Apuntes dubitativos sobre resistencia, primaveras y violencia en México

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El 1 de julio se celebran elecciones en México. Lo que Javier Sicilia y Alejandro Solalinde han logrado es lo que las redes humanas del #YoSoy132 (la llamada Primavera Mexicana) están consiguiendo ahora: romper la verdad oficial. pero si hay una debilidad en el discurso de Solalinde o Sicilia es el futuro

Primaveras maceradas 

 

No hay primaveras. Eso es un invento mediático. Las que llaman primaveras arden como el verano, duelen como las gotas de tormenta de altura al desbordarse en los cuerpos caminantes, congelan la sangre de los poderosos ante el temor al lento despertar de las conciencias. No hay primavera mexicana, hay el desborde de un vaso, el derrame de un proceso, la lenta acumulación de pequeñas resistencias, de grandes ideales, de tejidos sutiles invisibles que se conectan en la periferia.

 

¿Será así? Esa es la sensación. 

 

Junio 2012. Conozco a Alejandro Solalinde en el florecer de esa primavera que es en realidad la maduración del fruto. Esperaba encontrarme a un hombre enfadado o entristecido, nostálgico o conmocionado. No es fácil aceptar que hay que retirarse un tiempito (aunque sea breve) del territorio de tus luchas para no terminar abonándolo. A quien me encuentro es a un hombre sonriente, feliz de ver a los jóvenes en la calle, desafiando al enquistado estado de las cosas en México, poniendo un espejo al sistema mediático-político para demostrarle que la imagen resultante es la que no aguantan más.

 

 

Dios que estás acá en la tierra

 

Abril de 2012. Dos meses antes conocí a Javier Sicilia, el inspirador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. ¿Hay un tejido que une a estos dos hombres? Quizá los conecta, pero no los hace iguales. Aunque hay un carburante cristiano compartido, sus formas y sus discursos son diferentes.

 

Cuando me encuentro con Sicilia se conmemora el primer año de vida del MPJD y el primer año desde el asesinato de su hijo. Hay lucidez, pero también hay “iluminación”. Ahí se encuentra con Solalinde: luchas tan pegadas a la tierra, una gestión de la dignidad cotidiana heroica, un gritar ante un poder sordo, pero nunca mudo, un denunciar los excesos y la inviabilidad del sistema capitalista e individualista, y un aunar voluntades en torno a las víctimas de la violencia narco-estatal inspirados por algo tan etéreo, tan inasible, tan relativo como Dios.

 

 

Los titulares

 

Parece tan mediático hablar de la primavera mexicana como de los indignados españoles o los occupy gringos. Hay una realidad de articulación de resistencias; hay también un tímido activamiento de unas clases medias que, una vez cerradas las puertas del ascenso, miran hacia abajo, y se está produciendo, sin duda, un fenómeno incomprensible para periodistas convencionales, políticos y sociólogos de salón. No hay antecedentes en las historias que se cuentan, tampoco seguimiento tras las megamanifestaciones o los actos espectaculares. 

 

Por eso conviene escuchar a las y los que están en las resistencias cotidianas y ahora se tejen, se entretejen, se visibilizan.

 

 

La paciencia

 

Cree Alejandro Solalinde que Chile es un buen  ejemplo. “Han esperado 40 años para despertar, pero nunca dejaron de resistir”. Para él, después de “las masacres a los jóvenes en 29 países en 1968, ellos siguieron resistiendo”. Es un continuo… las luchas entendidas como un proceso acumulativo, aunque el sacerdote y director del albergue para migrantes Hermanos del Camino cree que la incorporación de “los jóvenes urbanos de clase media” acelera los procesos. 

 

En una charla pública, un par de días después de nuestro encuentro, reconocía que el zapatismo ha jugado “un papel clave en México”.

 

También se siente la cumulación en el MPJD. Quizá hace todo más complicado: la convergencia de movimientos y redes tan diferentes articulados en este movimiento que nació de forma explosiva –otra primavera–. Hablo con varios de sus miembros, los que no están en la primera fila de las cámaras y hay fuertes debates, dudas, cuestionamientos a Silicia, reconocimiento de su papel, diferentes apuestas de futuro. La fuerza del MPJD busca cómo canalizarse, como transformarse de protesta a propuesta.

 

Sicilia habla mucho de Dios e, incluso, de la Iglesia católica. Viajó a Roma en contra de la opinión de algunos de sus compañeros a entregar una carta a un Ratzinger que en su visita oficial a México, unas semanas después, no miró hacia abajo y se conformó con referencias genéricas al fin de la violencia. Solalinde parece más crítico que él. Critica con extrema dureza las jerarquías eclesiales, cuestiona la cercanía de éstas con el poder, su burocracia, su distancia de los excluidos. Él, así lo cuenta, habla a menudo con Jesucristo y está seguro que el Jesucristo que él conoce es el de verdad.

 

 

Las verdades

 

Escribo sobre dos resistentes a los que, a pesar de conocerlos poco, admiro. Hay que tener un alma especial –si esa víscera existe– para enfrentarse a una estructura institucional y no institucional tan violenta como profesional.

