miércoles, mayo 18, 2022
Autores Publicaciones por Bosco Esteruelas

Bosco Esteruelas

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Bosco Esteruelas es periodista y escritor. Ha trabajado en El País como editorialista y corresponsal en Tokio y Bruselas, y antes en la agencia Efe en las delegaciones de Roma, Washington y Londres. Ha sido también portavoz de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y de la Comisión Europea. Ha publicado cuatro novelas, "El reencuentro" (2011), "Todo empezó con Obdulio" (2012), "Retorno a Zumaia" (2014 y "Gracias, asesino" (2020), y una colección de relatos titulada "La chica de Tsukiji" (2014)   En esta bitácora quiero observar e interpretar la realidad política y social desde fuera de la jungla urbana

Querida ministra

Querida Margarita: No nos conocemos. ¿Puedo tutearte? Para mí eras hasta hoy lo poco salvable de este gobierno de coalición liderado por un político que...

Psicoanalizando a Putin

Anteanoche tuve un sueño que como todos los sueños no pude terminar. Resulta que yo era psicoanalista y por razones que ignoro Vladímir Putin, el hombre más odiado en Occidente, se presentó en mi consulta solo y sin guardaespaldas alguno para ser psicoanalizado. Dios santo, exclamé para mis adentros al verlo vestido con uniforme de campaña pero sin arma. Le pregunté en qué podía ayudarle. Me respondió en perfecto inglés que se sentía incomprendido por su “operación miliar especial” en Ucrania e injustamente tratado. Pero sus soldados han cometido fechorías, asesinando brutalmente a civiles, le interrumpí. No faltan episodios en Mariúpol, Bucha, Borodianka y tantos más. Pensé que después de decir eso acabaría conmigo o alguno de sus gorilas derribaría la puerta del piso y me cortaría la yugular con un cuchillo afilado de matarife.

La bofetada

No me resisto a hablar de la muy cinematográfica bofetada de Will Smith a uno de los presentadores de la ceremonia de los Oscar, Chris Rock, por hacer un comentario poco afortunado sobre la enfermedad que desde hace dos años padece su esposa: una alopecia extraña. Al principio, cuando vi las imágenes del incidente, pensé que se trataba de uno de esos números preparados que tanto gusta fabricar la industria de Hollywood. Luego comprobé que no hubo truco y que se trataba de algo muy real, lo cual me resulta estúpido y harto difícil de justificar. “El amor te obliga a hacer locuras”, dijo con lágrimas el agresor un rato después, al subir al escenario para recibir el premio de mejor interpretación masculina por su papel del padre de las tenistas Williams.

Reunión en la cárcel

Fue una invitación de Solidarios para el Desarrollo, una ONG que se ocupa de promover la cultura en el mundo carcelario con diversos programas muy acertados, lo que me motivó visitar días atrás la prisión de Soto del Real, famosa porque en ella han estado entre otros Mario Conde, Rodrigo Rato, Guillermo Díaz Ferrán, Sandro Rosell o parte de los condenados y luego indultados por el procés. Todos ellos ya salieron. Pero sí continúan, por ejemplo, Luis Bárcenas u otros que no han alcanzado la dudosa fama de los mencionados. La experiencia resultó muy interesante. Lo de menos fue hablar sobre el poder de los medios de comunicación. Lo mollar estaba en escuchar lo que ellos pensaban de la justicia, la prensa y la sociedad en general. Me supo a poco. El tiempo estaba limitado.

Pasión ucraniana

Aprendemos, aprendo, geografía e historia de Ucrania a marchas forzadas. Un país devastado por la guerra de Vladímir Putin. Nada puede justificar una guerra por mucho que el invasor denuncie la necesidad de construir un espacio de seguridad, que tal vez de manera imprudente Occidente se lo quitó tras la desaparición de la Unión Soviética y el ingreso de los países del antiguo Pacto de Varsovia en la Alianza Atlántica. Pero a mí, personalmente, más allá de la perturbación mental de un criminal de guerra, en palabras del presidente de EEUU, Joe Biden, me golpean las historias humanas que veo y escucho a diario a través de los medios. Esta guerra es la de las imágenes grabadas con un móvil, la de las redes sociales. Noticias no todas sin confirmar desde luego.

¿Y si cambiamos a Putin por un doble?

Me despierto y, como supongo casi todo aquel que tiene un mínimo sentido humano solidario, enciendo consternado la radio, veo la tele y leo la prensa para tratar de entender qué está ocurriendo en Ucrania. Comprender, sin éxito al menos por mi parte, qué pasa por la cabeza de Vladimir Putin en estos momentos: si cree ser el nuevo zar de la Gran Rusia, si sabe exactamente hasta dónde quiere llegar, si actúa con rencor por venganza tras la desaparición de la Unión Soviética por culpa del “traidor Gorbachov”, si es simplemente un criminal y se recrea con esa imagen o si está a punto, en su soledad y desmedido ego, de llamar a su terapeuta de cabecera para llorar en su hombro y confesar que nadie lo entiende, pues en el fondo lo único que anhela es liberar a los hermanos ucranianos de una pandilla de nazis y drogadictos.

Cuestión de tamaño, un cuento como la vida misma

Metodio se miraba al espejo cada día al despertar. Notaba los estragos del tiempo. La edad pesaba, pero la cabeza continuaba funcionando y el reconocimiento profesional lo mantenía con saludos, felicitaciones, presentaciones, artículos firmados y sobre todo un despacho con vistas a la calle con mesa, ordenador y estanterías abarrotadas de libros, que recibía gratuitamente de las editoriales y que apenas les echaba una ojeada.

Escritoras

Una buena amiga mía siempre me recrimina desatender la literatura femenina como si de algún modo considerara inferior la escritura de una literata frente a la de un literato. Como cada vez me cuesta más debatir y desmontar con pruebas lo que resulta inexacto le permito que se sienta convencida de que está en lo cierto. Sin embargo, no lo es. Ahora bien, me digo a mí mismo: a quién le importará si prefiero (es un suponer) en lo que respecta a literatura hispana contemporánea la obra de Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte o Luis Landero a la de Almudena Grandes, Julia Navarro o Irene Vallejo.

Críticas y diarios

Siempre me he preguntado qué sucedería si hubiese un apagón de críticas literarias y cinematográficas, si durante un tiempo el lector o el espectador se guiaran por su propio criterio, por sus gustos e inclinaciones y no recibieran la influencia de alguien supuestamente experto que juzga a veces con prepotencia una obra sin importarle las consecuencias. Que fuese el librero (especie por desgracia en extinción) quien me aconsejara y no la publicidad interesada de los suplementos literarios muchas veces en manos de las propias editoriales. No sé si éstas o las productoras de cine aceptarían con agrado tal circunstancia o lo estimarían como una memez.

Memoria e Historia

En tiempos navideños, afortunadamente pasados, qué mejor que entregarse, como afirmaba Montaigne, a la dulce y laica religión de la lectura. Elegí dos libros, completamente diferentes pero con el nexo común de lo histórico: un volumen de memorias periodísticas y la narración de unos sucesos que ocurrieron en una parroquia malagueña en los años cincuenta con un párroco convertido en una especie de místico jefe de una secta sexual clandestina.