sábado, diciembre 5, 2020
De libros raros, perdidos y olvidados   el blog de Carlos G. Santa Cecilia
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Carlos G. Santa Cecilia

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Carlos García Santa Cecilia (Madrid, 1957) es doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como redactor y ha sido subjefe de la Sección de Cultura de El País (de 1982 a 1990), ha sido redactor jefe del Área de Cultura de Diario 16 y escribió una sección diaria durante un año en El Mundo (1998). Actualmente colabora con Abc Cultural, entre otras publicaciones. Impartió clases de historia del Periodismo durante cinco años en la Universidad San Pablo-CEU, es autor de una decena de libros y ha comisariado varias exposiciones, entre ellas 'Joyce en España' y 'Corresponsales extranjeros en la Guerra Civil española'. Ha sido director de Comunicación de ‘Madrid, Capital Europea de la Cultura, 1992’ y de la Biblioteca Nacional. En la actualidad es jefe de la Sección de Publicaciones de la Biblioteca Nacional y responsable de libros y ebooks de fronterad.   El mundo de los libros impresos y el de las bibliotecas (entendidas como grandes centros dinámicos depositarios del saber) se diluye ante el empuje de las nuevas tecnologías, como se derrumbaron en la Edad Media los scriptoria de los monasterios con la expansión de la imprenta. Tal vez a uno de esos desnortados monjes se le ocurrió recoger la pulsión de la atmósfera plácida, culta y decadente que había conocido con el ánimo del ángel psicopompo. Y hablar De libros raros, perdidos y olvidados.

Bálsamos y quemaduras

Diríase que Jorge Camacho (Zafra, 1966) se lanza a la poesía sin red ni andamiajes, trasladando cualquier efecto a los afectos. Su pasión por...

John Reed en la revolución rusa

  El 19 de octubre de 2020 se ha cumplido el centenario de la muerte de John Reed, testigo de la revolución rusa, que nos...

Mafalda contra Franco

  Joaquín Salvador Lavado, Quino, falleció el pasado 30 de septiembre de 2020 en su ciudad natal –Mendoza (Argentina)– a los 88 años. En abril de...

‘Viaje a la Antártida’

La Antártida es el continente más remoto y desconocido de nuestro planeta, un escenario ideal para relatos infantiles y para que los jóvenes desarrollen...

Petrus Apianus y la vanagloria

Hijo de un zapatero –como lo fue también Mercator– y nacido en la localidad sajona de Leisnig en 1495, Peter Bienewitz, que latinizó su nombre como Petrus Apianus, llegó a Viena cuando partía la expedición de Magallanes. Se concentraban en su universidad los más prestigiosos expertos en matemáticas, astronomía, geografía y fabricación de instrumentos, las disciplinas que Apiano –como se le conoce en España– había estudiado en su ciudad natal y en Leipzig. En Viena publicó un mapa, Tipus Orbis Universalis (1520), una variación del planisferio de  Waldssemüller, en el que utilizaba también la leyenda “América”.

Exilios reales

El conde de Romanones, en la estación de El Escorial, el 15 de abril de 1931.   Como el actual rey emérito, Alfonso XIII abandonó España...

Joyce en España. Curiosidades bibliográficas

  La llegada de Joyce a las letras españolas fue tardía pero estruendosa. En los años setenta y sobre todo a partir de las traducciones...

Suspiros de España

La escalada de incertidumbre y pesimismo ante el futuro y el recelo hacia nuestros dirigentes para enfrentar la crisis, crecen a medida que iniciamos la desescalada. Para conjurar los males endémicos que arrastra el país, el tratamiento más adecuado parece diagnosticarlos, analizar su evolución y estudiar las resistencias de nuestro débil sistema inmune.

Perucho y los vampiros

Perucho se convirtió en un fenómeno imparable y sus libros de botánica oculta, de zoología fantástica, sus reivindicaciones del arte pop, sus artículos de personajes estrafalarios, su erudición y su ironía, su atención a la gastronomía y a la alquimia, su constante intertextualidad con personajes y obras literarias de todo tipo, nos descubrieron incluso una nueva forma de leer.

Ingenieros

No corren buenos tiempos para los ingenieros, especialmente los de caminos, canales y puertos, una profesión hasta hace no tanto tiempo considerada la punta de lanza del progreso y hoy sospechosa de romper el equilibrio de nuestro devastado entorno. Una exposición en la Biblioteca Nacional plantea una oportuna e inteligente reflexión sobre las bases en las que se fundamentó la ingeniería civil en nuestro país desde el Renacimiento hasta la fundación de la Escuela y del Cuerpo de Ingenieros a comienzos del siglo XIX.