domingo, mayo 31, 2020
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Bosco Esteruelas

Bosco Esteruelas
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Bosco Esteruelas es periodista y escritor. Ha trabajado en El País como editorialista y corresponsal en Tokio y Bruselas, y antes en la agencia Efe en las delegaciones de Roma, Washington y Londres. Ha sido también portavoz de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y de la Comisión Europea. Ha publicado tres novelas, "El reencuentro" (2011), "Todo empezó con Obdulio" (2012) y "Retorno a Zumaia" (2014), y una colección de relatos titulada "La chica de Tsukiji" (2014)   En esta bitácora quiero observar e interpretar la realidad política y social desde fuera de la jungla urbana

Corrida de beneficencia (15)

No hay nada ni nadie que me detenga, pese al ruido grave que viene de los disturbios raciales en Estados Unidos. Las irresponsabilidades, las temeridades de ese mal sueño real llamado Donald se pagan. Así que, por tanto, en esta tarde sabatina en la que aún no ha aparecido en pantalla por vez primera mi gobernante no me queda otra que proseguir el relato sin saber cómo acabarlo. ¿En mí está el poder de que termine bien o mal? Lo dudo, pese a lo que en más de una ocasión comenta McFarlane, desde su cómoda poltrona de gabinete psicoanalítico de Jamaica. A todas horas martiriza con sus sentencias, no siempre acertadas.

Corrida de beneficencia (14)

¿La renta mínima vital que acaba de aprobar el Gobierno será una cataplasma, una tirita, una paguita de nescafé, como critican algunos de sus detractores o por el contrario es una medida histórica que beneficiará a 850.000 familias, lo que equivale a cerca de dos millones y medio de personas en riesgo de exclusión social? ¿Quién se puede oponer en principio a esa medida? La ciudadanía la respalda ampliamente según las encuestas y hasta las fuerzas políticas conservadoras han moderado ahora su discurso.

Corrida de beneficencia (13)

Triste jornada nipón-española. A la calle 3.000 trabajadores de la fábrica de Nissan en Barcelona, cifra que puede llegar hasta 20.000 despidos indirectos. Ahora sí que comienza el macabro baile postpandémico. Los ERTE se convertirán en ERES y estos en pérdidas de puesto de trabajo cuando las empresas ajusten sus plantillas debido a la crisis. Las compañías no tienen alma. Ya lo dijo Rodrigo Rato con gran cinismo: "Es el mercado, amigo". Hacen números y elaboran estrategias. El otoño se avecina algo más que caliente, porque el regalo de la Unión Europea (140.000 millones de euros, más de la mitad en ayuda no reembolsable) tardará bastante en llegar y está aún pendiente de la aprobación de los Veintisiete, amén que incluirá mucha letra pequeña. Los hombres de negro con sus maletines regresarán, aunque esta vez vestidos de gris y con guantes blancos. Pero exigirán.

Corrida de beneficencia (12)

Este año suponía que iba a marcar en mi vida, un antes y un después. El antes lo tenía claro pero el después, en cambio, no sé ahora dónde está. No lo veo por ninguna parte. ¿Y si fuera autista y no me hubiera dado cuenta hasta que llegó el bicho asesino? ¿Y si la locura estuviera en quienes me gobiernan o los que se oponen a ellos y no en mí, como alguna vez he sospechado? Ser diferente, sentirme a millones de años luz de los que me gritan, me dicen, me ordenan y me mienten, a sabiendas de que lo hacen hasta el extremo de considerarme tonto, no significa que lo sea más que ellos. Si no fuera porque de algún modo mi libertad completa es una quimera querría desintegrarme o levitar para ascender a los Cielos.

Corrida de beneficencia (11)

Leo que en Zaragoza, mi ciudad natal, se han puesto en marcha los divorcios on line. Aproximadamente en diez minutos un@ sale del juzgado o de la notaría dejando atrás una convivencia que no funcionó por lo que sea. Se bate así la marca de rapidez para contraer matrimonio o para descasarse que tiene la lúdica Las Vegas. Tomemos nota en estos tiempos de inseguridad, de incertidumbre y de oscuridad que nos ha dejado el bicho asesino.

Corrida de beneficencia (10)

Los muertos aparecen y desaparecen como si fueran motas de polvo. Es ridículo y hasta hilarante cuando las autoridades sanitarias me intentan explicar que es debido a un nuevo método de cálculo. Un buen día Cataluña comunica más de medio millar de fallecidos de una tacada y otro el Gobierno central reduce en casi dos millares la cifra total. Forma parte de esta realidad irreal, en ocasiones surrealista, en la que vivo desde hace dos meses y medio.

Corrida de beneficencia (9)

Corremos tanto en la desescalada asimétrica, como gusta de explicarme mi gobernante, que peligro quedarme rezagado y que las demás hormigas humanas se reían de mí y no me esperen. Algo así como cuando era niño y un compañero de preparatoria ínfima me quitaba el estuche con los lápices de colores que mi madre me había comprado el día anterior en Papelería Abadía, una tienda céntrica de Zaragoza, cuya dueña jamás vi alterarse por el impaciente remolino de peticiones de la clientela. Obviamente no había calculadoras, pero la buena señora sumaba los importes con exactitud hasta de decimales.

Corrida de beneficencia (8)

Mi gobernante me acaba de anunciar que a partir del 8 de junio el pelotón volverá a rodar y que el 1 de julio próximo abrirá de par en par la piel de toro para que guiris y nacionales disfruten de nuestra tierra y nosotros, si tenemos dinero, claro, la de los demás. Mientras me lo explicaba por la tele, agotado él y agotado yo, repitiendo con crecientes canas y una anticuada corbata de rayas más de medio centenar de veces la locución "en consecuencia", desde las terrazas de mi edificio los vecinos, cacerola en mano, jaleaban a los centenares de manifestantes que circulaban en coche o moto a lo largo del paseo marítimo de mi ciudad accidental ondeando la rojigualda. Otros insectos se movían ajenos a todo por la arena de la playa.

Corrida de beneficencia (7)

Al salir de casa por una puerta enrejada que aboca al paseo marítimo de mi ciudad accidental estuve esta mañana a punto de ser arrollado por un cretino montado sobre dos ruedas. Ni se excusó. La suerte, el destino o un ángel me salvaron de terminar hospitalizado. Adiós a la escritura. Adiós al mar. Adiós a un ánimo rejuvenecido. Yo, a diferencia de McFarlane, mi psicoanalista jamaicano, sí creo en la casualidad siempre y cuando uno no la busque de modo obsesivo, porque entonces todo se estropea.

Corrida de beneficencia (6)

No por repetirlo cien veces es más cierto. Con una me basta. Pero siempre se me olvida. La felicidad, al menos la mía, está en el placer de las pequeñas cosas, como, por ejemplo, disfrutar de un alegre almuerzo frente al mar en mi ciudad accidental con dos buenos amigos, un hombre y una mujer. Ha sido un reencuentro con la normalidad, pero con la maldita mascarilla. Hasta hemos brindado por estar vivos pese a todo.