Anexo I

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El que esto escribe, guineano residente en Malabo, pasa a presentar un anexo después de todo lo que ha escrito en los meses que lleva escribiendo para este sitio. Y lo presentará antes de lo que va a escribir.

 

Queridos guineanos: Hace poco que los más patriotas se golpeaban el pecho porque la selección femenina del fútbol no trajo de la República Sudafricana la copa. Dejamos que se feliciten por la gesta y que los ricos hagan los desembolsos necesarios para tener contentas a las jugadoras, porque no queríamos ser aguafiestas, ya que ya somos malos patriotas, o sea, no somos “nacionalistas”, y pasamos hacer las pertinentes reflexiones en torno al hecho.

 

                En nuestra lucha por  conseguir que los asuntos guineos se conduzcan por mejores cauces, nos topamos con la cerril recalcitrancia de unos organismos de los que no seríamos capaces de desatar las sandalias, las suyas. Y es porque son supranacionales.  No vamos a ir con rodeos, hablamos de la FIFA. Desde hace unos años la FIFA se creyó la inventora del fútbol y cose y corta sin que en el todo el mundo haya una sola voz que le contradiga. El resto de países y organismos tiene una sujeción tal que diríamos que es la mayor dictadura del mundo. Incluso se pavonea de este dominio mundial. Gestionado por hipócritas y corruptos, la FIFA ha pregonado siempre la separación entre el fútbol y la política, y hasta ahora no sabríamos entender por qué el resto de los países que libremente se someten al acunamiento del máximo organismo del balompié hace que se propague una verdad que no es. Y es que en el mundo no se tolera, o la FIFA no lo tolera, que la política se inmiscuya en el fútbol. Por este hecho La República Federal de Nigeria sufrió un tirón de orejas porque el que más voces tenía dijo que la selección de este país de banderas verdes se tomaría un descanso después de su vergonzoso papel en el último Mundial. Pero inmediatamente la FIFA tensó las orejas y rugió, y los muy líderes de Nigeria dieron el paso atrás. Lo que no quiere saber la FIFA es que en todos los países africanos, y en los europeos, asiáticos, americanos, toda la Oceanía, las selecciones avanzan y obtienen resultados gracias al desembolso directo de los mandatarios de estos países, que toman el asunto del fútbol como una cuestión de Estado. Es decir, que no hay en Nigeria, ni en Guinea Ecuatorial, un solo organismo dependiente de la FIFA que pudiera gestionar con solvencia los asuntos de las selecciones nacionales.

 

                De hecho, cuando Guinea Ecuatorial no tenía el dinero del petróleo y gas, que ahora puede malgastar inexplicablemente, no tenía a ningún solo internacional en sus filas, y la FIFA ya existía, con sus millones en Suiza. ¿Pero sabe alguien por qué la FIFA nos considera tontos y nos quiere hacer creer que no se casa con la política? Porque nos escandalizaríamos del contubernio que tiene con la gente de peor calaña de este mundo. ¿Cómo? Pues no quiere que ni de lejos se sepa que está a gusto relacionándose con personas detestables de la política mundial, personas que por otra parte encuentran una ventana abierta al mundo cuando se sientan en el palco de los estadios de fútbol. Y es que en el mundo hay países cuyos habitantes tienen muchos problemas para vivir el día al día. El paro atenaza a medio mundo, el ambiente se destruye o se envenena, las infraestructuras no existen, todos los indicadores de bienestar están en el fango, no hay libertad y  solamente se vota en la capital, pues el voto en las provincias apartadas no existe. Este es el verdadero panorama de los países cuya política no debe interferir en  los asuntos del fútbol. Pero si la FIFA quisiera ayudar al mundo y no tuviera tanta alegría porque los pobres de solemnidad practican y se alegran por el fútbol, si la FIFA quisiera ver que en todo el mundo son los políticos los que sostienen el fútbol de sus países, haría una cosa que no le supondría ningún gasto.

