sábado, octubre 31, 2020
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Pasamonte

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«Últimamente tengo la sensación de que llego al final, cuando lo mejor ha acabado», le dijo Tony Soprano a su psiquiatra, y asentí.

Entre las piernas

La voluntad no es todo, pero tampoco es poca cosa. Conviene vivir abierto al despiste, arriesgar a que te hagan un túnel. Porque, de vez en cuando, surgen placeres sencillos en nuestra rutina, como descubrir que se ha terminado la mantequilla que no te gustaba y que puedes empezar la que sí, la de lata. Entonces toca asentir ante la buena suerte: queda fatal no reconocerle esos detalles al destino.

Innovaciones de siempre

Estoy en la presentación de una novela que no he leído. Al salir decidiré si la compro o no. Casi todos miran sus móviles antes de empezar; me fijo en los que no lo hacen: un hombre que escribe en una libreta, un conocido poeta que está de brazos cruzados. Mirar a la gente, y no a la pantalla, me convierte en alguien sospechoso.

Meteorito político

Se afilió al partido en primero de carrera. Decía que su intención era, sobre todo, pasarlo bien, aunque en su interior bullían grandes pretensiones. Organizó concursos de paellas, charlas con caña posterior, y asistió a congresos por todo el territorio nacional, durante los que disfrutó de las mejores fiestas de su vida. Al principio, el partido vendía más diversión que política, para atraer a los jóvenes.

Al fresco

Un patio es su mosaico de chinos, sus paredes encaladas y cargadas de macetas, el rumor de una fuente y un clima único, un frescor eterno. Un patio no es una pieza cualquiera de la casa, sino la protagonista. Es el mejor lugar para pasar la mañana, la tarde o la noche. Soporta ruido y silencio, vino y café. Es calma y jolgorio, desollón en la rodilla y agua en la herida, gazpacho y ropa tendida. Unos amigos tienen uno en su casa: son los únicos a los que nunca les reprocharía no tener un barco. La ingratitud es chabacana.

Se llamaba Piedad

La vi tan animada que estuve a punto de preguntarle si tenía algún muerto por el que pudiera compadecerme yo. Pero al final solo me salió pedirle que me recordara su nombre: se llamaba Piedad.

La Córdoba abandonada

Los cines abandonados son los que más me duelen. Cuando paso frente a uno, agacho la cabeza; siento que me chistan, que me piden explicaciones. Es terrible pensar que las salas en las que un día titubeamos, rozándonos los meñiques antes de besarnos, ahora están cubiertas de polvo y repletas de ratas. ¿Nos despertaremos alguna vez de esta pesadilla?

Sin pasarse

Tampoco hay que pasarse con eso de que la felicidad está en el camino y no en el destino. Y menos ahora, que estamos en mitad de una pandemia, por el amor de Dios.

Se dejaba vivir

Cuando alguien dice que el plato que le han servido se deja comer, lo que impide que esté sencillamente bueno no es el sabor, sino su actitud. Es decir, la tendencia al desdén no tiene nada que ver con el nivel de exigencia al juzgar, sino con la falta de ganas de hacer de esta vida un lugar menos insoportable. Porque, sin duda, es posible señalar defectos sin necesidad de ponerlo todo perdido de abulia. A veces no falta sal, sino un poquito de voluntad.

El multiusos

Un día podría sustituir a la presidenta del Congreso, para evidenciar que no tiene ningún sentido intentar sacarle partido a las sesiones parlamentarias, para evidenciar con su mirada que está ante una generación perdida. Mientras no se drogasen ni se peleasen, dejaría que los diputados hicieran lo que quisiesen. Y, de vez en cuando, gritaría: «¿Esto es la clase política? ¡Esto es una verdulería! ¡Botarates!»

Empezar de cero

Saber empezar de cero es tan importante como saber resistir. La amargura y la mala hostia pudren la vida propia e incluso la ajena, así que es fundamental identificar el momento en el que toca ponerse manos a la obra. Porque ninguna cosecha sale buena sembrando bilis, y es insoportable vivir haciendo de tripas corazón. Además, empezar de cero puede ser entretenidísimo; de hecho, a veces constituye un lujo.