 

Lo que Sicilia y Solalinde han logrado es lo que las redes humanas del #YoSoy132 están consiguiendo ahora: romper la verdad oficial.

 

Miremos si no. No conocíamos la dimensión numérica pero, ante todo, humana, de la violencia desatada por la mal llamada “guerra contra el narcotráfico” impulsada por el presidente de México, Felipe Calderón, hasta que el dolor desgarró a Sicilia, sus palabras conmovieron a una parte del país y su voz se hizo multitud. No es que no se hubiera contado antes, es que las voces no habían adquirido la fuerza mediática necesaria para que el mundo girara la cabeza y dejara de creerse los discursos oficiales. En tiempos de simulacros es preciso que el ruido tenga rostro… o foto. Y el MPJD ofreció una foto con contenido que se regó como semilla con la ayuda de movimientos como EmergenciaMx o con el rostro de personajes famosos como Daniel Jiménez Cacho y todos los artistas agrupados en El Grito Más Fuerte.

 

El caso de Solalinde es diferente. Él forma parte de un magma de resistencias más denso y tupido a lo largo y ancho del país, desde Las Patronas hasta otros defensores y defensoras de derechos humanos que llevan años señalando que el drama de los migrantes centroamericanos que son secuestrados, extorsionados, maltratados y asesinados a su paso por México tiene el poder simbólico de contener a la humanidad. El “migroma humano”, como lo denomina Solalinde, es una metáfora sangrante de las consecuencias y las brújulas que impone el sistema capitalista, las desigualdades enquistadas del colonialismo, la animalización brutal a la que nos vemos –quizá– abocados. Para contar esa verdad ha contado con ayuda, la de famosos como Gael García Bernal o la de organizaciones como Amnistía Internacional o Brigadas Internacionales de Paz.

 

Ambos resistentes en la tierra, aunque apelan de forma machacona a su dios, han mostrado la verdad cruda del sistema, de las violencias estructurales que, para perdurar, precisan de invisibilidad… o de confusión. Escribe sobre México la fronteriza Sayak Valencia que “los medios de información y de entretenimiento nos han sobresaturado de información y han causado estragos en nuestra capacidad de percibir, aceptar y actuar en la realidad”. Contra esa niebla, estos hombres y mujeres a los que simbolizan personajes como Solalinde o Sicilia.

 

Otra verdad –otras verdades– es la que están revelando los miles de jóvenes y adultos a través del movimiento #YoSoy132 o la llamada Primavera Mexicana. Las movilizaciones, asambleas multitudinarias y acciones han provocado la salida de la sombra se muchas voces que llevaban años dejándose el alma en mostrar las mentiras del sistema.

 

 

¿Y después?

 

Si hay una debilidad en el discurso de Solalinde o Sicilia es el futuro. Conjugan el presente con ellos mismos formando parte de él. Hablan del pasado con claridad y señalan que los problemas de México son los problemas del mundo y que los problemas del mundo tiene que ver con las estructuras. No con las coyunturas. Pero el futuro lo componen de una forma vaga. En el caso del MPJD pude ser testigo de cómo muchos de sus miembros trabajan en un espacio sin cámaras en la construcción de una ecuación que proponga cosas concretas para un futuro concreto. 

 

Quizá ahí está la clave. En ese trabajo lento para construir alternativas reales. El propio Sicilia duda en privado y en público del Estado, pero no renuncia a exigirle que cumpla con su deber. “En teoría, es el Estado el que debe defender nuestros derechos, debe buscar a los desaparecidos, debe proteger nuestras vidas”, argumenta. Solalinde se refiere a Sicilia como “una autoridad moral”, pero matiza: “No va a ser él el que catalice todo esto que está pasando… es demasiado. Tienen que surgir otros líderes, hay otra gente en el MPJD y yo apuesto a que será gente joven la que lo haga”. Tampoco cree en la actual institucionalidad. “El PRI y el PAN han tenido secuestrado a México, pero confío que este 1 de julio los jóvenes y las mujeres le pongan un pare a  los políticos”. Por eso propone: “un nuevo pacto nacional, nos tenemos que unir para refundar México”. Una propuesta tan deseable como indefinida para un país al borde del abismo.

 

 

Los políticos y los contrapesos

 

Parece evidente que en el modelo de democracia liberal occidental se puede plantear un cambio de políticos, no de sistema. En México, hasta ahora, estaba limitado. Cuando Vicente Fox alcanzó el poder en el año 2000 los medios internacionales hablaron del fin de la autocracia del PRI y lo vendieron como una renovación. Los hechos hablan por sí mismos.

 

En el año 2006, el candidato de la izquierda suave del PRD , Andrés Manuel López Obrador, se quedó a las puertas de la residencia presidencial de Los Pinos en un resultado tan ajustado contra Felipe Calderón que el olor a fraude impregnó la Plaza del Zócalo y se extendió por todo el país. La maquinaria había funcionado y no sirvieron de mucho las multitudinarias concentraciones denunciando el pucherazo.