 

                Iría a estos países que encadenan desastre tras desastre y diría a estos líderes ya conocidos por todos: Sí, queréis que haya fútbol aquí, y que se sepa en todo el mundo que tenéis talentos y capacidad para organizar un evento planetario. Y ya que insistís en vuestra capacidad económica y de gestión, os decimos que sí, podéis, pero para organizar este evento tenéis que mostrar al comité de la FIFA que habéis mejorado no sólo la infraestructura futbolística, sino que podéis aportar a la luz pública los indicadores mejorados de vuestro desarrollo social. O sea, cuando tengáis casas para los habitantes, comida para ellos, electricidad estable para sostener un desarrollo mínimo, sanidad para los episodios morbosos que sobrevengan y una educación que asegure una humanidad a los que nazcan, entonces, con la libertad necesaria para toda realización humana, permitiremos que organicéis este evento que supone tanto para vosotros. Está idea, esbozada, ya lleva años escrita por el que aquí escribe. Incluso la hizo pública en un evento que tuvo lugar precisamente en Suiza. Y repetimos, la FIFA no gastaría absolutamente nada, toda vez que utiliza su influencia mundial para recordar a los dirigentes con los que no quiere compartir nada del fútbol que no hay fútbol sin masa, y la masa nacional de hombres y mujeres no debe seguir viviendo en la miseria, sirviéndose del fútbol, incluso del fútbol extranjero, como el opio que les impide ver su realidad.

 

                Llegados aquí tenemos que nacionalizar estas reflexiones, para ir concluyendo este breve anexo. Viviendo en la miseria más agobiante nuestras autoridades mostraron el mundo que había suficiente dinero en este país para organizar un evento panafricano. Todavía no tenemos agua potable en las capitales y podemos esbozar una sonrisa de orgullo porque tenemos ya un estadio de más de 15 mil seguidores, y otros en construcción. Llorando a la FIFA porque no queríamos seguir en el ostracismo, conseguidos que nos concediera la organización de la Copa Africana de Naciones del 2012. Para ese año no habrá agua potable en las dos principales ciudades, y oficialmente se sabe que todavía no tocaría, pues el programa nacional para proveer de estos servicios se llama Horizonte 2020. Es decir, que no inventamos nada.

 

De vueltas con la FIFA y con la opacidad de sus métodos, nos sorprendemos otra vez de que su amor al fútbol es más alto que lo que siente por los habitantes que lo practican o lo apoyan, de modo que no le importa que en un país no haya condiciones para la práctica gregaria del balompié, hay que jugar como sea, recurriendo incluso a métodos maquiavélicos. Esto se ve en Guinea con las componentes de su selección femenina, todas, o casi todas, extranjeras. Chicas nacidas en otro país, pero que encuentran rápidamente nacionalización con el visto bueno de la FIFA porque así se asegura que en este país haya alguien que crea conveniente someterse. ¿Pero alguien ha pensado que si este país no tuviera una selección sería sintomático de una situación que no debe pasar desapercibida? ¿Cómo un país con un 50% de hombres y mujeres de 12 a 45 puede carecer de una selección, un colectivo que solamente necesita la dedicación de 22 personas? ¿No debería saber la FIFA que en un país de unos 600 mil habitantes, un millón para sus amigos del poder, no hay jóvenes interesados en el balompié? Si las causas por las que no podemos tener un grupo de 22 chicas y otro de 22 chicos para cimentar el patriotismo se remedian con la contratación de extranjeras, ¿no es poner un parche que sería peor cuando se despegue el vendaje transitorio para tapar la herida? Cualquiera que quisiera reflexionar diría que aquí hay materia de debate. Pero como la FIFA es tan poderosa y cree que esto es bueno para todos, el patriotismo se inflama y nos dolemos y nos alegramos por el esfuerzo realizado por unos foráneos, hechos mercenarios a causa de nuestra desidia. Terminaremos diciendo que ya va siendo hora de que la gente vaya pensando en serio que la FIFA puede hacer más, muchísimo más por los habitantes del planeta. Y sin gastar un solo duro.

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.

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