viernes, enero 24, 2020
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Pasamonte

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Mi primer manuscrito fue un éxito: al utilizarlo para apoyar la pantalla del ordenador, le aportó un aire funcionarial a mi escritorio, lo que interpreté como una revelación. Fue entonces cuando, por primera vez, decidí centrarme en algo que no revistiera inutilidad; aun así, de vez en cuando me despisto.

Recurso de apelación

Tirado en la calle, sangrando como en San Martín, mi jefe tiritaba. Me acerqué a él y lo sostuve mientras llegaba la ambulancia, y en su mirada solo vi miedo. Entonces supe que no iba a poder darme el gusto de sorprenderlo, de despedirme. Poco después llegaron los servicios sanitarios, que lo recogieron muerto y hasta arriba de marisco.

¡Sanitario!

En su libertad, opta cada día por sentarse a mi lado. Es rubia y delgada, y sus movimientos son delicados. Es zurda, y al escribir parece que envuelve los folios con su brazo. Estudia Enfermería. Lo sé porque, disimuladamente, me fijo en sus apuntes. Supongo que me ha elegido a mí porque casi no me muevo al estudiar, pero a saber. En cualquier caso, yo estoy encantado.

Mala memoria

Tras presenciar el vuelo de una silla desde un segundo piso hasta el capó de un coche, una vecina llamó a la policía. Al llegar, los agentes se encontraron con la puerta del piso abierta, con una entrada decorada con señales de tráfico robadas y con trece personas: doce estudiantes españoles y un joven albanés.

Mismo final de año

Llego a casa y B. está a mil kilómetros. Me fumo un cigarro en la cocina y le escribo. Decidimos no separarnos la próxima Navidad; repartiremos nuestro tiempo lo mejor que podamos. Apago el cigarro minuciosamente, con un recién nacido temor a un incendio. Y, finalmente, me desplomo en la cama y me duermo. Sin llegar a tener la sensación de estar durmiéndome. Otro año.

Muertos de risa

Rompimos con toda la solemnidad de una calavera advirtiéndonos de las consecuencias de nuestros actos, y ahora todo tiene mucho más sentido.

Lo público

El sistema no es infalible, y esto es lo más divertido. A veces, algún desaprensivo se atreve a preguntar si la mesa está ocupada, o se sienta directamente apartando los papeles. ¡Han asaltado su cortijo! ¡Han perturbado su rutina! Entonces empiezan a resoplar, a lanzar miradas amenazantes a los ciudadanos libres e incluso a chistar. Y a mí me entra la risa al verlos tan superados por el caos.

La diferencia

No soy ningún mafioso italoamericano, sino un individuo sin importancia colectiva que mantuvo la misma rutina durante el puente que durante la semana. Continué caminando y no pasó nada.

Cuento penal

Su jefe se había reído de él hasta el final: según el informe del forense, antes de recibir el disparo, había sufrido un infarto. Es decir, había matado a un muerto, lo cual constituye un delito imposible. La policía perdió el interés; el caso estaba cerrado. Y él descartó el suicidio por su falta de pericia.

Arrebato peliculero

Me lanzo a la calle con mi paraguas minúsculo, buscando soportales bajo los que cobijarme. Y me entra la risa. Podría haberme extendido, podría haberle comentado al tipo mi situación profesional. Pero para qué. ¿Para qué decirle que acababa de recoger mi certificado de baja en el Colegio de Abogados?

Viva el desayuno

Epitafio de una vida plena: «Siempre desayunó de maravilla». Se puede morir uno tranquilo con esa certeza. Un buen desayuno da por bueno un...