 

El 1 de julio se celebran elecciones en México. Hace tres meses Javier Sicilia dijo que no se trata de elegir entre partidos políticos sino entre cárteles del crimen organizado. Su tendencia a cambiar al sistema desde adentro lo hace sentarse después con los candidatos presidenciales, incluida la polémica baza del PRI, Enrique Peña Nieto. Pero la campaña y los gestos del MPJD o de otras organizaciones están matizados por unos nuevos gritos y unos intencionados silencios.

 

Los gritos han surgido del movimiento estudiantil, que prendió en la elitista Universidad Iberoamericana. Solalinde está convencido de que algo tiene que ver los voluntariados de los estudiantes de la Ibero en centros de acogida a migrantes como los de Las Patronas. Un mes y medio antes de las elecciones se regó la gasolina de la indignación contra la censura mediática a favor de Peña Nieto y la duda ahora es si el altavoz mediático ha sobredimensionado el poder de esta primavera o si de verdad tendrá una incidencia significativa en los comicios.

 

Los silencios se miden en un proceso paralelo que camina en México sin tanta atención de medios convencionales o analistas. La construcción autónoma y autogestionada de los Caracoles (la estructura de organización territorial y política en las zonas de influencia del EZLN-Ejército Zapatista de Liberación Nacional) en el sur del país, o los nuevos procesos autonomistas en comunidades indígenas como Cherán (en Michoacán), marcan un camino que supera el concepto colonial de las dos repúblicas (la de indios y la de blancos y mestizos) y plantea un reto a la forma de entender la política, la economía, la cultura y las relaciones de poder.

 

 

Poética, política, mística… realidad

 

La realidad de México es, entonces, mucho más compleja de lo que se podría presuponer desde fuera. Ni son todos los que vemos los que luchan por un nuevo país, ni luchan por ese país todos los que deberían. 

 

Es cierto que Solalinde y Sicilia son hombres de profunda mística. El padre Solalinde, en su exilio de dos meses, me aseguraba que no teme morir –“porque el espíritu santo siempre queda” – y se confiesa inspirado sólo por “Jesús, él nunca me defrauda”. Sicilia, también enganchado a su fe, cuenta cómo, “de algún modo”, la muerte de su hijo le hizo darse cuenta de algo poco terrenal: “Dios me había quitado a mi hijo, pero me daba la gracia de liderar este movimiento”.

 

Solalinde, un hombre que ha tenido muchas transformaciones en si vida, se apoya en los hechos, en el trabajo a pie de vía con los migrantes. Sicilia, como poeta, se apoya en las palabras, en textos cargados política y poéticamente. Comparte esa arma con otros líderes del país, como el subcomandante Marcos. Pero los diferencia la praxis. Los zapatitas, después de un largo intento por influir en la totalidad del país y por despertar con palabras y pasos en interminables marchas y concentraciones, han optado por el silencio mediático y el trabajo azaroso en sus comunidades al margen del Estado y de sus trampas. 

 

Todos los anteriores son hombres y parece paradójico en un país que resiste el derrumbe anclado en mujeres poderosas en los movimientos de base. Pocas son mediáticas, quizá porque como dice Solalinde “este país es muy mariano y muy guadalupano, pero irrespeta a la mujer, es feminicida”. Por eso el sacerdote pone su esperanza en los jóvenes “y en las mujeres, que van a jugar un papel clave”. Si se trata de un nuevo México, será preciso revisar ese papel. Sayak Valencia asegura que “las construcciones de género en el contexto mexicano están íntimamente relacionadas con la construcción del Estado”. Y recuerda que Carlos Mosiváis solía decir que el término macho está altamente implicado en la construcción estatal de la identidad.

 

Muchas son las mujeres que suponen la energía cotidiana de las resistencias. A finales de 2011 Blanca Velázquez, una valerosa activista por los derechos laborales de los trabajadores de las maquilas y del sector automotor en Puebla, me lo advertía: “…yo siempre he abogado por el camino pacífico y por la incidencia en las políticas públicas… pero… México también tiene historia y yo siempre digo: ‘No despierten a México bronco’. Hay muchos ejemplos de cómo la gente se está organizando y va a llegar un momento en que no aguante más y yo no sé cómo va a reaccionar. No queremos violencia, pero la verdad es que la violencia la venimos viviendo en muchos sentidos. Entonces…. ummmm. No sé, no sé… me da mucho miedo que en un momento se levanten campesinos, se levante la ciudadanía concientizada… y la que no lo está porque… porque estamos hasta el cuello… y de pronto tengamos que enfrentarnos”.

 

 

 

Paco Gómez Nadal es periodista. En FronteraD ha escrito, entre otros, los reportajes Baby Doc y Clinton en busca de unos Timberland, Haití, de la catástrofe a la hecatombe y La grosera realidad. Crisis en Panamá. En FronteraD mantiene desde hace más de dos años el blog Otramérica. Es el principal impulsor de la web Otramérica

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Autor: Paco Gómez Nadal

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Paco Gómez Nadal
Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.