básico del proceso creativo, intervenga la ciber-audiencia con el fin de concebir, moldear y realizar películas.

 

 En épocas de grandes transformaciones, los polos corporativos y el mega-capital han ideado estrategias y directrices con el fin de ganar posiciones privilegiadas de cara a las condiciones emergentes del desarrollo tecnológico. Tal tarea se ofrece al público como formas democráticas y participativas de índole abierta cuando en realidad se trata de lo contrario: geografías de control donde los sistemas supra-personales asumen el mando y la administración de la microfísica que converge en Internet y las nuevas tecnologías.

 

 A la persona se le convoca como cliente (o consumidor)  y como oferente del valor agregado que será capitalizado, a partir de plataformas colectivas, por una minoría en disfavor de la mayoría. Por lo demás, se entroniza el amateurismo que ha minado la calidad participativa para premiar la cantidad, y lo escaso o nulo en términos de valor. El castigo al saber experto se justifica en nombre de lo seudo-democrático de las convocatorias, es decir, la oclocracia o gobierno de la multitud.

 

 Entre los grandes mitos de la revolución tecnológica en la vida cotidiana que cumple cerca de veinte años, habrá que apuntar el mito del tiempo real, el mito de los reality shows, el mito de la retro-alimentación trans-mediática, expresiones de la más pura compulsión ultra-contemporánea, producto a su vez de la exigencia de simultaneidad y ubicuidad de las sociedades de la información.  

 

 Y, por si fuese poco, resultado a su vez de fenómenos inconclusos e inestables a los que se quiere dar un estatuto fatal e irreversible. Ni el tiempo real ha sido nunca “real”, ni aquellos shows reality en sí (fueron y son construcciones mediáticas y trans-mediáticas), así como la retro-alimentación trans-mediática se da bajo imperativos carentes de libertad real y funcional, ya que son dispositivo o pruebas de medición y control instrumentales.

 

 La idea básica del plan de Amazon, por ejemplo, consiste en “invitar a guionistas y directores a presentar sus proyectos, ya sea mediante el envío de un guión o de una película-test (con la duración real de la propuesta y que debe ajustarse a la idea de una historia imaginativa con buenos actores pero cuyos valores de producción no tienen que ser los de una proyección comercial’). Una vez que un guión esté en la Red, otros internautas tendrán la posibilidad de leerlo e incluso mejorarlo, creando nuevas versiones”. Asimismo las películas-test también serán públicas y podrán ser votadas.

 

 El plan de Amazon carece de originalidad, desde luego. La familia del gran cineasta Ridley Scott ha patrocinado un proyecto semejante desde tiempo atrás. El mismo concepto de originalidad está fuera de lugar bajo un marco conceptual y creativo que tiene como mayor enemigo la figura autoral tal como se le ha conocido hasta ahora. El empeño colectivista e hiper-conectivo que hay de por medio transfiere las aportaciones individuales a los sistemas supra-personales, al final los beneficiarios hegemónicos de las convocatorias “abiertas”. Por supuesto, contemplan pagos insignificantes a algunos oferentes de la audiencia (menos del 10 por ciento que ahora suele recibir un creador por sus derechos autorales).

 

 “Nuestros comisarios están en tu cocina. Somos el primer estudio sin guardas en la puerta”. declara satisfecho Roy Price, el responsable de Desarrollo de Producto Digital de la empresa y cerebro que supervisará Amazon Studios. Claro está: los guardas están ya dentro de cada casa y consumidor disfrazados de comisarios. Mayor cinismo resulta imposible.

 

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Amazon/camara/accion/elpepucul/20101118elpepicul_5/Tes

 

 

Sergio González Rodríguez (Ciudad de México). Estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es narrador y ensayista. Ha sido músico de rock, editor de libros y suplementos culturales y profesor en estudios de postgrado. Desde 1993 es consejero editorial y columnista del diario Reforma y del suplemento cultural El Angel. En 1992 fue Premio Anagrama de Ensayo (finalista ex aequo) en Barcelona, España, con la obra El centauro en el paisaje, y en 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Dos veces ha sido becario de la Fundación Rockefeller. Autor de diversos libros, en 2002 publicó su relato sobre violencia, narcotráfico y asesinatos contra mujeres en la frontera de México y Estados Unidos titulado Huesos en el desierto, que fue finalista del Premio Internacional de Reportaje Literario Lettre/Ulysses 2003 en Alemania, obra que se ha traducido al italiano y al francés. En 2004 publicó la nouvelle El plan Schreber, en 2005 una novela titulada La pandilla cósmica y en 2006 su ensayo narrativo De sangre y de sol. En 2008 publicó su novela El vuelo y en 2009 su crónica-ensayo sobre decapitaciones y usos rituales de la violencia El hombre sin cabeza, ya traducida al francés. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.