Antonio Navarro: «El periodismo de guerra no es mejor que el que se puede hacer en los barrios más deprimidos de Sevilla»

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Le dedico este post a Antonio Navarro Amuedo

 

Conocí a Antonio gracias a la amalgama de las redes sociales, la última tendencia en los estudios del nuevo periodismo online. Recuerdo el primer mensaje que Antonio me escribió por Facebook cuando él estaba residiendo en el Marruecos del 2010 viendo nacer los primeros crepúsculos de la revolución árabe. Por aquel entonces yo estudiaba en Londres mi máster en relaciones internacionales, aprendiendo los entresijos de la profesión que en teoría nunca había conocido el paro porque siempre están emergiendo noticias en alguna parte del mundo, o a la vuelta de tu esquina.

 

Con un bonito mensaje que empezaba por «corresponsalía» Antonio se presentó:

 

«Corresponsalía

 

Hola, Iara, ¿cómo estás? Me presento: soy Antonio Navarro, colaborador del  Grupo Joly en Marruecos. Acabo de leer tu información sobre las elecciones británicas. Yo era redactor de Diario de Sevilla hasta hace dos años y pico y vine para hacer una beca en la Embajada aquí en Rabat, donde sigo residiendo desde hace más de año y medio. Yo estudié en Leeds hace más de tres años un curso de Erasmus y también seguiré desde la distancia las elecciones en el Reino Unido con mucho interés. A ver si estamos en contacto e intercambiamos impresiones sobre nuestras «corresponsalías». Un saludo.»

 

El destino quiso que Antonio viniese a visitar mi corresponsalía de Londres (aunque para un reportero freelance no hay periodos vacacionales sino visitas intencionadas para explorar el terreno de un nuevo destino laboral), donde celebramos juntos en un bar con cerveza inglesa y pantallas gigantes, perdido en el epicentro de Londres, rodeados de colegas británicos, la entrada de la extraña pareja del conservador David Cameron con su viceprimer ministro Nick Clegg, el liberal demócrata, ante el número 10 de Downing Street.

 

Casualidades de la vida, decidí cambiar mi corresponsalía de Londres por Sudáfica. De Sudáfrica me moví a Oriente, entrando en Israel y Palestina. Antonio se mudó de Rabat a Londres, y de Londres a Turquía, donde estudia la posibilidad de meterse en las entrañas del mundo árabe.

 

Una vida apasionante, precaria, pero intensa, escogiendo corresponsalías, señalando un destino al azar en medio de Google Earth. Antonio nos relata los secretos de una de las figuras más mitificadas en la historia del periodismo: el reportero freelance.

 

 

Entrevista con Anonio Navarro: «El periodismo de guerra no es mejor que el que se puede hacer en los barrios más deprimidos de Sevilla»


 

¿Por qué ha decidido cambiar la redacción en Sevilla y apostar por el mundo árabe?

 

En realidad no fue una decisión meditada ni planificada. La vida son un cúmulo de casualidades y una de ellas fue obtener una beca en la Oficina Comercial de España en Rabat —por la que dejé la redacción de Diario de Sevilla—, y allí comenzó una relación con Marruecos, donde he vivido más de dos años y medio y he vuelto a visitar con frecuencia desde entonces. Vi un país aún muy pobre y con índices de desarrollo humano bajos, que quiere empezar a construir una democracia, y una sociedad joven, con un carácter bastante parecido al español. Y muy acogedora y generosa. Por otra parte, la Primavera Árabe estalló en el Norte de África y el resto de la región a comienzos del año pasado: un hecho inesperado pero nada inexplicable que me hizo pensar aún más la larga lucha por la libertad y la prosperidad que tienen por delante las gentes de todos esos países. El Magreb en particular es una región muy próxima y desconocida para los españoles, y por ello creo que es importante que entre todos, incluidos los periodistas, contribuyamos a conocernos mejor y a aumentar los flujos humanos, comerciales, diplomáticos e intelectuales entre las dos realidades. 

 

¿Cuales son las ventajas e inconvenientes de un periodista freelance?

 

Creo que son claras. Ventajas, pocas; la principal es gozar de la libertad de poder hacer la maleta, cerrar el chiringuito y largarte antes de cansarte de un sitio; la de elegir tu próximo destino mirando Google maps y haciendo click en la opción de zoom.  Los inconvenientes, muchos: la incertidumbre de no saber cuánto te comprarán, la inestabilidad y la precariedad en suma.

 

El periodista Ander Izagirre afirma que un periodista ha de salir de Google y ponerse una buenas botas para sacar grandes reportajes. ¿Qué opina de ello?

 

Estoy de acuerdo en parte con él. Cada vez más abusamos de la información que obtenemos a golpe de Google. Es cierto que es también una ventaja innegable para los periodistas: antes esa información se obtenía haciendo pesadas llamadas a funcionarios que no querían respondernos o buscando en enciclopedias o yendo a la hemeroteca municipal, donde echábamos toda una tarde. Hemos ganado tiempo. Pero hay mucho, muchísimo, que ocurre fuera de Google y para conocerlo hay que tomar muchos cafés con entrevistados, montarse en muchos autobuses y trenes, subir muchas escaleras de edificios de viviendas y ponerse unas buenas botas, sí. Pero también se puede ir con mocasines, zapatillas de deporte o zapatillas de esparto. Es decir, lo importante es salir de la redacción y apagar el portátil y hablar frente a frente con la gente.

