lunes, diciembre 6, 2021
Autores Publicaciones por Bosco Esteruelas

Bosco Esteruelas

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Bosco Esteruelas es periodista y escritor. Ha trabajado en El País como editorialista y corresponsal en Tokio y Bruselas, y antes en la agencia Efe en las delegaciones de Roma, Washington y Londres. Ha sido también portavoz de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y de la Comisión Europea. Ha publicado cuatro novelas, "El reencuentro" (2011), "Todo empezó con Obdulio" (2012), "Retorno a Zumaia" (2014 y "Gracias, asesino" (2020), y una colección de relatos titulada "La chica de Tsukiji" (2014)   En esta bitácora quiero observar e interpretar la realidad política y social desde fuera de la jungla urbana

Tiempos de Nobel

Siempre me pregunto (y no pocos pensarán que es una estupidez) cómo pasa las horas previas a la entrega del Nobel de Literatura un escritor que está entre los firmes candidatos. Bien es cierto que dadas las peculiaridades que caracterizan a los componentes de la Academia Sueca, basta con que suene un nombre para que ellos concedan el galardón a un desconocido del que nadie ha oído hablar antes. Lo del Nobel es como ser ministrable en España o estar en la lista de preseleccionables de Luis Enrique. Cuanto más anónimo sea, más posibilidades tiene.

Monstruos

Andaba yo hace siete años en el estreno de mi aventura en la literatura y pergeñando otra novelita sobre el terrorismo cuando un amigo me llamó por teléfono y me dijo sin preámbulos: “Pon la tele. ETA está anunciando el fin de la violencia”. Le hice caso. Allí estaban tres encapuchados diciéndome que después de más de cuatro décadas de sangre habían decidido deponer las armas. El reconocimiento de Euskal Herría y el respeto a la voluntad popular deben prevalecer sobre la imposición, declaraba uno de ellos con gran cinismo sin ni siquiera pedir perdón por las más de 800 muertes que había causado su locura.

AMM

Creo que he leído casi toda la obra literaria de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956). Es un poco más joven que yo, pero siempre me identifico con sus vivencias, sus emociones y su recorrido fuera del país. Forma parte de mi generación. De AMM me gustan muchas cosas, entre otras, su elegancia con la pluma, su sinceridad cuando habla de sus humildes raíces familiares y su posterior cosmopolitismo neoyorquino. Sin embargo, me gusta menos cuando en los últimos tiempos se ha sumado a manifiestos groseramente partidistas. Un escritor, un intelectual, pienso que debe ser crítico, denunciar lo que haya que denunciar, pero no enfundarse con la bandera de un partido político.

Siempre contigo

En medio de los estertores de la canícula, del incendio intencionado en un paraje cerca de mi ciudad accidental y del berrido político y social que siempre me acompaña por desgracia, uno mira con envidia la despedida con honores de jefe de Estado de Jean-Paul Belmondo en la explanada de Los Inválidos, el panteón donde está sepultado Napoléon y otros personajes ilustres de Francia. Allí, en ese espacio tan amplio, el féretro cubierto con la bandera nacional, es porteado por soldados republicanos con uniforme de gala ante la mirada del presidente Macron y su esposa mientras una orquesta militar interpreta la banda musical de uno de sus filmes, El profesional, del desaparecido compositor Ennio Morricone. Las imágenes muestran los aplausos y las lágrimas de la gente que asiste al acto. Impactan.

Escribir largo

Cuando termine el calor en mi ciudad accidental y baje el termómetro me vendrá la añoranza y cuando los días se hagan más cortos desearé de nuevo regresar al verano. La insatisfacción permanente. Esa es mi contradicción, la mía y quizás la de muchos como yo. Pocas veces recurro a las redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter. Salgo aturdido cuando lo hago. Hay que estar en ellas, aseguran quienes de esto saben. Pues bien, yo de eso cada vez sé menos, además de considerar que mucho de lo que allí se vierte es ante todo un ejercicio egocéntrico para que los demás sepan que sé de todo: del virus, de la factura de la luz, del independentismo catalán, de Luis Enrique, de Afganistán y hasta de los rumores de que Bertoglio se plantea imitar a su antecesor y dejar el papado. Lo ha desmentido, lo cual no significa que ni siquiera lo haya pensado. Lo privado, lo íntimo se queda en la cabeza de cada uno.

El conflicto del pasado

Examinar el pasado no es sencillo y menos si el escrutinio aborda la familia. Al menos para mí. Requiere cierta valentía, sinceridad y objetividad. Pero el examen está lleno de trampas, de falsificaciones, manipulaciones y justificaciones. Para qué revisar lo que ya sucedió y no volverá, se pregunta no poca gente. Yo, sin embargo, soy de los que piensan que siempre es buena y necesaria la revisión.

Retorno a la casilla inicial

Es difícil abstraerse de la tragedia afgana. En apenas diez días se ha disuelto como un azucarillo en el café un plan de reconstrucción del país centroasiático de veinte años, que le costó a Estados Unidos un billón de dólares sin contar con el apoyo de la Unión Europea y de la OTAN, que causó más de dos mil militares estadounidenses muertos, un millar procedente de los países aliados, entre ellos un centenar de españoles y más de cien mil afganos. En resumen, una catástrofe que deja en evidencia el liderazgo de la primera potencia mundial y de su presidente, Joe Biden, y manifiesta por si fuera necesario recordar la debilidad y la falta de unidad de la UE en momentos de crisis mundiales.

Maldita próstata

El desarrollo de un cáncer de próstata tiene tres niveles ligados al movimiento de un animal. El de caracol es lento y por tanto muy controlable; el de tortuga puede ser más inquietante pero a veces no requiere cirugía. Y por último, el de conejo. ¡Ay, amigo, ese corre tanto que ya no lo detiene nadie!

Ana Iris Simón

Hace unos días leí la primera novela de una joven escritora manchega, Ana Iris Simón, Feria, que va camino de convertirse en el gran éxito editorial del verano al igual que le ocurrió hace un año a la aragonesa Irene Vallejo con El infinito en un junco. Su nombre está en boca de todos. Compré el libro, que no es propiamente una novela sino una obra de autoficción, tan de moda el género hoy en día, para tratar de descubrir el motivo de tantas ventas. Confieso que no sé bien la causa, pero, claro, yo no soy un crítico literario sino simplemente un gran aficionado a la lectura. Tampoco entendí el bombazo del libro de Irene Vallejo en su momento.

Materia de reflexión

Thomas Bernhard fue un prolífico e intenso escritor austriaco, fallecido hace ahora tres décadas, que me impresiona por su densidad y capacidad para describir asuntos que nos competen como son las obsesiones, los temores, la deshumanización y en definitiva la soledad, ese mal para el que no hay vacuna que valga. Yo apenas he leído dos de sus obras, Corrección (1975, Alianza) y Hormigón (1982, Alianza), publicada en España siete años después de su muerte, cuando tenía sólo 58 años.