Aquel ritmillo

Donde se cita el misterio del tono; regalo o condena para cualquier juntaletras inspirado

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El guitarrista de los Beatles, George Harrison, solía decir que la clave de sus solos eran “las notas que no tocaba”. He recordado esta cita, bastante ingeniosa, a propósito de una reciente lectura y me ha vuelto a la mente el tema de los escritores y la música que refieren sus palabras.

Es aquello que se llamó tono y es probablemente una de las cualidades más difíciles, más extraordinarias, que posee cualquier hacedor de textos. Existe el tempestuoso, cual catarata en la floresta, que pretende engarzar la frase grandilocuente en un sinfín de esmaltes adamantinos. Cansino para una lectura rápida, literatura pastosa, siempre feliz en confinamientos sin final acompañados de un provechoso silencioso. También suena la campanilla ingeniosa, música de cámara, donde se pretende llegar a cortas ideas a través de frases sencillas. Literatura de periódico, de gallego engolfado haciendo horas muertas en el “Hotel Palace”, tiene como contrapartida su nulidad de conceptos. No olvidemos tampoco la literatura descriptiva, de hombre taciturno y amargado, que busca en la escasa poética de la realidad un elemento lírico: casi siempre esquivo, puede llegar a alargar hojas y hojas un árbol de ramificación imposible que se conoce, se llama, narración.

A menos dientes, menos metáforas

Es curioso que en ciertos géneros de periodismo se apueste por un discurso u otro porque por lo general se tiende a la hibridación. Así, es inmoral reproducir verdad de un tiempo y un lugar con profusión de adjetivos, impensable en periodismo anglosajón, sin hacer el salto moral evidente. Este equilibrio entre estilos, por otra parte, tiene como límite algo tan propio e inimitable como el fraseo del buen escritor: cuando uno lee a Proust es fácil oír una voz musical y lánguida, poco habitual en francés. De la misma manera, revisar a Cioran es jugar con un sujeto por el cual cada párrafo debe ser ganado en duelo fatal con aquel demonio llamado retórica.

En esa sintonización de una radio en la cual buscamos la afinación perfecta, valoremos a las voces inimitables: son aquellas que prevalecerán.

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