jueves, abril 15, 2021
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Bosco Esteruelas

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Bosco Esteruelas es periodista y escritor. Ha trabajado en El País como editorialista y corresponsal en Tokio y Bruselas, y antes en la agencia Efe en las delegaciones de Roma, Washington y Londres. Ha sido también portavoz de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y de la Comisión Europea. Ha publicado cuatro novelas, "El reencuentro" (2011), "Todo empezó con Obdulio" (2012), "Retorno a Zumaia" (2014 y "Gracias, asesino" (2020), y una colección de relatos titulada "La chica de Tsukiji" (2014)   En esta bitácora quiero observar e interpretar la realidad política y social desde fuera de la jungla urbana

Totum revolutum

Todavía tengo en la memoria y en la retina la toma de posesión de Biden y los cinco minutos de recitado de esa joven afroamericana de nombre Amanda Gorman, quien, por cierto, he leído estuvo haciendo un curso de español en Madrid hace un par de años y se quedó prendada de la poesía de García Lorca. Sentí "envidia cochina" de ella, de su lucidez y sinceridad, de su entusiasmo al gritar que la luz la podemos ver, sobre todo porque está en nosotros. La envidia es uno de los siete pecados capitales que en mi colegio de jesuitas donde estudié -esa orden religiosa que ahora se ha abierto en canal reconociendo haber cometido abusos sexuales- que más despertaba la furia de mis preceptores junto con la lujuria.

¿Pero qué clase de gente nos gobierna?

  Impactado, pero a salvo en mi ciudad accidental, por los efectos de la nevisca causada por Filomena, el frío polar que hace tiritar España,...

Vanos recuerdos

Tardé varios años en descubrir que los Reyes Magos no se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar y que no venían de Oriente sino en realidad de algún lugar mucho más próximo al salón del domicilio familiar. Recuerdo que miraba con descrédito y hasta desprecio a aquellos compañeros del cole que se acercaban a mí durante el recreo para reventar mis ilusiones. Esas que luego a lo largo de la vida fueron poco a poco agujereándose, como lógicamente así debía ser. Quizás allí comenzó a nutrirse mi condición de asocial. El adulto pierde la inocencia de la niñez. Su incorporación de cazador en la sociedad lo requiere. Confieso decirlo a disgusto.

¿Después del Veinte viene necesariamente el Veintiuno?

De un tiempo a esta parte sufro de vértigos y alucinaciones. Quizás por haber abusado de estimulantes y alcohol acudiendo a mi farmobar con gran crítica del psicoanalista, a quien uno de estos días voy a enviar a Marte sin previo aviso y sin billete de retorno. Si le digo que es de día me lleva la contraria y lo retrotrae a mi infancia. De momento todo está controlado. Qué sarcasmo recurrir al verbo controlar cuando el año que concluye me ha demostrado que nada está previsto y que la sociedad en la que vivo es frágil pese a que en menos de diez meses la ciencia ha descubierto una vacuna contra el covid-19.

Mi extraño cuento de Navidad

Estaba más que harto con las últimas fricciones políticas del país. Todo presagiaba que ni siquiera la masiva llegada de millones de unidades de la vacuna iba a serenar el ambiente social de estas "fiestas del afecto", como las había bautizado el cursi del primer ministro, bunkerizado en Moncloa viendo series recomendadas por su segundo en una cuarentena forzada por haber almorzado días atrás con el contagiado jefe del Estado francés.

Final

Kicking Trump out. Echarle a patadas. Eso es lo que parece que han hecho 74 millones de norteamericanos con el voto al apoyar al aspirante demócrata Joe Biden, el mayor apoyo a un presidente en las urnas en la historia de Estados Unidos. Pero no olvidemos que más de 70 millones (siete millones más que en 2016) se decantaron por el todavía inquilino de la Casa Blanca. Concluye así una tragicomedia de espera de cuatro días de recuento para conocer un ganador, lo cual abochorna al país. Y el espectáculo promete tener aún coletazos pues el perdedor no admite por ahora la derrota, sigue hablando de fraude electoral y anuncia demandas en varios Estados a partir de ya mismo.

Entretanto

Infierno o paraíso. El actual inquilino de la Casa Blanca está dispuesto a morir políticamente matando. Tiene la esperanza de que al final la paralización del escrutinio en más de un Estado o el recuento de nuevo en otros le aferre al poder. Aunque su oponente, el demócrata Joe Biden, y sus asesores comienzan a sonreír, nada está aún dicho sobre la conclusión de las elecciones norteamericanas.

Durante

Time to cry. Qué madrugada más penosa. Despertarme a las ocho de la mañana y ver su rostro de satisfacción chulesca amenazando con llevar el caso al Supremo para que detenga el recuento del escrutinio y anunciando que su rival puede estar cometiendo fraude. No por previsible el guión me resultaba menos deprimente. ¿Qué carajo de país es ese llamado Estados Unidos de América, la primera potencia mundial, el imperio americano, que tiene un líder impresentable, matón e ignorante a quien en estas elecciones le han respaldado más de 60 millones de votantes? No llego a comprenderlo. En fin, el voto es soberano y el pueblo es sabio. Y yo cada día me siento más estúpido y más perplejo por lo que sucede en este mundo.

Antes

Time to go. Ha llegado el momento de que se marche. Por el bien de Estados Unidos y del mundo en general. Y hasta de mí mismo, que soy una hormiga humana y no estoy en ningún sanedrín del poder. Voy a tratar de evitar el nombre del 45º presidente de Estados Unidos en este artículo. Denigra a la primera potencia democrática mundial y resulta inconcebible que este millonario de la construcción y de la telerrealidad haya podido llegar a la Casa Blanca, haya estado contra viento y marea cuatro años en ella y aspire en las próximas horas a renovar su mandato. Dios o la Providencia no lo quieran.

Las consecuencias (y 11)

Jornada de puertas abiertas. Primer día de la nueva normalidad o mejor dicho, de la nueva anormalidad, mañana de terror y susto ante lo que vieron mis ojos cuando abrí la puerta de la cocina para averiguar de dónde procedía la escandalera. El panorama era como el de una habitación que estuviese siendo gestionada por un humano de corta edad: un par de sillas volcadas, la radio encendida, la puerta de la nevera abierta y por el suelo rodando plátanos, melocotones, cerezas, rodajas de melón y un cartón de zumo de naranja tumbado y con el líquido pringando las baldosas. En la mesa, un cartel de medio tamaño escrito en mayúsculas y creo que en inglés.