Antes y después

0
263

Al final ganamos.

 

El descontrol se inició horas antes del partido. El becario, castigado en un pupitre de colegio, mira el portalón de entrada al palacio con los billetes preparados para el cambio. La gente empieza a agolparse sin ton ni son junto a él, incapaces de formar una fila. Algo en mí se revuelve inmisericorde, sube por el tracto digestivo, se convierte en una llamarada venenosa que contengo a duras penas: a la chusma que no sabe organizarse habría que azotarla.  Aunque en mi casa lo nieguen, una fría noche de invierno me arrancaron de algún orfanato alemán y hoy me toca vivir en el siglo equivocado. Sin fusta, sin uniforme, desgañitándome entre los fieles seguidores del embisto luego rebuzno…

 

Ofrezco mi ayuda gestionando el teléfono de emergencias; sé perfectamente cómo tratar a los tocapelotas de última hora. ¿No sabe usted como llegar a la fiesta? No se preocupe…Su presencia aquí era del todo prescindible…Pero la actividad telefónica pronto se revela superflua en comparación con la que se está montando en la puerta, así que de vulgar recepcionista paso a portera de discoteca de polígono. Familias enteras, niños con banderita, amigas del jefe, amigas del segurata que brilla por su ausencia, vecinos, supuestos periodistas, camareros sin traje de faena, barrenderos, cámaras….Si no pasa nada es solo porque Dios y Hizbollah no lo quieren. A lo lejos se oyen los primeros acordes del himno español. Mi compañera y yo agarramos casi de la camisa a los últimos rezagados para introducirlos en el recinto. Una vez dentro, cierro la enorme puerta de hierro con un sonoro portazo y me lanzo a la carrera hacia mi silla.

 

La mujer sentada a mi lado puede que esté colocada, puede que le hayan inyectado demasiado colágeno en los labios. Andresito marca gol. El hambre nos hace ver espejismos, el jefe se ha tirado a la piscina. Varias tiras de nylon adornan los culos blancos que corretean por el césped. Se intuye una polla flácida brincando debajo de la bandera de España, hay hombres fornidos en calzoncillos supervisando la seguridad, las mujeres se desmelenan aprovechando la oscuridad del agua. Antes de ser arrojada a la piscina suplico clemencia para poner a buen recaudo las microfilmaciones hechas en las últimas horas. La camisa, un poco transparente hace unos minutos, se convierte en digna concursante de una competición de camisetas mojadas. Doy gracias al cielo de no estar borracha. Varios libaneses contemplan el espectáculo con gesto satisfecho. Graban en video los mejores momentos para cascársela a gusto en la intimidad del hogar. “Mabruk”, enhorabuena, dicen con sonrisa socarrona. Opinan que la delegación española es muy “hot”, invitan a nuestro Odette, a punto de sacar la chorra de la jaula, a una fiesta privada el próximo fin de semana, pero para no decepcionarlos en sus expectativas a alguien no le quedará más remedio que desnudarse.

 

El jefe abandona la fiesta. Nosotros, sus ángeles, le seguiremos poco después como zombies rescatados de un naufragio, húmedos y arrugados. La colocada, en firme posición, se mea en el exterior por las piernas ante un policía que la increpa.

 

Déjennos divertirnos ahora. Ya queda poco. Los caníbales sienten un apetito feroz.