“Arena y solo arena”. Gerardo Lizarraga y sus dibujos de los campos de concentración franceses

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Una reciente exposición en el Museo de Navarra recuperó la figura y la obra de un artista singular, Gerardo Lizarraga (Pamplona, 1905-Ciudad de México, 1982), pintor, cartelista, caricaturista, cineasta, refugiado en Francia a consecuencia de la Guerra Civil Española y luego exiliado en México, donde formó parte de un círculo irrepetible de artistas, como Remedio Varo (su primera mujer), Emérico Chiki Weisz, Kati Horna, Leonora Carrington, Benjamin Péret, Esteban Francés y tantos otros. Constituyeron un grupo de exiliados muy unido, cercano a planteamientos surrealistas, de una creatividad y originalidad hoy reconocida en museos de medio mundo. Lizarraga permanecía en un segundo plano hasta que Blanca Oria realizó un documental (Estrellado, 2018) sobre su extraordinaria peripecia vital y, a comienzos de este año, comisarió en Pamplona una exposición antológica del artista. Ahora, el Museo Lázaro Galdiano de Madrid expone (hasta el 7 de noviembre) los dibujos y caricaturas que Lizarraga realizó en los campos de concentración de Argèles-sur-Mer, Agde y Clermont Ferrand, de una enorme fuerza expresiva y simbólica y que habían permanecido en buena parte inéditos hasta este año.

Gerardo Lizarraga estudió en Pamplona y en la Escuela de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Una beca le permitió sumergirse en el ambiente artístico de París a finales de la década de los veinte, donde se interesa por el cine, la escenografía teatral y la publicidad. En 1930 se casa con Remedios Varo, compañera suya en la Academia madrileña, y se trasladan juntos a la capital francesa; en 1931 se instalan definitivamente en Barcelona. El matrimonio está distanciado cuando estalla la Guerra Civil en 1936. Remedios se relacionó con el pintor Esteban Francés, con quien compartió estudio en la plaza Lesseps y participó en mayo de 1936 en la Exposición Logicofobista, considerada precursora del surrealismo en España. Gerardo se alistó enseguida como voluntario y se puso al servicio de la República. Participó en exposiciones militantes, en la creación de sindicatos de artistas, dibujó carteles de propaganda, fundó una compañía de cine, escribió guiones e incluso intervino como actor en una película surrealista. Salió en el invierno de 1939 por la frontera de Portbou, derrotado y camino del exilio.

Remedios había regresado a París en 1937 con su nueva pareja, Bejamin Péret, poeta y promotor del surrealismo que combatió en las filas del POUM. Juntos estaban en el cine, en París, cuando Remedios reconoció en un noticiero a Gerardo en el campo de concentración de Argelès. Subió a la cabina y no cejó hasta que el proyeccionista le cortó un fotograma con la imagen de un hombre de nariz aguileña, con boina y abrigo, escribiendo apoyado en los restos de un coche. Movilizaron a sus amigos y contactos para sacarle de allí, lo que no resultaba fácil porque la propia Remedios fue detenida y encarcelada en 1940 al parecer por esconder a un soldado francés prófugo; Péret, que también pasó por la cárcel por agitador antimilitarista, vivía en la clandestinidad. Ante la llegada de los nazis, se refugiaron en Marsella, en la Francia de Vichy, como otros muchos intelectuales. Gerardo, por su parte, recorrió diversos campos de concentración hasta llegar al de Clermont Ferrand, con unas condiciones menos duras. Por fin, en 1941, con la ayuda que sus amigos pudieron prestarle, logró salir y llegó a Marsella. Péret y Remedios se embarcaron para México y Gerardo les siguió poco después, ya en 1942.

Péret y Remedios viajaron con el fotógrafo húngaro Emérico Chiki Weisz, que había escapado de otro campo de concentración, en su caso en Marruecos, y vivía escondido en Marsella. Janet Kaplan, biógrafa de Remedios Varo, dice que era él quien estaba con Remedios cuando reconoció a Gerardo en la pantalla del cine. Fuera entonces o más tarde en México, como señalan otras versiones, Chiki desveló que aquellas imágenes las había rodado él en la playa de Argelès, fijándose en un hombre que escribía encorvado entre la desolación y sin saber de quién se trataba. Amigo y colaborador de Robert Capa, que le facilitó y financió el viaje, Chiki había puesto a salvo cuando salió de París la famosa maleta mexicana con cerca de 4.000 negativos de Capa, Gerda Taro y David Seymour, Chim, que apareció setenta años después en un desván de Ciudad de México, curiosamente muy cerca de su casa.

A los exiliados, entre los que también vivió algunos años Esteban Francés, se unió la fotógrafa húngara Kati Horna, amiga de juventud y amor fugaz de Capa, que había llegado a la capital mexicana con su marido, el pintor José Horna, a finales de 1939, tras participar activamente en la guerra. En 1944, en casa de los Horna, Chiki conoció a la pintora surrealista Leonora Carrington, con quien se casó. Gerardo Lizarraga contrajo matrimonio en 1946 con la fotógrafa Ikerne Cruchaga, tudelana, cuya familia había partido en dos la Guerra Civil, y tuvieron dos hijos, Amaya –que falleció en enero de 2020– y Xabier, antropólogo y residente en la capital mexicana.

Los 62 dibujos y caricaturas que Lizarraga realizó en los campos de concentración franceses, y para los que escribió posteriormente comentarios individuales, se custodiaban en un baúl que conservaron sus hijos a la muerte del artista y conforman un impresionante relato gráfico de aquella experiencia. En el titulado El sermón de la playa, escribió: “El campo era una playa desierta, solo arena; kilómetros y kilómetros más allá de las alambradas, sin ninguna raíz… arena y solo arena. Tenía tiempo para pensar y poca costumbre de hacerlo. El lápiz pensó por mí”.

 

Museo Lázaro Galdiano, hasta el 7 de noviembre de 2021. Más información, aquí.

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Carlos García Santa Cecilia (Madrid, 1957) es doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como redactor y ha sido subjefe de la Sección de Cultura de El País (de 1982 a 1990), ha sido redactor jefe del Área de Cultura de Diario 16 y escribió una sección diaria durante un año en El Mundo (1998). Actualmente colabora con Abc Cultural, entre otras publicaciones. Impartió clases de historia del Periodismo durante cinco años en la Universidad San Pablo-CEU, es autor de una decena de libros y ha comisariado varias exposiciones, entre ellas 'Joyce en España' y 'Corresponsales extranjeros en la Guerra Civil española'. Ha sido director de Comunicación de ‘Madrid, Capital Europea de la Cultura, 1992’ y de la Biblioteca Nacional. En la actualidad es responsable de la editorial del grupo, 'Los libros de fronterad', y coordina varios proyectos como las jornadas anuales que dedica Ámbito Cultural de El Corte Inglés al Hotel Florida.   El mundo de los libros impresos y el de las bibliotecas (entendidas como grandes centros dinámicos depositarios del saber) se diluye ante el empuje de las nuevas tecnologías, como se derrumbaron en la Edad Media los scriptoria de los monasterios con la expansión de la imprenta. Tal vez a uno de esos desnortados monjes se le ocurrió recoger la pulsión de la atmósfera plácida, culta y decadente que había conocido con el ánimo del ángel psicopompo. Y hablar De libros raros, perdidos y olvidados.

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