sábado, agosto 15, 2020
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Anunciata Bremón

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Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.

Nuestros encierros (IV)

No sólo parece que lo del encierro va aflojando, que también, es que la perspectiva se abre a medida que desescalamos, una palabra que de golpe hemos aprendido todos. Ya hasta pensamos tímidamente en el verano.  De pronto he caído en la cuenta de que muchos días no lloro, una buena noticia según se mire, porque quedamos en que la lágrima era buena para la salud mental y emocional, y además deja el lágrimal limpio coma os corales do mundo. Pero las palabras siguen ahí, dando tropezones...

Nuestros encierros (III)

Echo de menos... el contacto y la compañía humana, el no poder quedar para un café una comida o una cena y reirnos mucho; el ver una película acompañada, charlar ¡ir de compras! (para apoyar a las pequeñas empresas…);  comprarme una guitarra;  salir de Madrid a ver si ya hay amapolas en el campo; comprar un cazo/sartén que me hace mucha falta;  ir sin miedo a una sala de cine de verdad; pasear el Prado sin tráfico otro domingo, y ver cómo los patinadores hacen cabriolas; pasear por el Retiro, o por el Botánico cualquier día, y presentar mis respetos a los árboles; recuperar los conciertos perdidos; recoger libros que llevé a encuadernar hace meses...

Nuestros encierros (II)

Todos los confinados tenemos problemas, los que vivimos solos quizás los nuestros particulares. Las dudas, la necesidad de hablar y reunirse no se llevan bien con la cantidad de tareas pendientes que podríamos acometer. Hay quienes se vuelven activistas, hay quienes oscilamos entre los "deberes" y el dar vueltas a la cabeza.

Nuestros encierros (I)

El encierro del coronavirus ha cambiado los sonidos de la casa; por el silencio, o por otros nuevos. Los de la ciudad, a lo lejos, o justo al lado, donde ya los niños no juegan pero los pájaros no paran. A las ocho en punto hay un nuevo ruido: el aplauso, y las paredes trasmiten los ruidos más abundantes de los encerrados.

Si fuera capaz de poder explicarlo…

El poder invade, coloniza, amedrenta, aburre, enfada…al menos a mí. Hablo de un verbo. Prolifera en los discursos, noticias, opiniones. Lo colocan personas de todos los niveles culturales. Me temo que está aquí para quedarse, y eso equivale a decir: está aquí para oscurecer. También nos invade el verbo omnipresente provocar. Y la vida está llena de misterios, la mayoría se manifiestan a través de la informática.

Ese año que se ha ido

La lengua es nuestro patrimonio moral, por eso debemos serle fieles. El mal uso de anglicismos y "falsos amigos" está muy extendido, entre el pueblo llano y entre politicos y periodistas. Discriminar por distinguir, atender por asistir, el inexistente "preveer"...

La palabra y sus corsés

En uno de los debates de las últimas elecciones, ví que los candidatos rehuían la confrontación de ideas con el representante de Vox. Sus asesores les dirían, seguro: son unos bárbaros, el mejor desprecio es no hacer aprecio. O bien: hay que hacer como que no están. Pero están, vaya si están, y votados por compatriotas nuestros que tendrán sus razones para hacerlo, no por monstruos extraterrestres. Nadie se atrevió a elevar el tono del discurso político yendo al corazón de las cosas que hay que decir, con palabras sin corsé y sin miedo, con razones. Era como si sufrieran un encantamiento.

Banderas y garrotazos; geografía e historia

En tiempos de banderías, recuerdo al Dylan que cantó su encuentro con el patriota que la enarbola como amenaza. Ferlosio distingue entre el patriotismo que remite al ámbito sensible de la geografía y aborrece el que lleva a la historia. El hablante español del castellano ha perdido el oído para el habla popular. Cuando la quiere usar, se equivoca.

Montaigne y Gracián, a la greña

Montaigne ensalza la palabra como vehículo del pensamiento, mientras Gracián la equipara al ornato y contrapone a las obras, lo femenino frente a lo masculino. El hablante español tiene la mala costumbre de colocar el verbo poder en multitud de frases en las que sobra.

Regresando al rencor

Leo a veces artículos de un escritor, consagrado y bendecido por el público, las editoriales y la prensa, que siempre me sorprende por el encono que manifiesta contra Valle-Inclán, encono que siempre contrapone a su renovado afecto y admiración por la persona y la obra de Pérez Galdós. Es decir, que para bendecir a Galdós tiene que maldecir al otro.