Atracón de pantallas por el precio de un bocadillo

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En una sociedad ultracapitalista como la estadounidense, la estimulación visual del consumidor es básica para atraer nuevos dólares, pero cuando a esto le sumamos la obsesión asiática por la tecnología obtenemos un verdadero atracón de pantallas, como en la bocatería Vietnamita que he probado hoy en Irving st. 

 

Restaurante Vietnamita en Irving St

 

Al entrar no sabía si había acertado con la dirección o me encontraba más bien en una tienda Samsung donde experimentaban con una nueva estrategia comercial. El festín de pantallas, unido a una cantidad obscena de carteles, rótulos y luces me ha dejado al borde de la epilepsia por unos instantes. Y yo que había entrado atraído por la simple promesa de un bocadillo vietnamita (nunca había pensado en discutir la universalidad del concepto “bocadillo”) a 2,99 $, gloria para los bolsillos de un estudiante en Estados Unidos que ve cómo el euro se hace cada día más pequeño. 

 

Al preguntar al dependiente por tal declaración de amor por las pantallas no ha sabido muy bien qué contestarme, o más bien no ha entendido la razón de mi asombro. Apenas ha logrado mascullar un “looks good” antes de refugiarse de mis preguntas impertinentes en la cocina. Por más que lo he pensado he sido incapaz de encontrar una explicación lógica. Quizás la respuesta esté precisamente en la irracionalidad de nuestro amor fou por la tecnología. Una devoción que nos lleva a comprar (me incluyo) Ipads, Smartphones y demás pantallas con tal de tener un lugar donde posar la mirada. Un lugar que capta nuestra atención pero que a la vez la desvía inexorablemente de cuestiones terrenales como el simple contacto humano. Al salir he lanzado un “goodbye” de cortesía, pero la única respuesta que he obtenido ha sido el audio de la película que tenía absorbido al dependiente. El bocadillo, al menos, estaba de cojones. 

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Enrique Fibla es licenciado en Comunicación Audiovisual por la UAB y alumno reincidente de La Casa del Cine de Barcelona. Actualmente vive en San Francisco, donde cursa un Máster en Estudios de Cine en la San Francisco State University, trabaja en un proyecto de investigación sobre teorías narrativas y habla mucho inglés.