 

¿Piensa que para ser un periodista autónomo hay de meterse en zonas de conflicto, o que se puede ejercer en cualquier esquina?

 

No creo que para ser periodista freelance haya que meterse en una zona donde se esté produciendo algún conflicto violento. Creo que no sólo la modalidad freelance, sino, en general, la profesión periodística puede ejercerse en cualquier lugar y momento. Se trata de contar lo que ocurre ahí fuera. De hecho, aunque no he estado en ningún conflicto bélico, creo que las guerras ofrecen un rango limitado de visiones y formas de una sociedad, pues al final los conflictos bélicos acaban asemejando a todos los países. Creo que para el lector habría sido mucho más esclarecedor e instructivo leer crónicas de la vida cotidiana y política del Damasco de, digamos, 2009 o 2010, que el de estos últimos 17 meses, donde todo se reduce a cadáveres, sufrimiento y destrucción. Que no se me entienda mal: es muy valiente del lado de los compañeros que arriesgan su vida en zonas de conflicto, admirable, pero no estoy nada convencido de que el periodismo de guerra sea en absoluto mejor que el que se puede hacer narrando la cotidianeidad de un distrito del Este de Londres, un suburbio de Pekín o los barrios más deprimidos de Sevilla. En eso me han gustado mucho dos periodistas españoles: Julio Camba y Azorín.

 

¿Podría dar una imagen a los lectores sobre su vida en Marruecos, Londres y Turquía?

 

No he tenido ninguna queja en ningún sitio y he intentado, desde el primer momento, adaptarme a las costumbres locales al máximo, en la medida de mis posibilidades. Observar a la gente, charlar con ella, saber de sus preocupaciones o sus esperanzas, comer o ir a pelarme en los mismos sitios donde los vecinos de las ciudades donde he vivido ha sido para mí siempre mi predilección. Y después, si tienes el privilegio de que te paguen por contar lo que ves mientras haces todo eso, pues jugada redonda. Disfruto haciéndome a la vida en mi nuevo barrio. Como ahora en Estambul, donde estoy ya contento de que me conozcan en la frutería, el bar de los kebabs, la papelería… más cercanas a mi piso. Disfruto de las tertulias en los autobuses viajando de ciudad en ciudad, como tantas que tuve en Marruecos con vendedores de ropa de las antiguas medinas, que me servían de termómetro económico del país. Salvando las distancias entre los sitios, siempre he tratado de hacer lo mismo, abordar los lugares de forma similar.

 

¿Cuántas veces se ha planteado dejar el periodismo independiente por un contrato laboral en alguna redacción de un medio local?

 

No pocas veces, porque la situación de los freelance es rematadamente difícil. El periodismo lleva en crisis mucho tiempo y la crisis económica general le está dando la puntilla. Asumo que antes o después la abandonaré, es ley de vida, y, además, es saludable que sea así. Sé que después de montarme en los autobuses en los que me estoy montando me aburriré teniendo que acudir a la misma redacción cada mañana y subiendo por el mismo ascensor. No tengo claro, en cualquier caso, que quiera regresar a la redacción de un medio de comunicación, local o nacional. El futuro y el parné lo dirán.

 

¿Podría relatarnos alguna historia en alguno de los mundos vividos que le haya llamado especialmente la atención?

 

Es difícil elegir un momento concreto. No me ha pasado nada extraordinario ni he vivido experiencias de vida o muerte. Pero recuerdo con mucho agrado los cuscús a los que he sido invitado en casas de gente a las que me he acercado sólo brevemente para preguntarles por una desgracia natural, el nivel de precios de sus alimentos cotidianos o, simplemente, con el taxista de turno que me había llevado de un pueblo a otro. La hospitalidad y generosidad de los marroquíes, y de muchos árabes en general, le hace a uno congraciarse con el género humano.

 

¿Cuáles son las nuevas corresponsalías o áreas que recomienda a los futuros periodistas freelance?

 

Creo que cualquier sitio, como te he dicho antes, puede ser interesante para ejercer la profesión. Pero si me preguntas por las áreas del mundo que tendrán cada vez más interés para el público español o global, y que, por tanto, permitirán al freelance que parta con su portátil vender más, te diría que la atención se desplaza hacia el Este. Los llamados BRICs seguirán creciendo más que las viejas potencias industriales de Occidente. Rusia, India, Turquía, Irán, el mundo árabe, el sudeste asiático y, por supuesto, China, son países o áreas geográficas al alza en muchos sentidos. Sufren transformaciones profundas y son espacios bastante menos conocidos que las corresponsalías tradicionales de nuestros medios.

 

Obra del autor


Blog Cartas Magrebíes de su periodo en Rabat.

Artículos en la revista Foreign Policy en la que colabora habitualmente, donde analiza el mundo árabe con reportajes sobre el terreno.

Artículos en Intereconomía.