sábado, agosto 13, 2022
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Por los pelos

Al llegar a casa, me miré en el espejo. No había dejado el flequillo tan bien como de costumbre. Se había quedado un poco asimétrico. Pero es mejor estar mal peinado que muerto.

De paseo

Nunca he paseado tanto, ni tan rápido. La pandemia me empuja al sedentarismo, me entrampa, y yo me rebelo. Ya no sé cómo huir, o cómo sentir que huyo. Invento rutas, recorro las calles a la desesperada, alargo las zancadas con el espíritu de un galgo desatado. Nunca había concebido tan claramente el paseo como una lucha contra la locura. Camino tanto que a veces sumo casi tantos pasos como un jubilado.

Entre las piernas

La voluntad no es todo, pero tampoco es poca cosa. Conviene vivir abierto al despiste, arriesgar a que te hagan un túnel. Porque, de vez en cuando, surgen placeres sencillos en nuestra rutina, como descubrir que se ha terminado la mantequilla que no te gustaba y que puedes empezar la que sí, la de lata. Entonces toca asentir ante la buena suerte: queda fatal no reconocerle esos detalles al destino.

Innovaciones de siempre

Estoy en la presentación de una novela que no he leído. Al salir decidiré si la compro o no. Casi todos miran sus móviles antes de empezar; me fijo en los que no lo hacen: un hombre que escribe en una libreta, un conocido poeta que está de brazos cruzados. Mirar a la gente, y no a la pantalla, me convierte en alguien sospechoso.

Meteorito político

Se afilió al partido en primero de carrera. Decía que su intención era, sobre todo, pasarlo bien, aunque en su interior bullían grandes pretensiones. Organizó concursos de paellas, charlas con caña posterior, y asistió a congresos por todo el territorio nacional, durante los que disfrutó de las mejores fiestas de su vida. Al principio, el partido vendía más diversión que política, para atraer a los jóvenes.

Al fresco

Un patio es su mosaico de chinos, sus paredes encaladas y cargadas de macetas, el rumor de una fuente y un clima único, un frescor eterno. Un patio no es una pieza cualquiera de la casa, sino la protagonista. Es el mejor lugar para pasar la mañana, la tarde o la noche. Soporta ruido y silencio, vino y café. Es calma y jolgorio, desollón en la rodilla y agua en la herida, gazpacho y ropa tendida. Unos amigos tienen uno en su casa: son los únicos a los que nunca les reprocharía no tener un barco. La ingratitud es chabacana.

Se llamaba Piedad

La vi tan animada que estuve a punto de preguntarle si tenía algún muerto por el que pudiera compadecerme yo. Pero al final solo me salió pedirle que me recordara su nombre: se llamaba Piedad.